Hay hábitos que no necesitan zapatillas de deporte, aplicaciones ni grandes cambios en nuestra agenda. A veces basta con un cuaderno, un bolígrafo y unos minutos de tranquilidad. Sara Carbonero se ha propuesto precisamente esto: escribir cada día. Este objetivo ha surgido por la propuesta de la novelista, poeta y editora Elena Medel, y la periodista, que ha recogido el guante, ya ha compartido en sus redes sociales algunos de los textos que ha escrito. Un trabajo que, además de proporcionar bienestar, los expertos aconsejan como forma de ejercitar la mente y, al mismo tiempo, poner cierto orden en todo aquello que nos pasa por dentro.
Porque escribir no consiste únicamente en construir frases bonitas. Pensemos, por ejemplo, en esos días en los que tenemos tantas cosas dando vueltas en la cabeza que ni siquiera sabemos explicar qué nos preocupa. Sentarnos y tratar de ponerlo sobre el papel nos obliga a detenernos, seleccionar palabras, recuperar recuerdos, establecer conexiones y organizar aquello que en nuestra cabeza parece una maraña de situaciones y recuerdos.
Es ahí donde reside parte del valor de este hábito. Así lo explica Rafael San Román, psicólogo, quien recuerda que escribir es, ante todo, "un acto creativo" que pone en marcha diferentes procesos mentales.
Escribir también es una forma de ejercitar el cerebro
"Escribir es un acto creativo y como tal implica fantasear, ordenar, planificar, dar cohesión y coherencia, elaborar contenidos...", explica Rafael San Román. Es decir, incluso cuando simplemente estamos contando cómo ha ido nuestro día, nuestro cerebro está realizando una tarea bastante más compleja de lo que parece.
De hecho, el psicólogo señala que todo este proceso resulta "altamente estimulante para nuestro cerebro", algo que comparte con otras actividades que requieren cierta complejidad y creatividad. Sin embargo, la escritura incorpora un componente especialmente interesante: "Desarrollamos nuestras habilidades que tienen que ver de manera más específica con la comprensión y la producción del lenguaje".
Además, este pequeño entrenamiento puede involucrar otras capacidades cognitivas. Según San Román, trabajar con el lenguaje de esta manera también tiene influencia sobre funciones como la atención y la memoria. Recordar qué ocurrió ayer, reconstruir una conversación, buscar la palabra que mejor describe una sensación o intentar explicar una idea son pequeñas tareas mentales que ponemos en marcha casi sin darnos cuenta.
¿Por qué escribir puede ayudarnos a ordenar lo que sentimos?
Probablemente, esta sea una de las razones por las que tantas personas recurren a un diario en momentos especialmente intensos de su vida. Una ruptura, un cambio de trabajo, una decisión complicada o simplemente una temporada en la que sentimos que tenemos demasiadas cosas en la cabeza pueden llevarnos a buscar en el papel un espacio donde ordenar lo que estamos viviendo.
"Escribir puede resultar terapéutico", explica Rafael San Román. ¿La razón? Al realizar "un esfuerzo por poner en palabras, buscando las más adecuadas, ordenar mensajes, rememorar, etc., movilizamos ese material y lo elaboramos".
Dicho de otro modo, escribir nos obliga a transformar una mezcla de pensamientos, emociones y sensaciones en algo que podemos observar con cierta distancia. Y ese proceso, señala el psicólogo, puede "facilitar la integración de nuestros pensamientos, emociones y sensaciones físicas", además de favorecer que lleguemos a determinadas conclusiones o incluso que podamos tomar decisiones.
Es algo parecido a lo que sucede cuando contamos un problema a alguien y, mientras lo estamos explicando, encontramos nosotros mismos una respuesta. "Según lo voy diciendo me doy cuenta de que...", ejemplifica San Román. Esa toma de conciencia o insight también puede aparecer mientras escribimos. A veces no encontramos una solución porque alguien nos la proporciona, sino porque el simple hecho de intentar explicar lo que ocurre nos ayuda a verlo de otra manera.
¿Es mejor escribir a mano o en el ordenador?
Si queremos seguir el reto de Sara Carbonero, nos surge otra pregunta que le lanzamos al experto: ¿vale escribir en cualquier formato? Para Rafael San Román, tanto el ordenador como el papel pueden ser útiles, aunque no son exactamente lo mismo.
"No da igual a mano que a ordenador. Ambas son válidas, pero escribir a mano es más complejo per se que teclear", explica. Además, existe otro factor importante: la velocidad. Como generalmente escribimos a mano más despacio de lo que tecleamos, ese ritmo podría favorecer que nos detengamos más en aquello que estamos intentando expresar.
Asimismo, añade San Roman, "sl ser más lento probablemente favorece la profundidad en el procesamiento de la información". De ahí que recuperar el cuaderno pueda tener un interés especial en una época en la que buena parte de nuestras palabras se escriben deprisa, entre mensajes de WhatsApp, correos electrónicos y notas rápidas en el móvil.
Cómo empezar a escribir cada día sin convertirlo en otra obligación
Ahora bien, proponernos escribir diariamente también puede tener una trampa: convertir algo que debería servirnos para explorar y disfrutar en una nueva exigencia. No hace falta redactar varias páginas, tener una vida extraordinaria que contar ni aspirar a escribir algo que algún día leerán los demás.
Precisamente, Rafael San Román recomienda eliminar cualquier expectativa de calidad literaria. La idea es comenzar "como un experimento, una exploración o búsqueda que hacemos para nosotros". Y tampoco existe un formato correcto: "Da igual si es una crónica, un diario, una carta o unos simples apuntes".
Podemos contar qué nos ha ocurrido durante el día, escribir una carta que nunca enviaremos, anotar algo que nos preocupa, recuperar un recuerdo o simplemente empezar por una frase y ver adónde nos lleva. Como señala el psicólogo, se trata de ir probando "como quien tira de un hilo".
Incluso los pequeños detalles pueden ayudar a convertirlo en un momento agradable. El especialista en psicología propone tener "un buen bolígrafo", que haga que el propio gesto de escribir resulte cómodo e incluso gustoso, y escoger un cuaderno o unos papeles que nos apetezca utilizar.
Al final, quizá ahí esté lo interesante del reto que se ha marcado Sara Carbonero. No se trata necesariamente de escribir mucho ni de hacerlo bien. Se trata de reservar unos minutos para detener el ruido del día a día, del que casi ni somos conscientes, buscar las palabras y descubrir qué aparece cuando empezamos a tirar de ese hilo.








