Hace apenas unos años, cambiarse de zapatos en mitad de una boda era algo casi impensable. Hoy sucede en la mayoría de las celebraciones. Muchas novias tienen preparado un segundo par para el baile y cada vez más invitadas recurren a alpargatas, bailarinas o sandalias planas cuando los tacones empiezan a pasar factura. Pero esa costumbre, tan extendida como práctica, plantea una pregunta interesante: ¿hasta qué punto compensa sacrificar el estilismo por la comodidad? ¿Existe una forma de cambiarse sin que el look pierda toda la fuerza con la que fue concebido?
Sobre este tema hablaba Irene Gil, fundadora de Just-Ene, en sus redes sociales. Aseguraba que, en muchos casos, era preferible ir descalza a "arruinar" el look con unas zapatillas cualquiera. Y no podemos negar que tiene bastante razón. A veces, no pensar bien en un plan B lleva a muchas invitadas y a muchas novias a estropear un estilismo perfecto en el momento de la fiesta. ¿Eso significa que no podemos cambiarnos y tenemos que sufrir? Claro que no, pero sí que es importante tener en cuenta ciertos detalles antes de tomar esta decisión, sobre todo la novia.
Una tendencia que llegó para quedarse
Hace unos años era prácticamente imposible que novias e invitadas se cambiaran de zapatos a lo largo de la celebración. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en una costumbre. Sobre todo entre las prometidas. "No hay datos oficiales, pero por la cantidad de bodas que organizo cada año, diría que alrededor del 70 % de las novias lleva un segundo par preparado. Luego hay de todo: algunas se cambian justo después del banquete, otras esperan al primer baile y algunas ni siquiera llegan a necesitarlos", asegura Giela Príncipe, experta en protocolo y wedding planner en Operación boda.
Irene Gil distingue entre dos tipos de calzados: el zapato de repuesto —un diseño pensado por si hay algo que falla en el principal— y el segundo zapato —aquel que la novia elige o tiene pensado para ponerse en un momento concreto—. Lo cierto es que ambas opciones deben estar bien pensadas para que el look funcione. Y, aunque quizá lo más inteligente sería apostar desde el primer momento por una opción cómoda, "el zapato más cómodo del mundo" no existe.
Qué dice el protocolo de boda sobre el cambio de zapatos
Antes de continuar, conviene saber que este gesto no es protocolario. El motivo no es que exista una norma escrita que lo prohíba, sino que el protocolo clásico entiende que el estilismo debe concebirse como un conjunto coherente que se mantiene durante todo el acto. Los zapatos forman parte de ese conjunto al mismo nivel que el vestido, las joyas o el tocado. "Cambiarse de zapato ya no es solo una cosa de protocolo, es una cuestión de estilo vs. comodidad. Puedes optar por uno o por el otro, o ser lo suficiente astuto como para encontrar un equilibrio estético y práctico entre ambos. Pero es cierto que, a medida que se quitan accesorios, el look se va degradando", asegura Ana García-Gayoso, empresaria y autora de Manual para organizar una boda perfecta.
Sin embargo, aunque no sea lo más adecuado desde el punto de vista del protocolo, cambiarse de calzado está más que aceptado, siempre que sea un diseño que esté a la altura del look. "Una boda dura muchas horas y es lógico que la novia quiera cambiarse de zapatos para estar más cómoda cuando empieza la fiesta. Además, las propias marcas de zapatos de novia ya los diseñan pensando en ese segundo momento. No creo que este gesto "rompa" el look. Se rompe cuando el segundo calzado no encaja con el vestido o con la personalidad de la novia. Si está bien elegido, el look sigue siendo perfecto", añade Gisela Príncipe.
No es descabellado concluir, por lo tanto, que siempre que esté (bien) planificado, ese cambio no solo es aceptable, sino que también puede dar mucho rollo al look. Pensemos, por ejemplo, en una novia que desmonta su vestido o elige un segundo diseño para estar más cómoda durante la fiesta. Es lógico que elija un calzado que combine mejor con esa nueva opción. "Es una cuestión de comodidad, por supuesto, pero también de estilo. Muchas novias aprovechan ese segundo calzado para enseñar una versión más relajada de sí mismas sin perder ese punto especial que tiene un día como su boda", asegura Rosa Pino, CEO de Monpiel. Y añade que no es casualidad que sea en el momento del baile cuando se realiza en mayor medida este cambio. La novia deja atrás el protocolo y empieza a disfrutar sin preocupaciones. Después de la ceremonia, las fotos y la cena, lo que apetece es moverse, bailar y olvidarse de si los zapatos aprietan o no".
Qué eligen las novias como segundo zapato
Irene Gil compartía una reflexión muy interesante respecto al segundo zapato de la novia. Cuando una prometida elige su primer look, mima mucho todos los detalles. Si el traje es desmontable, sabe bien qué piezas retirará o sustituirá y de qué manera. Lo mismo sucede con los peinados convertibles: están pensados de principio a fin. Entonces, ¿por qué a veces simplemente se opta por un segundo par que sea cómodo? ¿No merece el mismo trato que el resto de elementos?
"Yo soy partidaria de que haya cierta conexión. No hace falta que sea exactamente igual ni que siga las mismas reglas que el primer zapato, pero sí que forme parte de la misma historia. Al final, todo suma dentro del look de novia. Puede ser más desenfadado, más cómodo o incluso más divertido, pero sin perder la armonía", responde Rosa Pino. Para ella una buena alternativa suelen ser las alpargatas –que en España siguen siendo las grandes protagonistas de los cambios de novias e invitadas–, también las bailarinas; y asegura que cada vez con más frecuencia se ven merceditas y diseños artesanales con detalles muy especiales.
¿Lo que nunca falla? Las cuñas. "Para mí siguen siendo una de las opciones más completas y elegantes para una novia. Aportan altura, estilizan la figura y permiten disfrutar del día con mucha más comodidad que un tacón fino. De hecho, en Monpiel acabamos de lanzar una colección específica para novias porque cada vez vemos más mujeres que buscan precisamente eso: sentirse guapas sin sufrir. Hemos trabajado modelos confeccionados en seda salvaje y piel en tonos blancos y marfiles con acabados nacarados que resultan muy sofisticados", nos cuenta Rosa.
En estos segundos zapatos, como en los primeros, las tendencias tienen un peso importante. Si hace unos años los diseños de color eran los grandes protagonistas, ahora gustan mucho los tonos blancos, neutros o empolvados. Los tejidos también se miran mucho más. El terciopelo, omnipresente en las últimas temporadas, ha dejado paso a linos, sedas naturales, pieles de calidad... Materiales que cambian por completo un diseño. "También funcionan muy bien los bordados delicados, los acabados nacarados o los pequeños detalles joya. La clave está en que el zapato tenga personalidad sin resultar excesivo", concluye Rosa Pino.









