La anemia es la complicación hematológica más frecuente en el embarazo. Se define como tener una hemoglobina menor de 11 gramos por decilitro medida en una analítica. En España, el 20-25% de las gestantes tienen anemia.
¿Por qué se produce? ¿Cómo influye en la embarazada y en el bebé? ¿Cuáles son sus riesgos? De todo ello hablamos con la Dra. Marta Morado, directora médica de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH).
Las necesidades de hierro del organismo materno se triplican con respecto a cuando no está embarazada
¿Por qué aparece la anemia en el embarazo?
Tal como cuenta la experta, durante el embarazo se producen cambios fisiológicos (normales) en la sangre de la madre. Entre ellos está un incremento de hasta un 40-50% en el volumen de plasma. Este aumento es mayor que el de glóbulos rojos, por lo que "se produce una mayor 'dilución' de estos en la sangre/plasma. Esta mayor dilución hace que sea 'normal' tener una hemoglobina más baja durante la gestación".
Los glóbulos rojos aumentan un 25% durante el embarazo y para eso se necesita hierro que debe estar en el organismo de la mujer durante la gestación. A esto se une el hierro que necesita el feto para producir sus propios glóbulos rojos. "Esto hace que las necesidades de hierro durante el embarazo se tripliquen respecto a la normalidad", señala la hematóloga. Por eso si las reservas de la madre no son adecuadas (se mide con la ferritina sérica) o la ingesta de hierro no llega a las necesidades diarias, "es más es más fácil que se produzca anemia por déficit de hierro (anemia ferropénica), que es la causa más frecuente de anemia en el embarazo, aunque no es la única", añade.
En este sentido, algunas mujeres tienen anemia crónica antes de la gestación. A veces puede saberse la causa y corregirla, que es lo ideal antes de quedarse embarazada. Sin embargo, "en otras ocasiones, la causa no es corregible, o incluso se desconoce el origen, lo que va a complicar la gestación porque lo normal es que la anemia vaya a más", advierte la Dra. Morado.
¿Puede ser un riesgo para madre e hijo la anemia en el embarazo?
El riesgo de anemia es doble: para la madre y para su hijo. Por eso la representante de la SEHH insiste en la importancia de que se estudie, y corrija en la medida de lo posible, la anemia de las mujeres antes de quedarse embarazadas, sobre todo de las que están en edad fértil y tienen deseo gestacional.
En cuanto a los riesgo son estos:
- Para la madre: "La presencia de anemia incrementa, según la gravedad, el riesgo de complicaciones cardiacas, obstétricas, infecciosas, necesidad de transfusión de hematíes y depresión postparto".
- Para el feto: "Al depender su oxigenación de la capacidad de oxigenación de su madre (mediada por la hemoglobina materna), la anemia de la madre produce menor crecimiento fetal, bajo peso al nacer y más riesgo de parto prematuro, ferropenia durante los primeros meses de vida, siendo controvertido el posible efecto sobre el desarrollo neurocognitivo".
¿Qué hacer cuando hay anemia en el embarazo?
Siempre que hay anemia en el embarazo, lo primero es investigar su causa e intentar corregirla, como destaca la Dra. Marta Morado. En el 50-80% de las veces estaremos ante una anemia ferropénica, por falta de hierro previa o durante el embarazo. En estos casos, hay que poner tratamiento a la madre con hierro oral, en forma de sales ferrosas, que son las más efectivas. Las pastillas deben tomarse en ayunas, con un zumo de naranja (o vitamina C)", explica.
A algunas mujeres estos preparados les provocan molestias gastrointestinales. ¿Qué hacer en este caso? "Hay tres opciones: 1) cambiar de preparado comercial oral a otro con mejor tolerancia, ya que hay varios disponibles en el mercado y la tolerancia es muy variable; 2) cambiar a tomas a días alternos, en lugar de diario, porque a absorción es mejor y se puede mejorar la tolerancia gástrica; 3) cambiar a preparados de hierro intravenoso". El problema del hierro intravenoso es que debe administrarse en el hospital y tiene efectos secundarios. "Es una forma eficaz y rápida de incrementar el hierro, pero hay que recordar que el hierro en exceso es tóxico para el organismo", alerta la especialista.
Cuando la anemia gestacional no se debe a un déficit de hierro, será el hematólogo el profesional más adecuado para investigar de qué tipo de anemia se trata (puede originarse por déficit de vitaminas, por inflamación, por insuficiencia renal u hormonal....). "Una vez identificada la causa, el hematólogo corregirá la anemia en la medida en que sea posible (administración de acido fólico, vitamina B12, eritropoyetina, prednisona, etc.) y en las formas graves valorará la necesidad de transfusión de hematíes o la instauración de tratamientos específicos", aclara.
¿Se puede prevenir de algún modo la anemia en el embarazo?
La mejor manera de prevenir la anemia en el embarazo es corregir la anemia antes de intentar quedarse embarazada. "También es imprescindible comprobar los niveles de hemoglobina y ferritina sérica (reflejo de los depósitos de hierro) en los primeros meses de gestación, para identificar precozmente aquellas gestantes con anemia ferropénica (o mayor riesgo de desarrollarla), u otra forma de anemia no conocida. Cuanto antes el hematólogo inicie el proceso de diagnóstico y tratamiento, menor riesgo de complicaciones", confirma la Dra. Morado.
"En situaciones como la presencia de anemia ferropenia previa, embarazo múltiple, gestaciones muy consecutivas o en multíparas, dietas vegetarianas/veganas, adolescentes o mujeres con menstruaciones abundantes, el riesgo de anemia se incrementa, por lo que la vigilancia debe ser más estrecha", destaca.
En todo caso es muy importante que en la dieta de la madre haya alimentos ricos en hierro (carnes, pescados, mariscos, legumbres, frutos secos y algunas verduras verdes).
¿Puede afectar la anemia al parto?
"En casos de anemia, el parto se puede adelantar, sobre todo si el crecimiento del feto no es adecuado. Aquí, en especial si la anemia es grave, la colaboración estrecha entre obstetras y hematólogos es esencial. Además, la presencia de anemia previa incrementa el riesgo de precisar transfusión de hematíes o administración de hierro intravenoso durante el parto o en el postparto inmediato", señala la directora médica de la SEHH.
Durante el posparto hay que comprobar que la hemoglobina de la mujer vuelve a ser normal o similar a los niveles previos a la gestación (en las mujeres con anemia crónica no corregible), y también que la ferritina sérica (hierro en depósito) vuelve a estar en niveles adecuados. "Hay que saber que la lactancia también es otro periodo de altas demandas de hierro. Por ello, las mujeres deberán ser seguidas por los hematólogos y/o médicos de atención primaria hasta que su estado vuelva a ser el basal previo a la gestación, cosas que puede llevar meses", concluye.








