Educación

Isa Pantoja y el gran error que cometemos los padres con los deberes de los hijos, según la psicología: "Aprender a estudiar no surge de forma natural"



Isa Pantoja© isapantojam
25 de mayo de 2026 a las 17:05 CEST

Isa Pantoja ha compartido en sus redes sociales con total naturalidad cómo ayuda a su hijo Alberto con los estudios. En concreto, el niño, que ya tiene 12 años, tiene que estudiar la asignatura de Science, una materia que a ella le resultaba aburrida y compleja en su etapa escolar y que aún a día de hoy le resulta complicada de entender. "¡Es increíble cómo se me puede dar tan mal una asignatura!", confiesa  tras puntualizar que Alberto estudia solo, que solo le pregunta cuando no entiende algo y es entonces cuando ella le ayuda. La afanada mamá explica que recurre a Chat GPT para, tras hacer una foto a las páginas que debe estudiar su hijo, le explique la lección primero a ella. "Es que soy incapaz, ¡no entiendo nada!".

¿Qué hacer en esas situaciones? ¿Cómo pueden las madres y los padres ayudar a su hijo a estudiar si ellos mismos no entienden lo que deben explicarles? Se lo hemos preguntado a Matías Sarrabayrouse Barbarulo, psicólogo y coordinador del programa 'Profesionales Especializados Para Apoyar en Casa' del Centro de Evaluación e Intervención Corat (corat.es), quien detalla qué hacer sin necesidad de recurrir a la Inteligencia Artificial.

No saber una asignatura no convierte a un padre o una madre en incapaz de ayudar a su hijo. De hecho, muchas veces el apoyo más importante no es académico, sino afectivo y emocional. 

psicólogo y coordinador del programa 'Profesionales Especializados Para Apoyar en Casa' del Centro de Evaluación e Intervención Corat

Cuando los niños son pequeños, es necesario enseñarles a estudiar. ¿Qué dirías a los padres para que les ayuden en estos primeros pasos con el estudio?

Cuando los niños son pequeños, aprender no depende solo del colegio, sino también del entorno emocional y familiar que les acompaña. Desde los primeros meses de vida, el cerebro tiene una enorme capacidad de aprendizaje gracias a la creación de nuevas conexiones neuronales, y los niños aprenden constantemente a través de lo que ven, escuchan y sienten. Por eso, la presencia activa de los padres resulta clave.

Lo primero que diría a las familias es que aprender a estudiar no surge de forma natural: igual que enseñamos a un niño a vestirse o a organizarse, también hay que enseñarles poco a poco a enfrentarse al estudio. Más allá de los contenidos, necesitan desarrollar habilidades como organizar el tiempo, mantener la atención, tolerar la frustración o pedir ayuda.

También es importante ayudarles a desarrollar confianza en sí mismos, que sientan que pueden aprender y mejorar con esfuerzo. Del mismo modo, conviene transmitirles que equivocarse forma parte del proceso: no todo sale a la primera y el error también enseña. Valorar la constancia y el esfuerzo, más que las notas, favorece la motivación y el disfrute por aprender.

Para ello, especialmente en edades tempranas, puede ser útil convertir las tareas en pequeños retos, reforzar verbalmente el esfuerzo ("qué bien cómo lo estás intentando", "me gusta tu constancia") y utilizar recompensas sencillas y puntuales. Este tipo de estrategias también ayuda a trabajar la fuerza de voluntad, es decir, la capacidad de posponer la recompensa, una habilidad relacionada con el autocontrol y el desarrollo de las funciones ejecutivas, muy importante para el aprendizaje y el futuro rendimiento académico.

Además, hay algo que no debemos perder de vista: las tardes en casa no deberían convertirse constantemente en un espacio de tensión, discusiones y desgaste emocional. Cuando cada día acaba siendo una batalla por los deberes, no solo se resiente el aprendizaje; también se deteriora el vínculo familiar.

Por eso, desde el programa ‘Profesionales Especializados Para Apoyar en Casa’ -PEPAC- del Centro Corat trabajamos acompañando tanto al niño como a la familia. Nuestro objetivo no es solo ayudar con los deberes, sino ofrecer un apoyo integral que combine refuerzo escolar, apoyo psicopedagógico y acompañamiento psicológico.

Muchas veces, detrás de las dificultades académicas hay inseguridad, bloqueo emocional o problemas de organización y atención. Cuando el niño se siente comprendido y la familia cuenta con apoyo profesional, las dinámicas en casa cambian y se recupera algo muy importante: la tranquilidad.

