Inma Morales, logopeda, sobre la tartamudez en niños: "Lo importante no es que 'hablen perfecto', sino que se comuniquen con confianza"


La tartamudez puede aparecer cuando el niño comienza a hablar, o más adelante. Tiene un origen multifactorial y afecta más a los chicos que a las chicas. ¿Cómo se trabaja y cuáles son los objetivos para que los menores convivan mejor con esta característica?


Inma Morales, logopeda© Inma Morales
5 de mayo de 2026 a las 19:02 CEST

La tartamudez ha sido objeto de burla hace unos años, pero detrás de ella hay un trastorno del neurodesarrollo, que es importante tratar cuanto antes. Inma Morales es logopeda especializada en tartamudez en Tartamudez Center, de Madrid. Hemos charlado con ella para que nos explique todas las implicaciones que tiene y cómo deben actuar los padres.

Tartamudear no es “normal” en algunas edades. Si el niño o niña está tartamudeando, se debe buscar asesoramiento especializado en tartamudez

Inma Morales, logopeda

¿A qué edad puede aparecer la tartamudez en un niño? ¿Puede surgir desde las primeras palabras? 

La tartamudez es una alteración en la fluidez del habla que puede aparecer muy pronto, incluso alrededor de los 18 meses, coincidiendo con las primeras palabras. Sin embargo, lo más habitual es que surja entre los 2 y los 3 años y medio, una etapa en la que el lenguaje se dispara: el niño empieza a hablar más, a construir frases más largas y su sistema del habla todavía está madurando. 

Bebé feliz en brazos de su madre© Adobe Stock

¿Y si aparece de repente tras un desarrollo normal del lenguaje? 

En este punto es importante que hagamos una distinción clave para las familias: no todo lo que suena a "dudas al hablar” significa que sea algo “típico de la edad" y que "ya se le pasará con el tiempo". Es fundamental diferenciar entre las disfluencias [trastorno del habla con interrupciones involuntarias] propias del desarrollo del lenguaje y la tartamudez como tal. Sabemos que es tartamudez cuando observamos conductas como repeticiones de sílabas o sonidos, alargamientos o bloqueos. Esto podemos verlo en ejemplos como: repeticiones de sonidos (“a-a-a-árbol”), repeticiones de sílabas ("pu-pu-pu-puedo”), repeticiones de palabras monosilábicas ("yo-yo-yo"), bloqueos ("quiero el c_ _oche rojo”) o prolongaciones (“peeeeeelota"). 

Si la familia, la escuela o cualquier profesional escucha alguna de estas conductas en el niño, es recomendable consultar a un logopeda especializado en tartamudez con el objetivo de poder ofrecer a la familia pautas claras y estrategias que les ayuden a acompañar la comunicación de su hijo. En cambio, existen disfluencias que sí forman parte del desarrollo normal del lenguaje y que no se consideran tartamudez, como las interjecciones ("humm..."), las reformulaciones ("yo pienso que... bueno, pienso que..."), las repeticiones de palabras polisilábicas ("puedo... puedo...") o las repeticiones de frases ("yo quiero... yo quiero..."). Así, es importante tener en cuenta que tartamudear no es “normal” para la edad. Si el niño o niña está tartamudeando, se debe buscar asesoramiento especializado en tartamudez.

Niña pensativa mirando hacia arriba© Adobe Stock

¿Influye el estado emocional del niño en que tartamudee? ¿Puede reaparecer tras haber desaparecido? 

A pesar de que el componente emocional o el ambiente del niño no causa la tartamudez, sí que pueden hacer que la tartamudez aumente o disminuya e influir en su intensidad. Por ejemplo, situaciones como la presión por hablar rápido, la exigencia, los nervios, el miedo a hablar en público o incluso emociones intensas como la alegría o la frustración pueden hacer que la tartamudez aumente. De hecho, una de las características más importantes de la tartamudez es precisamente su variabilidad, es decir, la tartamudez puede cambiar de un momento a otro, de un día a otro o incluso según la situación. 

Esto explica por qué a veces parece que “desaparece” y luego “vuelve”, cuando en realidad lo que ocurre es que fluctúa. Esta variabilidad puede generar mucha incertidumbre en las familias y frustración en el niño, ya que no acaban de comprender por qué un día tartamudea y otros no. En el proceso del tratamiento logopédico contemplamos de diferentes formas esta variabilidad para ayudar a la familia y al niño o niña a comprenderla y poder tener estrategias para acompañar y gestionar los cambios. 

adolescente pensativa tumbada en el sofá© Getty Images/Tetra images RF

¿Puede aparecer la tartamudez en la adolescencia? 

Sí. Aunque es más frecuente su inicio en la infancia, la tartamudez también puede aparecer en la adolescencia, una etapa especialmente sensible a la presión social y emocional, pero a la vez en la adolescencia hay unos cambios neurológicos significativos, por lo que se abre una gran ventana y oportunidad para hacer el tratamiento logopédico y favorecer un habla lo más fácil posible. Una vez más, el abordaje debe ser siempre integral mediante una intervención específica, individualizada y adaptada a las necesidades de la persona. 

