Sofía Ellar ha compartido con sus seguidores un momento muy especial de su recién estrenada maternidad: el primer paseo con su bebé, que nació el pasado 20 de agosto. Se trató de un paseo corto, de unos 15 minutos en las proximidades de su casa, pero ideal para recargar pilas, aunque la cantante contaba también que aún se encontraba dolorida por el parto. Por suerte, el pequeño miniFer (así lo llama la cantante porque le han puesto el mismo nombre que a su marido, Fernando) se lo está poniendo muy fácil, pues es un niño tranquilo que duerme bien (todo lo bien que puede dormir un recién nacido) y se alimenta bien. "Es un niño trampa", aseguraba, feliz, la flamante mamá.
¿Qué es exactamente eso de "un niño trampa", que tan a menudo se dice? Sabemos que normalmente se asocia a un niño que, como miniFer, come y duerme bien, de modo que la siguiente pregunta para muchas madres y muchos padres sería ¿cómo conseguir que un bebé o un recién nacido se convierta en un niño trampa? De ello hemos hablado con La Dra. Concepción López Cárdenes, pediatra del Hospital Universitario Vithas Las Palmas.
En las primeras semanas muchos recién nacidos duermen mucho y lloran relativamente poco y, a partir de los 10-15 días, es habitual que aumente el tiempo de llanto y la intensidad.
¿Qué es un niño trampa y por qué se les llama así?
El niño trampa es el término coloquial que utilizamos para referirnos a aquel bebé que parece ponerlo todo fácil, aquel que duerme bien, llora poco, come con facilidad y que suele estar tranquilo. Es importante aclarar que no es un diagnóstico y tampoco significa que el bebé sea mejor o peor, simplemente describe un patrón de comportamiento.
¿Puede un niño trampa cambiar en un momento dado y ponerse a llorar más a menudo por cualquier cosa?
Pues sí y es completamente normal que esto ocurra. De hecho, en las primeras semanas muchos recién nacidos duermen mucho y lloran relativamente poco y, a partir de los 10-15 días, especialmente entre la tercera y octava semana, es habitual que aumente el tiempo de llanto y la intensidad.
Esta etapa de desarrollo es perfectamente esperable y muchos padres consultan preocupados porque sienten que algo ha cambiado, que le puede estar pasando algo, y en la mayor parte de las veces no significa que el bebé esté enfermo, sino que está atravesando un periodo de maduración de su propio sistema nervioso. Así que es importante que, si nos preocupa, consultemos al pediatra para valorar que no existan signos de enfermedad, dificultad de alimentación o problemas para ganar peso.
¿Tiene que ver ese temperamento del niño con el tipo de apego y de cuidados que recibe de sus padres?
La realidad es que no. Llorar es la principal forma de comunicación que tiene un lactante y tiene múltiples causas. Los padres van aprendiendo poco a poco a reconocer los distintos tipos de llanto, del llanto que es el hambre, el sueño, la necesidad de contacto, la incomodidad, el exceso de estímulos o incluso la necesidad de consuelo o de termorregulación.
Además, existen procesos madurativos propios de los primeros meses, como pueden ser los cólicos del lactante o la disquexia del lactante, que puede hacer que el bebé también llore mucho, aunque esté perfectamente cuidado. El objetivo no es conseguir que un bebé nunca llore, sino aprender a responder de la mejor manera posible sus necesidades.
Teniendo eso en cuenta, en caso de que exista relación con el tipo de apego, ¿quiere eso decir que un niño que llora mucho y de manera muy constante no está recibiendo el apego que necesita?
En general, no. El temperamento tiene una base importante biológica y está presente desde el nacimiento. Algunos bebés son más tranquilos, otros son más activos, algunos son más sensibles a estímulos o necesitan más contacto para termorregularse. El apego es otra cosa, se referencia a la relación afectiva que el bebé construye con sus cuidadores.