Isa Pantoja, junto a su hijo mayor, Alberto, en Eurodisney© isapantojam
Isa Pantoja, junto a su hijo mayor, Alberto, en Eurodisney

Isa Pantoja ha comentado en sus redes sociales que lo pasa "fatal" cuando tiene que ayudar a su hijo Alberto con la asignatura de Science, que nunca se le dio bien. ¿Qué hacer cuando los padres no comprenden bien la materia que el hijo debe estudiar? ¿Podría ser contraproducente ayudarles en estos casos?

Es una situación muchísimo más habitual de lo que parece. Muchos padres quieren ayudar a sus hijos con toda la buena intención del mundo, pero se encuentran con asignaturas, metodologías o idiomas que no dominan. Y eso genera frustración tanto en el niño como en los propios padres.

No saber una asignatura no convierte a un padre o una madre en incapaz de ayudar a su hijo. De hecho, muchas veces el apoyo más importante no es académico, sino afectivo y emocional. Los niños necesitan sentir que tienen a un adulto presente, que les acompaña y les transmite seguridad, especialmente cuando algo les cuesta.

Por eso, creo que la presencia y el acompañamiento de los padres nunca son contraproducentes, siempre que se hagan desde un enfoque adecuado: estar presentes emocionalmente, acompañar sin invadir y apoyar sin generar presión. Un niño necesita sentir que tiene una figura de referencia disponible a la que acudir cuando algo le cuesta, pero también espacio para desarrollar autonomía y confianza en sí mismo.

El problema no es que los padres no entiendan la materia; el problema aparece cuando las tardes se convierten en un momento constante de tensión, frustración o discusiones. Ahí el niño puede acabar asociando el estudio con ansiedad o sensación de incapacidad.

Aunque los contenidos superen los conocimientos de la familia, se puede ayudar muchísimo desde otros aspectos: la organización, la motivación, el interés genuino o la gestión de las emociones. Preguntas como "¿qué es lo que más te cuesta?" o incluso compartir experiencias propias como "a mí también hubo cosas que me resultaban difíciles" ayudan a normalizar la frustración y reducen la presión.

Lo importante es evitar transmitir ansiedad, frustración o juicios constantes. A veces, sin querer, los adultos centramos demasiado la atención en el resultado y olvidamos que detrás de un mal rendimiento puede haber muchos factores. Es importante detectar qué hay detrás de esa dificultad: falta de base, problemas de atención, inseguridad, desmotivación o simplemente una forma de aprender diferente.

Y cuando esta situación genera demasiado desgaste en casa, pedir apoyo profesional no debe entenderse como un fracaso, sino como una herramienta más.

Muchas veces, el mayor regalo que puede hacerse una familia no es intentar convertirse en profesor en casa, sino recuperar el papel de padre o madre: poder disfrutar de las tardes con sus hijos, acompañarlos emocionalmente y dejar el apoyo especializado en manos de profesionales preparados para ello.

Precisamente, desde el programa PEPAC del Centro Corat trabajamos de forma coordinada con el niño, la familia y la escuela. No solo reforzamos contenidos académicos, sino que ayudamos a entender cómo aprende cada niño y cómo reducir el desgaste que pueden generar los deberes en casa. Muchas familias nos dicen que, gracias a este apoyo, han podido recuperar algo muy importante: disfrutar de las tardes con sus hijos sin que todo gire alrededor del estudio.

Más allá del estudio, ¿es adecuado sentarse con los hijos a hacer los deberes?

En primer lugar, es importante diferenciar entre "hacer los deberes con los hijos" y "acompañarles en las tareas". Si sentarse con ellos significa pasar toda la tarde encima, resolverles los ejercicios o no dejar espacio para que piensen, prueben y se equivoquen, entonces probablemente no sea lo más adecuado. El aprendizaje necesita participación activa, autonomía y también tolerancia a la frustración.

Sin embargo, acompañar sí es muy positivo. Los niños necesitan sentir que tienen una red de seguridad: adultos presentes que supervisan, apoyan y ayudan cuando lo necesitan, pero sin sustituirles constantemente. El mensaje sería algo como: "Puedes intentarlo, puedes equivocarte y explorar, porque si te bloqueas o te caes, voy a estar aquí para ayudarte".

Por eso, el papel de los padres puede ser muy importante. Ayudar a organizar el tiempo, estructurar las tareas, crear hábitos de estudio y reforzar la motivación son formas muy valiosas de implicarse, siempre intentando potenciar la autonomía y la sensación de progreso del niño.

Desde la psicología sabemos que los niños aprenden mejor cuando se sienten autónomos, capaces y apoyados emocionalmente. Por eso, uno de los grandes retos de las familias es encontrar el equilibrio entre ayudar y no sobreintervenir, respetando el ritmo del niño, aunque eso implique más tiempo o paciencia.