Niño con TDAH distraído en la mesa © Adobe Stock

¿Qué es la tartamudez fisiológica? 

Antiguamente se hablaba de “tartamudez fisiológica" o "evolutiva”, pero hoy en día estos términos han caído en desuso. Esto se debe a que, como hemos mencionado anteriormente, si un niño presenta alguna de las disfluencias características de la tartamudez, estamos ante un caso de tartamudez, y la realidad es que no tenemos ninguna forma de saber con certeza si desaparecerá o si se mantendrá en el tiempo. Lo que sí tenemos son una serie de factores de riesgo de persistencia descritos en la literatura científica. Cuantos más factores estén presentes en el niño, mayor es la probabilidad de que la tartamudez se mantenga. 

Entre ellos encontramos, por ejemplo, los antecedentes familiares de tartamudez. También sabemos que los niños presentan aproximadamente cuatro veces más riesgo de persistencia que las niñas. Otro factor importante es el tiempo transcurrido desde el inicio, ya que cuanto más tiempo pasa desde la aparición de las disfluencias, mayor es la probabilidad de que la tartamudez persista. La edad de inicio también es relevante: cuando las disfluencias comienzan antes de los 3 años y medio, existen mayores probabilidades de que el niño deje de tartamudear, y este es otro motivo por el que es importante consultar a un logopeda especializado en tartamudez lo antes posible. 

Por último, hay que tener en cuenta la presencia de comorbilidades como factor de riesgo de persistencia, es decir, cuando la tartamudez aparece junto a otras condiciones como trastornos de los sonidos del habla, trastornos del desarrollo del lenguaje o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, entre otros. 

Nuestro objetivo como logopedas es que el niño se sienta cómodo y seguro al comunicarse, ayudándole a desenvolverse con confianza en cualquier contexto, independientemente de su tartamudez. Por este motivo, es fundamental el trabajo con las familias, ya que son el entorno más cercano y el principal modelo de comunicación del niño: cuando la familia acompaña, escucha sin presión y ofrece un espacio seguro para hablar, se convierte en el mejor apoyo para favorecer la comunicación de su hijo.

Madre abrazando a su hija© Adobe Stock

¿Cómo deben reaccionar los padres cuando su hijo tartamudea? 

Las reacciones de los padres son clave para que el niño se sienta seguro. Lo más importante es hablar tranquilamente y sin prisas, mirando a los ojos y escuchando con atención sin interrumpir y darle tiempo necesario al niño para que acabe sus frases. De este modo, el niño sentirá que tiene el tiempo y toda la atención y disponibilidad de sus padres. 

Además, hablarle con naturalidad, sin prisas ni correcciones, ayuda a que se cree un ambiente facilitador para la comunicación. Esto transmite al niño un mensaje fundamental: ‘Tienes tiempo, te escucho, lo que dices es importante y estoy aquí contigo cuando necesites contarme algo’. En cambio, conviene evitar corregir continuamente, terminar sus frases o pedirle que “hable bien", "se calme", o que "respire”. Este tipo de intervenciones pueden aumentar la presión al hablar y hacer que la tartamudez se intensifique. 

Niño en sesión de logopedia© Adobe Stock

¿Cuándo es recomendable pedir ayuda profesional? 

La derivación temprana al logopeda es fundamental. El tratamiento logopédico recomendamos que se realice lo antes posible, tan pronto como se detecta la tartamudez, ya que sabemos que hay una mayor probabilidad de que la tartamudez desaparezca en los más pequeños. 

Sin embargo, aunque siempre recomendamos consultar a un logopeda lo antes posible, no hay una edad máxima para el tratamiento: en consulta atendemos a niños, adolescentes y adultos, adaptando siempre la intervención a cada persona, sus necesidades y su contexto. El objetivo no es solo mejorar la fluidez, sino también favorecer la participación y las emociones asociadas a la comunicación.    

Padre e hijo pequeño abrazados en casa© Getty Images

¿Tiene un componente hereditario? ¿Qué papel juega la autoestima del niño?

Efectivamente. La tartamudez tiene un origen multifactorial, en el que hay una interacción entre factores genéticos, neurológicos y ambientales. No es un problema “psicológico” ni de "nervios", como se creía antiguamente, sino un trastorno del neurodesarrollo de la fluidez del habla. 

Aun así, no podemos separar el habla de la emoción y el pensamiento: cuando nos comunicamos, no solo transmitimos palabras, sino también sentimientos, necesidades y experiencias. Por eso, cuando la fluidez se ve afectada, también puede verse impactada la forma en que la persona se siente consigo misma. Del mismo modo, cuando mejora la comunicación, suele mejorar también la seguridad emocional y la autoestima. Acompañar al niño en este proceso, sin poner el foco en “hablar perfecto”, sino en “comunicarse con confianza", es clave para su desarrollo.