Y esto es importante saberlo porque en muchas familias, al compararlo con el primer hijo, los padres tienen unas expectativas con el segundo hijo que muchas veces no se cumplen. Entonces, es importante que sepan que ese bebé tranquilo no implica un mejor apego ni que un bebé muy demandante implique peor apego. No depende del apego.
El objetivo no es conseguir que un bebé nunca llore, sino aprender a responder de la mejor manera posible sus necesidades.
No solo al que llora poco; también se considera “niño trampa” al que come y duerme bien, pero ¿puede que la relación también sea a la inversa y que el niño que se alimenta bien y tiene un sueño adecuado a su edad está más calmado?
Con frecuencia sí, aunque no siempre. Dormir, alimentarse y regularse emocionalmente están relacionados entre sí. Un bebé que se alimenta bien suele descansar mejor, igual que un bebé que duerme adecuadamente suele tolerar mejor los estímulos del entorno. Pero es verdad que la relación no es absoluta. Hay bebés con un temperamento muy tranquilo que pueden tener dificultad de alimentación o para dormir y otros que son muy activos que comen perfectamente. Cada niño es muy diferente y no conviene establecer reglas universales.
¿Puede esa actitud de las primeras semanas o meses de vida ser indicativa de cómo será el niño cuando sea algo más mayor? Es decir, ¿si tendrá un temperamento más tranquilo, por ejemplo?
El temperamento infantil tiene una estabilidad moderada; algunos rasgos pueden persistir, pero no de forma inmutable. La personalidad que vamos observando en la infancia hasta la vida adulta es el resultado de una interacción de la propia predisposición biológica, pero también de otros factores, como el factor ambiental, el entorno familiar, las experiencias, la propia maduración cerebral, la escuela y las relaciones sociales.
Y en este sentido hay que tranquilizar mucho a las familias porque evita dos errores frecuentes: uno es pensar que un bebé tranquilo siempre será ese bebé perfecto y otro, que un bebé llorón será necesariamente un niño con problemas de conducta. Ninguna de las dos cosas está respaldada por la evidencia científica.
¿Qué ventajas tiene este tipo de temperamento en la convivencia, el aprendizaje y la socialización?
Que generalmente facilita mucho la convivencia familiar, suelen adaptarse mejor a los cambios de rutina, toleran mejor las esperas, presentan menos dificultades para conseguir el sueño y los padres suelen percibir todo esto como menos estrés durante los primeros meses. Sí que es verdad que es importante recordar que ningún temperamento es mejor que otro, que los niños más activos o intensos también desarrollan grandes fortalezas cuando reciben un acompañamiento adecuado.
Y luego, como desventaja, el problema es esas expectativas que puede tener una familia con la llegada del segundo bebé si no cumple ese temperamento que el anterior hermano tenía.
¿Cómo aborda un pediatra la consulta cuando el niño es especialmente calmado y qué aspectos positivos suele destacar?
Un bebé tranquilo suele ser una buena noticia si todo lo demás acompaña y en las revisiones del pediatra todo está dentro de la normalidad. Y es que los bebés excesivamente tranquilos requieren una valoración siempre a través de la revisión del pediatra para ver que no presenten señales de alarma que serían dificultad para respetarlo, para despertarlo para las tomas, un receso persistente de la alimentación, escasa ganancia de peso, una somnolencia excesiva, muy poca interacción con el entorno, ausencia de respuesta a los sonidos o a los estímulos visuales, una hipotonía o que esté demasiado flojito, es decir, que tenga un desarrollo neurológico acorde a su edad y que interactúe con sus cuidadores.
Y como mensaje final, creo que no buscamos que los bebés lloren poco o mucho, buscamos bebés que crezcan, que se alimenten, que se desarrollen y se relacionen adecuadamente con su entorno y que el temperamento forma parte de quién es cada niño y nuestra labor es acompañar a cada familia para entenderlo sin comparaciones ni etiquetas.