Esto se entiende fácilmente con un ejemplo cotidiano: cuando un niño aprende a caminar, a nadie se le ocurriría pretender que corra desde el primer día. Lo que hacemos es acompañar, celebrar cada pequeño avance y entender que tropezarse y caerse forma parte natural del proceso. Con el aprendizaje académico ocurre exactamente lo mismo: equivocarse no significa fracasar; es parte del aprendizaje.

Desde el programa PEPAC del Centro Corat trabajamos precisamente desde esa idea de apoyo y autonomía: enseñar, explicar, guiar y organizar, pero nunca sustituir al niño en aquello que ya puede empezar a construir por sí mismo.

Isa Pantoja el Miércoles Santo en Sevilla con María del Monte© isapantojam

Cuando al niño o a la niña le cuesta un poco más tomar la iniciativa de sentarse a hacer los deberes o a estudiar y también mantenerse sentado hasta terminar (o hasta que haya pasado el tiempo suficiente para descansar), ¿qué consejos darías a los padres para que puedan ayudar a sus hijos a tener un poco más de autonomía en este sentido?

Cuando a un niño le cuesta sentarse a estudiar o mantener la atención en una tarea, creo que es importante entender primero algo fundamental: las personas no solemos tener "falta de motivación", sino que estamos más motivadas por unas cosas que por otras. Si un niño evita continuamente los deberes, probablemente no sea porque "no quiera hacer nada", sino porque otras actividades le resultan mucho más estimulantes o gratificantes en ese momento.

Por eso, más que pensar "mi hijo no quiere estudiar", conviene preguntarse "¿por qué le cuesta tanto hacerlo?". Ese cambio de mirada ayuda muchísimo a encontrar soluciones reales sin convertir el aprendizaje en una batalla diaria.

La motivación aumenta cuando una persona siente autonomía, competencia y conexión emocional. Por tanto, los niños se implicarán más cuando perciban que pueden conseguirlo, que tienen cierto control sobre la tarea y que el entorno les acompaña sin una presión excesiva.

Cuando los niños son pequeños, aprender no depende solo del colegio, sino también del entorno emocional y familiar que les acompaña.

psicólogo y coordinador del programa 'Profesionales Especializados Para Apoyar en Casa' del Centro de Evaluación e Intervención Corat

Algunas estrategias que suelen funcionar son crear rutinas claras y predecibles, dividir las tareas en objetivos pequeños, introducir descansos, reducir distractores y reforzar verbalmente los pequeños avances.

También ayuda mucho hacer el aprendizaje más atractivo y conectado con sus intereses: utilizar juegos, retos, vídeos educativos o ejemplos relacionados con aquello que les gusta.

Otro aspecto clave es enseñarles poco a poco a tolerar el esfuerzo y la incomodidad. Vivimos en una sociedad muy inmediata y muchos niños están acostumbrados a recibir recompensas rápidas. Sin embargo, estudiar implica desarrollar paciencia, constancia y capacidad para posponer la recompensa, habilidades fundamentales no solo para el aprendizaje, sino también para la vida adulta.

En el fondo, cuando incluso los adultos evitamos ciertas tareas, normalmente no es porque seamos vagos, sino porque las percibimos como poco interesantes, demasiado difíciles o poco gratificantes. Con los niños ocurre exactamente lo mismo. Si conseguimos que las tareas les generen sensación de progreso, competencia y pequeñas experiencias de éxito, su motivación y seguridad aumentarán poco a poco. Incluso podremos conseguir que sean ellos mismos quienes tomen la iniciativa de ponerse a estudiar.

Porque la autonomía no se construye simplemente diciendo "tienes que esforzarte más". Se desarrolla enseñando estrategias, acompañando emocionalmente y creando una red de apoyo coherente alrededor del niño que le permita sentirse capaz y seguro.

Y algo importante: la familia no debería enfrentarse sola a todo este proceso. Como parte de esa red de apoyo, los profesionales jugamos un papel fundamental para ayudar a recuperar la calma, mejorar la relación familiar y conseguir que los niños empiecen a vivir el aprendizaje desde un lugar mucho más saludable.

Matías Sarrabayrouse Barbarulo, psicólogo y coordinador del programa 'Profesionales Especializados Para Apoyar en Casa' del Centro de Evaluación e Intervención Corat© Grupo Aprender
Matías Sarrabayrouse Barbarulo, psicólogo y coordinador del programa 'Profesionales Especializados Para Apoyar en Casa' del Centro de Evaluación e Intervención Corat