Jennifer Aniston es una reconocida amante de los animales. A lo largo de los años, la actriz ha compartido su vida con varios perros y ha demostrado en numerosas ocasiones el estrecho vínculo que mantiene con sus mascotas. Sin embargo, si algún día quisiera ampliar la familia con un gato, tendría un inconveniente: es alérgica a los felinos. La actriz, que es colaboradora de Lolavie, lo compartió en sus redes sociales cuando le preguntaban si era más de perros que de gatos: "Lo siento, gatos, soy de perros". Pero aclaraba que es por una cuestión de alergia, se disculpaba. Una situación mucho más habitual de lo que parece y que no necesariamente obliga a renunciar de entrada a convivir con uno.
De hecho, según datos del I Barómetro Felino de Sanicat, la mitad de los españoles desconoce que existen gatos considerados hipoalergénicos, es decir, animales que, por sus características, podrían provocar menos problemas a algunas personas sensibles. Eso sí, aquí conviene hacer una aclaración: ningún gato puede garantizar una convivencia libre de síntomas. Así lo indica la American Academy of Allergy, Asthma & Immunology (AAAAI) recuerda que todos los gatos producen alérgenos y que no existen razas verdaderamente hipoalergénicas. Además, la reacción puede variar mucho de una persona a otra e incluso dependiendo del gato concreto. Por eso, antes de adoptar, lo aconsejable es consultar con un alergólogo y pasar tiempo con el animal para comprobar cómo responde nuestro organismo.
Razas de perros que podrían dar menos alérgia
No es el pelo del gato el que provoca la alergia
Aunque solemos decir "soy alérgica al pelo de los gatos", el problema no está exactamente ahí. Según explican los expertos de Sanicat, especialista en bienestar animal, uno de los principales responsables es Fel d 1, una proteína presente fundamentalmente en la saliva y la piel del animal.
Cuando el gato se acicala, algo que puede hacer numerosas veces a lo largo del día, esa proteína termina depositándose sobre su piel y su pelaje. Desde allí, las pequeñas partículas pueden pasar al ambiente, permanecer suspendidas en el aire o acumularse en sofás, alfombras, ropa y otras superficies de la casa.
Además, los alérgenos del gato también pueden encontrarse en la orina y otras secreciones. De ahí que una persona sensible pueda experimentar estornudos, congestión nasal, picor y lagrimeo de ojos, tos e incluso sibilancias o dificultad respiratoria, especialmente si existe asma.
Qué hacer antes de llevar un gato a casa
Como recordábamos al principio, la raza por sí sola no permite predecir cómo reaccionará una persona. Por eso, si Jennifer Aniston, o cualquier persona con alergia, se enamorara de uno de estos gatos, la mejor prueba no sería fijarse únicamente en su raza. Sanicat recomienda pasar un tiempo prolongado con el animal antes de tomar la decisión de adoptarlo, para observar si aparecen molestias o reacciones.
También importa cómo se organiza la casa. Los especialistas en alergología recomiendan mantener al gato fuera del dormitorio, lavarse las manos después de tocarlo, limpiar con frecuencia y utilizar filtros HEPA para disminuir la concentración de alérgenos en el ambiente.
Sanicat añade otro punto especialmente importante en un hogar con gatos: cuidar la higiene del arenero. Elegir arenas que controlen bien la orina, generen poco polvo y no incorporen perfumes puede contribuir a mantener un entorno más confortable. La marca recomienda, entre otras opciones, arenas minerales desempolvadas.
Porque convivir con un gato teniendo alergia no depende únicamente de escoger una determinada raza. El grado de sensibilidad de cada persona, el gato concreto y el control de los alérgenos dentro de casa son determinantes. Y, si las reacciones son importantes o aparecen síntomas respiratorios, el primer paso debería ser siempre consultar con un alergólogo antes de incorporar un felino a la familia.











