Confieso que hace tiempo que me retiré del mundo de las citas, pero basta pasar un rato con mis amigas para descubrir que una de las preguntas más repetidas cuando están conociendo a alguien es “¿Cuál es tu signo del zodiaco?”. Nunca he sido excesivamente mística, aunque es cierto que cada vez me siento más atraída por ese mundo de los astros que tanta fascinación despierta entre mi círculo más cercano, y las cifras dejan claro que no soy la única. Este fenómeno va más allá de una simple pregunta casual para iniciar una conversación distendida.
Horóscopos, tarot, manifestación, cartas natales y rituales de bienestar forman parte de un mismo ecosistema cultural que triunfa especialmente entre millennials y Generación Z. Etiquetas como #astrology o #zodiac acumulan miles de millones de visualizaciones en redes, mientras iconos como Zendaya se llevan esta tendencia a su terreno mediante impresionantes looks inspirados en las constelaciones.
El lenguaje de los signos, los ascendentes y las compatibilidades planetarias ya no pertenece a un código esotérico, sino al día a día digital de millones de usuarios.
Entre todo ese universo de contenido, hay un fenómeno que ha empezado a ganar terreno con fuerza: cómo vestir según tu carta astral. Si escribes esta frase en TikTok, encontrarás miles de vídeos que prometen ayudarte a construir una imagen coherente con tu energía astrológica. Colores, siluetas, accesorios… todo parece poder explicarse a través de tu signo. Y la pregunta es inevitable: ¿por qué una generación nacida entre algoritmos e inteligencia artificial vuelve a mirar a las estrellas para conocerse a sí misma?
'Atrostyling' como autoconocimiento y cuidado
Para María Moreta, investigadora en neuromarketing y consultora de imagen integral y autoestima, existe una dualidad llamativa con respecto a las nuevas generaciones. Por una parte, señala que conectar con ellas resulta muy complejo, porque hay demasiada información. “Vivimos una era de scroll infinito donde todo es a base de clic y con un estímulo visual bastante efímero”, expone. Por otro lado, esa fatiga es precisamente la que hace que muchas personas se saturen del modelo de consumo visual inmediato y busquen una alternativa.
“No necesitan una tendencia externa o una campaña de publicidad que les dicte cómo tienen que ser. Quieren herramientas que sean un poco más rigurosas y que validen quiénes son ellos, cuál es su esencia más pura. Cada vez se le da más cabida a la individualidad”, señala la experta. En cuestiones de moda, esto supone dejar a un lado las microtendencias extremas para buscar piezas que conecten con nuestra personalidad a un nivel más profundo. “Todo es para ayer, y parece que hay comprar de una forma compulsiva prendas que a lo mejor no tienen nada que ver contigo”.
El astrostyling responde precisamente a ese deseo de huir de lo masivo y poner el foco en nuestra autoestima, en cómo nos hace sentir la ropa, para invertir en piezas que, estén de moda o no, nos transmitan sensaciones. “Es una herramienta de autoconocimiento. Conecta porque huye de una moda pasajera y se centra en la identidad. Busca que haya un porqué detrás de cada una de las decisiones que tomamos y de lo que consumimos”.
María Moreta lleva años trabajando la astrología como vía para dar respuesta a la necesidad de autoconocimiento con su método YSY. “La asesoría tradicional trabaja de fuera hacia dentro, analiza tus cualidades físicas para decirte qué es lo que más te favorece”, cuenta.
Sin embargo, esta idea de vestir acorde a tu físico se le quedaba cada vez más plana y supo entender la necesidad de analizar el plano emocional y psicológico, lo que supone un viaje a la inversa. “Buscamos en nuestro interior para proyectar hacia fuera, queremos entender por qué nos comportamos como lo hacemos. A través del mapa natal entendemos la base emocional y lo traducimos en estilo, colores, texturas…”.
Además, añade, es fundamental tener en cuenta tu momento vital, que es algo muy variable que no puede estar sujeto a una máxima inamovible. Por muy bien que te quede el rojo, no siempre vas a tener ánimo para lucirlo, así que hay que escucharse a uno mismo.
Más allá de tu signo del zodiaco
Si la astrología no es uno de tus temas de conversación habituales, es bastante probable que te pierdas entre la multitud de términos nicho que lo rodean. Empecemos por el principio para intentar comprender qué es lo más importante al realizar ese viaje introspectivo. Seguro que conoces tu signo del zodiaco, es decir, la posición del sol en el momento de tu nacimiento.
Pero, como señala Moreta, fijarte solo en eso “es como hacerte una analítica y solo leer el dato del azúcar”, ya que es una pequeña parte de tu carta astral. Lo que realmente define la forma en la que nos vestimos y nos expresamos se apoya en tres pilares mucho más precisos. El primero es el ascendente, que sería algo así como la primera impresión: lo que los demás perciben de ti nada más verte, tu carta de presentación. En moda, se traduce en esa energía visual que proyectamos sin hablar. El segundo es Venus, el planeta del gusto y la estética. Aquí está lo que realmente te atrae: los colores que te gustan, los tejidos con los que te sientes bien, el tipo de ropa que te hace sentir más tú.
