A veces, nuestra historia guarda sorpresas que van saliendo a la luz con el paso de los años. Pequeñas señales del destino que te hacen sentir que vas por el camino correcto. Algo así le pasó a Águeda. Hace aproximadamente 12 años, le contó a su madre que acababa de conocer a un chico llamado Alfonso, como su abuelo materno. Sin darse cuenta, estaba repitiendo una historia familiar, pues sus abuelos también llevaban sus mismos nombres. "A mi madre casi le da algo cuando se enteró de la coincidencia", nos cuenta entre risas.
Hoy, su amor se ha convertido en una relación intensa, pero bonita, marcada por la distancia —que los ha llevado a repartirse entre Granada, Jaén, Portugal, Barcelona y Almería— y sus respectivos proyectos profesionales. Aun así, han sabido encontrar la manera de seguir construyendo su historia. Alfonso le pidió matrimonio en una esquinita de la playa de Los Lances, en Tarifa, su lugar favorito del mundo. Y fue en Almería, tierra natal de Águeda, donde terminaron de sellar su historia con un 'sí, quiero' que tuvo lugar en la Basílica de la Virgen del Mar, cumpliendo el sueño de celebrar una boda de verano con sus playas como telón de fondo.
Un vestido que la vinculaba con la ciudad del novio
Eligió a Isabel Hervás como su diseñadora, ya que sintió una conexión especial con ella desde el primer momento. "Siempre me ha fascinado su estilo y cómo trabaja las texturas y los tejidos. Sabía que conseguiría un vestido diferente que sacara lo mejor de mí y sorprendiera", nos cuenta la novia. Aunque al principio no sabía exactamente qué quería, después de probar distintos cortes y revisar cerca de diez propuestas, dieron con el diseño indicado. "Tuvimos tantas pruebas que ya ni me acuerdo, pero disfruté cada una más que la anterior", agrega.
El resultado fue un vestido de aire romántico y sensual que se caracterizaba por un cuerpo entallado, cuello cerrado y manga casquillo, adornado con aplicaciones florales en relieve que descendían hasta la cintura. En esa zona, unos cortes curvos ayudaban a realzar sus formas antes de dar paso a una falda fluida y de gran movimiento, rematada por una larga cola, logrando ese equilibrio entre elegancia y sensualidad que Águeda buscaba desde el primer momento.
Detrás de un proceso tan significativo no faltan las anécdotas que lo hacen todavía más especial. Águeda recuerda con cariño haber contado con su madre y su hermana durante la creación del vestido. Los trayectos a las citas con la diseñadora andaluza se convirtieron también en uno de sus recuerdos favoritos. "Me recogían en la puerta de casa sobre las seis y media de la mañana para ir de Almería a Jaén. Mi hermana aparecía siempre con el coche y la música a todo volumen, poniendo Serà perché ti amo", nos cuenta emocionada. Con el tiempo, aquel ritual se convirtió en casi una tradición.
De la elección de último minuto del velo al ramo de orquídeas inspirado en el de su madre
Si bien el velo suele decidirse en las últimas pruebas, Águeda tardó un poco más en tenerlo claro. "Pasé de no querer velo a decirle a Isabel: 'Quiero un velo al moño, tipo años 50'. Y fue un acierto absoluto", nos cuenta. Completó el look con joyas muy especiales. Llevaba unos pendientes desmontables de oro blanco terminados en una perla y procedentes del joyero de su madre. A esto sumó dos pequeños brillantes en la segunda y tercera perforación, su anillo de compromiso con una esmeralda engarzada y una rivière de brillantes, regalo de sus padres.
En cuanto a los zapatos, eligió unas sandalias de Lola Cruz con nudo y brillantes en la parte delantera. También llevó unas alpargatas de Castañer por si quería cambiarse más tarde, aunque finalmente no llegó a estrenarlas. Para el ramo, decidió hacer un guiño a las flores favoritas de su madre. "Los chicos de El Patio hicieron auténtica magia. Les pedí un ramo en cascada y crearon una composición espectacular con orquídeas, anthuriums y peonías, todo en tonos blancos. No supe cómo había quedado hasta minutos antes de salir para la iglesia. Era absolutamente precioso", recuerda la novia.
Un segundo vestido que tomó vida a contrareloj
Aunque estaba completamente enamorada de su vestido principal, diez días antes de la boda se decidió por un segundo look. "Finalmente, decidí tener una alternativa para el baile, por comodidad y, sobre todo, porque no quería destrozarlo", nos cuenta. Para dar forma a esta propuesta, recurrió a sus costureras de confianza, que lo tuvieron listo a contrarreloj. Se trataba de un vestido satinado y muy fluido, de aire lencero, con lazada al cuello y espalda descubierta, al que le añadió un broche antiguo que tenía en casa.
Un look de belleza natural: total protagonismo al maquillaje y al vestido hecho a medida
Después de dos diseños tan especiales, el look de belleza debía acompañar sin restar protagonismo a los vestidos. Por eso, Águeda apostó por un peinado limpio y un maquillaje luminoso. "Queríamos un acabado suave, con sombras en tonos marrones y tierra, muy en la línea de cómo suelo maquillarme. Dejamos los labios en un tono neutro y apostamos por una piel glowy para potenciar mi bronceado", nos cuenta. Inma Jiménez y María, de Capri Peluquería, fueron las encargadas de hacerlo realidad.
Todos los detalles que marcaron el gran día
Después de entrar de la mano de su padre a la Basílica de la Virgen del Mar —uno de sus momentos más especiales del día—, para encontrarse con Alfonso, quien la esperaba emocionado con lágrimas en los ojos, y el obispo de Getafe, quien fue el que finalmente los casó. La pareja comenzó su camino hacia la finca Paraisso al Mar, donde fue la celebración; se trata de un auténtico paraíso mediterráneo con vistas al mar, que reunía exactamente todo lo que buscaban.
Pitiminí Eventos se encargó de la gestión y la organización de la celebración con más de 300 invitados, una decisión que permitió a los novios disfrutar del proceso y del gran día. La propuesta, de inspiración mediterránea, veraniega y elegante, combinó flores en tonos pastel —margaritas uniflora, dalias, anthuriums y claveles— con frutas, buscando un resultado fresco y muy acorde con el entorno. La papelería, firmada por Xdelaselva, trasladó esa esencia almeriense al seating plan, inspirado en las calas de Cabo de Gata y en algunos de los símbolos más característicos de la ciudad. Al caer la noche, la iluminación ganó un papel protagonista. "Llenamos todo de lámparas y velas, creando una atmósfera muy cálida", nos cuenta la novia.
Para la cena, contaron con el catering del Restaurante La Costa, con una estrella Michelin, una experiencia gastronómica a la que quisieron dar una importancia especial. El chef José Álvarez estuvo allí junto a todo su equipo y fue increíble ver cómo trabajaban en directo, montando y sirviendo cada propuesta al mismo tiempo, además de explicar al detalle el menú. "Más que un catering, fue un auténtico espectáculo culinario que sorprendió muchísimo a todos nuestros invitados", asegura. Como recuerdo, los invitados se llevaron unas láminas ilustradas a mano por una amiga de la familia, que unían símbolos de Almería y Jaén en un bonito guiño a su historia.

















