En la que supuso la primera pasarela de ready-to-wear desde el fallecimiento del legendario Valentino Garavani, Alessandro Michele decidió rendir un profundo homenaje a los orígenes de la casa, pero a su manera. Para presentar la colección Otoño/Invierno 2026 de Valentino abandonó su habitual escenario en el marco Paris Fashion Week, que culminó el pasado 10 de marzo, y regresó a Roma, la ciudad que vio nacer a la marca en 1960. El majestuoso Palazzo Barberini, una joya arquitectónica del siglo XVII que aúna los estilos barroco, rococó y neoclásico de genios como Bernini y Borromini, abrió sus puertas por primera vez a un desfile de moda para esta solemne ocasión. El lugar ofreció un telón de fondo inigualable de frescos y mármoles que transmitía su la grandeza histórica y, la vez, cierta intimidad, ya que tiempo atrás fue una residencia privada.
Michele bautizó esta propuesta como Interferenze (Interferencias) y explicó que este título refleja su propia posición al crear para una firma que no lleva su nombre, una situación que inevitablemente genera cierta tensión creativa. La colección se concibe así como una meditación sobre el choque entre la norma y la transgresión, la contención y la opulencia. Sin embargo, el diseñador aclaró que su intención nunca fue destruir el legado de sus predecesores, que abarca desde el propio fundador de la casa hasta Pierpaolo Piccioli, quien actualmente dirige Balenciaga, sino integrarlo y armonizarlo con su sensibilidad insignia y adaptándolo a la actualidad. Se situó para ello en la década de los 80, un período de gran éxito para la marca italiana en el que la independencia y la libertad de las mujeres se trasladaba a la moda mediante hombreras, tejidos texturizados, joyas XL y mucho colorido.
Al ritmo de la melancólica balada de 1987 Troy, de Sinéad O'Connor, desfilaron looks con cinturas bajas, hombros acentuados, fajines de seda y atrevidos estampados de arlequín. El dominio de la confección del fundador se hizo evidente en faldas de corte sirena y vestidos ajustados que se abrían en dramáticos volantes. Prestó especial atención a la espalda de las prendas, una de las grandes obsesiones de Valentino Garavani, incorporando elaborados nudos y pliegues en chaquetas como los que llevaba, por ejemplo, aquel diseño vintage del modisto italiano con el que Julia Roberts ganó el Oscar en 2001.
El desfile culminó con un vestido rojo de espalda descubierta, por la que caía una fina cadena dorada, tributo al color fetiche del creador y el cual Michele confesó encontrar tan atractivo como complejo de trabajar, de ahí que también lo eligiese hace una década como hilo conductor de los looks en su primer desfile al frente de Gucci (Otoño 2015).
La paleta de colores estableció fuertes contrastes, combinando los tonos pastel que son tendencia esta primavera con tonalidades de alto impacto; uno de los primeros conjuntos de la muestra lo ilustra al mezclar una blusa rosa palo con un fajín rojo profundo y una minifalda brocada verde y azul. Para equilibrar la riqueza de los salones del palacio y bajar a tierra la propuesta, cubrió el suelo de césped sintético y hojas artificiales.
Al notar que otras firmas de lujo como Louis Vuitton y Dior también realizaron sus desfiles parisinos en escenarios que intencionalmente fusionaban la naturaleza y la opulencia, Michele señaló que esto demuestra una conversación compartida sobre la necesidad colectiva de reconectar con realidades alternativas a las redes sociales hoy en día.
Desde el front row, figuras como Giancarlo Giammetti (socio e íntimo de Garavani) y celebrities de la talla de Gwyneth Paltrow, Georgina Rodríguez y Lily Allen, presenciaron esta cuarta colección del exdiseñador de Gucci al frente de Valentino, en la que demostró sentirse plenamente asentado. Lo mejor está por venir.


























































