La asesoría tradicional trabaja el físico; el astrostyling busca entender el mundo interior y reflejarlo a través de la ropa.
En palabras de esta profesional, es “tu relación con el disfrute y la belleza”. Y el tercero es la Luna, la parte más íntima, cómo te vistes cuando nadie te mira, cuando buscas comodidad o seguridad. Es la ropa que sirve de refugio, la que eliges en tus días más emocionales y con la que te sientes protegida.
Aunque existen muchas otras piezas que completan el puzle, estas serían las fundamentales para comenzar a sumergirte en el mundo del astrostyling, que, en el fondo, no deja de ser una idea que conecta con algo mucho más antiguo: la necesidad de leer símbolos para entendernos y proyectarnos. Algo que la moda lleva siglos reinterpretando a su manera.
La fascinación por los astros en la historia
Es cierto que los millennials y la Generación Z han recuperado en los últimos años la admiración por las estrellas y han puesto nombre a ciertos fenómenos como el propio astrostyling, pero la realidad es que el ser humano siempre ha levantado la vista al cielo en busca de respuestas. La moda, lejos de ser ajena a ello, ha mantenido una relación constante -aunque cambiante- con los astros a lo largo de la historia.
“El ser humano tiene esa necesidad eterna de mirar hacia dentro para poder proyectar hacia fuera, y el cielo nos otorga seguridad. Es una base sólida para el autoconocimiento que, bien aplicada, se vuelve imparable”, afirma la experta. Una idea que, aunque hoy se formule desde el neuromarketing o la psicología, ya estaba presente en civilizaciones mucho más antiguas.
Los babilonios fueron de los primeros en estructurar lo que hoy conocemos como zodiaco hace más de 2.500 años; en el Antiguo Egipto utilizaban piedras asociadas al firmamento y vinculadas a cuerpos celestes; en la Grecia y Roma clásicas los emperadores usaban la carta astral como legitimación de su poder; en la Edad Media y Renacimiento la astrología era enseñada en las universidades y su iconografía se plasmaba en tapices, vestimentas litúrgicas y retratos reales.
Resulta imposible repasar la historia de la humanidad (y de la moda) sin mencionar los astros. Esa fascinación no desapareció con el paso del tiempo, simplemente cambió de lenguaje.
La tarotista que cambió la moda
Una de las figuras que unieron la astrología y la moda de manera explícita fue Elsa Schiaparelli, quien convirtió lo cósmico en parte de su identidad creativa. En los años 30 y 40, sus diseños surrealistas ya incorporaban estrellas, planetas y referencias al universo en una narrativa visual que rompía con la moda tradicional de la época.
Más tarde, esa fascinación se consolidó en piezas icónicas como los bordados celestes o los motivos lunares que definieron su legado. Imposible también hablar de esta materia sin mencionar a Christian Dior. El diseñador francés recurría de manera constante a la astrología, la numerología y el tarot antes de tomar grandes decisiones, y esa conexión espiritual tan profunda se reflejó en sus creaciones.
De hecho, su tarotista de confianza, madame Delahaye, fue quien le animó a establecer su propia firma de moda, tal y como contó el propio modista en su autobiografía, donde también reveló su propia reacción: “Ante una afirmación tan categórica, me incliné o, mejor dicho, me resigné”. Tras pedir una segunda opinión a otra adivinadora que le dio el mismo veredicto, no hubo duda.
La numerología marcó la vida de Dior. Su número de la suerte era el ocho, ya que fundó la maison en el distrito octavo de París, en un palacete de ocho plantas. Cuando alguien está tan convencido de sus creencias, es lógico que estas acaben trascendiendo a otros niveles de su vida.
Se busca identidad, que haya un porqué detrás de cada una de las decisiones que tomamos y de lo que consumimos
De hecho, se dice que las características curvas de la chaqueta Bar, que definió la moda de los 50 a nivel mundial y sigue siendo una pieza clave, está inspirada en este número. Y si para Dior la obsesión era el número ocho para Coco Chanel lo fue el cinco: la consideraba su cifra de la suerte y la integró de forma recurrente en su universo creativo, desde su icónico perfume Nº5 hasta presentaciones y rituales. También tenía fijación con los amuletos, la numerología y las señales, y utilizaba las estrellas como guía simbólica, presentes en bordados, joyas y otros detalles.
Hoy en día, esta estética continúa teniendo una gran presencia en las pasarelas, pero también en nuestro día a día, aunque no nos demos cuenta. El astrostyling es, en realidad, una adaptación cultural a los códigos de hoy. Un sistema simbólico que ha encontrado en la moda, las redes sociales y la tecnología un nuevo canal para intentar entender algo absolutamente complejo: nuestra identidad.
Quizá el verdadero éxito de esta corriente no reside en responder preguntas, sino en el propio hecho de seguir planteándolas; en cuestionar las decisiones que tomamos y los motivos que nos mueven por dentro y que se reflejan en la imagen que proyectamos.








