Cuando una mujer cumple 40 años, parece que un contador invisible se activa sin que nadie lo pida. Es el que marca la presión, a veces sutil, a veces ensordecedora, por ser madre. Lara Álvarez, que acaba de alcanzar esa edad, lo sabe bien y no ha dudado en contarlo en más de una ocasión. Durante una conversación durante una entrevista con Sonsoles Ónega, la presentadora volvió a hablar sin filtros sobre ese ruido constante que rodea a la maternidad: la congelación de óvulos, la posibilidad de ser madre soltera y, sobre todo, el hartazgo ante las expectativas ajenas. “El tiempo perfecto no existe. Cada una tenemos el nuestro”, recordaba con firmeza.
Sus palabras reabren un debate tan incómodo como necesario: ¿por qué seguimos opinando sobre las decisiones reproductivas de las mujeres cuando cumplen 40, como si su vida fuera un asunto público? Para entender el impacto emocional de esta presión social, hablamos con la psicóloga Beatriz Gil Bóveda, CEO y fundadora de Psique Cambio.
¿Por qué piensa que sigue existiendo presión social para que las mujeres sean madres al llegar a los 40?
Creo que porque, aunque socialmente hemos cambiado muchísimo, todavía existe una idea muy profunda de que la maternidad forma parte del camino esperado para una mujer.
A muchas mujeres les ocurre que hasta cierta edad nadie pregunta demasiado, pero cuando se acercan a los 40 la conversación cambia. Aparece la famosa “cuenta atrás” y empiezan a aparecer comentarios sobre el tiempo, la fertilidad o frases aparentemente inocentes que, repetidas muchas veces, terminan haciendo daño.
En consulta vemos que esa presión no suele venir solo de fuera, con el tiempo acaba interiorizándose. Y hay mujeres que empiezan a sentir que tienen que decidir rápido o que llegan tarde, cuando en realidad cada historia tiene circunstancias muy distintas.
¿Qué impacto emocional tiene que la maternidad se convierta en un tema recurrente en la vida de una mujer?
Puede generar mucho cansancio emocional. Porque cuando una pregunta aparece una vez no pasa nada, pero cuando se repite durante años acaba ocupando espacio mental. Hay mujeres que sienten que siempre tienen que posicionarse, explicarse o justificar algo muy íntimo.
Y además hay algo importante: nunca sabemos qué hay detrás. Puede haber un deseo no cumplido, una pérdida, una decisión consciente o simplemente una mujer que no quiere ser madre y está bien con ello.
A veces olvidamos que preguntar también puede remover e incomodar.
Aparece la famosa “cuenta atrás” y empiezan a aparecer comentarios sobre el tiempo, la fertilidad o frases aparentemente inocentes que, repetidas muchas veces, terminan haciendo daño
¿Por qué la sociedad sigue leyendo la vida de una mujer en clave maternal incluso cuando tiene éxito profesional?
Creo que porque durante mucho tiempo el éxito femenino se construyó alrededor de varios “deberías”: pareja, familia, maternidad…
Y aunque hoy vemos mujeres con carreras muy potentes, todavía aparece esa mirada de “sí, pero…”. Sí, tiene éxito, pero no ha sido madre. Como si faltara algo.
Desde la psicología es importante cuestionar eso porque la identidad de una mujer es muchísimo más amplia. Hay mujeres que encuentran sentido en la maternidad y otras que lo encuentran en otros lugares. Ninguna opción debería colocarse por encima de otra.
¿Qué significa realmente “no sentirse preparada” para ser madre desde la psicología?
No sentirse preparada muchas veces no tiene que ver con no querer, sino con reconocer que todavía no existe el espacio emocional o vital para dar ese paso.
En consulta escuchamos mucho frases como: “todavía no estoy preparada”, “necesito más estabilidad” o “siento que aún me estoy construyendo”.
Y eso no habla de egoísmo ni de inmadurez. Al contrario, suele hablar de reflexión y de responsabilidad.
Además, también hay que normalizar algo: la maternidad implica muchos cambios y es lógico que aparezcan dudas. De hecho, pocas personas llegan a ella sintiéndose completamente preparadas.
¿Cómo influye la edad y la cuenta atrás biológica en el bienestar emocional de las mujeres?
Influye bastante porque introduce urgencia. Muchas mujeres viven un conflicto interno entre lo que sienten, el momento en el que están y la sensación de que el tiempo avanza y el reloj biológico corre. Y eso puede generar mucha presión.
En consulta aparecen preguntas muy repetidas: “¿Y si luego me arrepiento?”, “¿Y si espero demasiado?”, “¿Y si no llega?”.
Son preguntas difíciles porque no tienen respuestas simples.
Por eso creo que es importante acompañar esta etapa desde la calma y no desde el miedo. Porque cuando una decisión se vive únicamente desde la prisa suele ser más dolorosa.
¿Qué miedos aparecen cuando una mujer se plantea ser madre en solitario?
Suelen aparecer miedos muy reales y muy humanos. La soledad, la conciliación, la carga económica, el cansancio o la sensación de tener que sostenerlo todo.
Muchas mujeres también expresan algo muy concreto: “¿voy a poder con esto?”. Y detrás de esa pregunta suele haber mucha responsabilidad. Pero también vemos mujeres que llegan a esta decisión después de un proceso muy reflexionado y con redes de apoyo muy construidas.
Creo que poco a poco estamos entendiendo mejor que no existe una única forma correcta de crear una familia.
¿Cómo ha cambiado la percepción social de la maternidad en solitario en los últimos años?
Ha habido una transformación importante. Hace años se hablaba más desde el juicio o la excepción. Hoy se habla mucho más desde la elección.
Hay más visibilidad, más referentes y también más mujeres que sienten que no tienen que renunciar a la maternidad porque no haya aparecido una pareja.
Aun así, siguen existiendo preguntas o prejuicios que todavía pesan. Pero creo que estamos avanzando hacia una mirada más abierta y menos rígida sobre cómo se construyen las familias.
Hay mujeres que encuentran plenitud siendo madres y otras que la encuentran en otros lugares. Y ambas experiencias son válidas
¿Cómo afecta la exposición mediática a la salud mental de una mujer que no es madre?
Puede ser muy difícil porque convierte algo íntimo en algo público. Cuando una mujer conocida no es madre, muchas veces aparecen interpretaciones, titulares o especulaciones sobre una parte de su vida que quizá ni siquiera quiere compartir. Y eso puede ser muy doloroso.
Porque al final no hablamos de un dato biográfico, hablamos de decisiones, deseos, duelos o procesos muy personales. Creo que necesitamos dejar de asumir que una mujer tiene que dar explicaciones sobre su maternidad o sobre su no maternidad, y ser muy respetuosos en este aspecto.
¿Qué mensaje daría a las mujeres que sienten presión por su edad o situación sentimental?
Les diría que se escuchen a ellas mismas. Porque a veces el ruido externo es tan grande que cuesta identificar qué es deseo propio y qué viene de la presión. También les diría algo que veo mucho en consulta: no hay una única manera de construir una vida plena. Hay mujeres que encuentran plenitud siendo madres y otras que la encuentran en otros lugares. Y ambas experiencias son válidas.
La maternidad es una decisión importante, pero no debería convertirse en una medida del valor de una mujer ni de su felicidad.






