Alfredo Rodríguez-Muñoz, experto en sueño: "Es completamente normal que las parejas empiecen la noche abrazadas y acaben cada una en un lado de la cama"


A medida que avanza la noche, el cerebro deja de priorizar el contacto y el cuerpo busca libertad de movimiento, una temperatura adecuada y la postura más cómoda para descansar.


Pareja durmiendo en la misma cama© Getty Images
7 de julio de 2026 a las 17:48 CEST

Hay un momento que se repite cada noche en millones de hogares. Una pareja se mete en la cama, intercambia unas palabras, un abrazo, un beso y apaga la luz. Compartir ese último instante del día transmite calma, seguridad y una sensación de cercanía que ayuda a muchas personas a relajarse antes de dormir. Pero cuando llega el verano, ese momento también pone a prueba la convivencia. Uno tiene calor, el otro frío. Uno se duerme en cinco minutos, el otro necesita leer. Uno ronca. El otro se mueve sin parar. Y entonce surge una pregunta: ¿cómo podemos seguir disfrutando de dormir juntos cuando el calor hace tan difícil descansar?

Cada vez más especialistas recuerdan que cuidar el sueño también es una forma de cuidar la relación. Porque descansar mal durante meses no solo pasa factura al cuerpo; también afecta al humor, la paciencia, la comunicación e incluso al deseo. Entonces, ¿es mejor dormir juntos o separados? ¿Compensa cambiar de cama durante una ola de calor? ¿Y qué ocurre cuando uno ronca o tiene horarios completamente distintos? Para resolver estas dudas, hablamos con el catedrático de Psicología Alfredo Rodríguez-Muñoz, director del Departamento de Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid.

Pareja durmiendo en la misma cama© Getty Images

¿Dormir con la pareja mejora realmente la calidad del sueño?

"Puede mejorarla, pero no siempre de la forma que imaginamos", nos indica. Compartir la noche con la persona a la que queremos aporta seguridad, cercanía y una sensación de protección que favorece la relajación. De hecho, muchas personas aseguran que duermen mejor cuando están acompañadas.

Lo curioso es que el cerebro no solo duerme con el colchón; también duerme con las emociones. Algunas investigaciones muestran que, aunque dormir en pareja puede aumentar pequeños movimientos o despertares durante la noche, muchas personas perciben el descanso como más reparador. La sensación de seguridad también forma parte de una buena noche de sueño.

"Ahora bien, compartir cama significa poner de acuerdo dos formas distintas de dormir", advierte. Y ahí aparecen los ronquidos, las diferencias de temperatura, los horarios o los movimientos. Por ello, como nos indica el especialista, "dormir en pareja no consiste en compartir colchón; consiste en conseguir que ambos descansen".

Pareja durmiendo abrazada© Getty Images

¿Es mejor dormir abrazados o separados?

No existe una postura ideal. Dormirse abrazados puede favorecer la relajación porque el contacto físico transmite seguridad, reduce el estado de alerta y facilita la transición hacia el sueño. En ese sentido, "el abrazo funciona casi como un "puente" entre la vigilia y el descanso", señala el experto en sueño. 

Pero una cosa es cómo nos dormimos y otra muy distinta cómo dormimos. A medida que avanza la noche, el cerebro deja de priorizar el contacto y el cuerpo busca libertad de movimiento, una temperatura adecuada y la postura más cómoda para descansar. Por eso es completamente normal que las parejas empiecen la noche abrazadas y acaben cada una en un lado de la cama.

No hace falta permanecer abrazados toda la noche para tener una relación cercana. Muchas veces, unos minutos de contacto antes de dormir son suficientes para obtener ese beneficio emocional, y después dejar que cada uno encuentre la postura en la que mejor descansa. Dormir en pareja no consiste en permanecer pegados ocho horas, sino en combinar intimidad y buen descanso.

Y en verano, ¿cuál es la mejor forma de dormir en pareja?

"El calor es uno de los grandes enemigos del sueño", reconoce el catedrático de psicología. Para dormir bien necesitamos que nuestra temperatura corporal descienda ligeramente, y compartir cama hace que ese proceso sea algo más difícil.

Eso no significa que haya que dormir separados. Muchas veces basta con mantener el dormitorio fresco, utilizar ropa de cama ligera o dejar más espacio entre ambos. En verano, más que dormir separados, lo importante es no dormir con calor.

mujer sentada en la cama, junto a la ventana, con un ventilador© Getty Images

¿Qué pasa si se opta por dormir en camas o habitaciones separadas?

"Durante mucho tiempo se interpretó como un síntoma de crisis. Hoy empezamos a entender que, en algunos casos, puede ser una decisión inteligente", asegura Alfredo Rodríguez-Muñoz. De hecho, en los últimos años ha ganado popularidad el concepto de "divorcio del sueño", que consiste en que la pareja duerma en camas o habitaciones separadas para proteger el descanso de ambos. El nombre suena dramático, pero el objetivo es justamente el contrario: cuidar la relación.

Hay parejas que toman esta decisión porque uno ronca, trabaja por turnos, tiene un sueño muy ligero o simplemente porque sus horarios y necesidades de descanso son muy diferentes. Si dormir separados permite que ambos se levanten más descansados, con mejor humor, más paciencia y menos irritabilidad, es probable que también mejore la convivencia. A veces, dormir separados durante la noche ayuda a estar más unidos durante el día, y sobre todo, en verano, cuando es difícil conciliar el sueño. 

Eso sí, el "divorcio del sueño" no debería convertirse en un divorcio emocional. La cama no es solo un lugar para dormir; también es un espacio para conversar, abrazarse, compartir intimidad o simplemente terminar juntos el día. Si se opta por dormir separados, conviene proteger esos momentos de conexión para que la distancia física durante la noche no se convierta también en distancia afectiva.

Al final, no existe una única forma correcta de dormir en pareja. "La mejor decisión es aquella que permite cuidar al mismo tiempo el descanso y la relación. Porque compartir cama no es una prueba de amor; cuidar el sueño del otro sí lo es", resume. 

Mujer feliz en la cama que parece haber dormido bien pese al calor© Getty Images

¿Qué hacer cuando uno de los dos ronca o se mueve mucho?

Lo primero es no normalizarlo. Muchas parejas asumen que los ronquidos o los movimientos constantes forman parte de la convivencia, cuando en realidad pueden estar deteriorando el descanso de ambos desde hace años.

Si el ronquido es intenso, aparece casi todas las noches o se acompaña de pausas respiratorias, jadeos o una excesiva somnolencia durante el día, conviene consultar con un especialista, porque podría tratarse de una apnea del sueño. No es solo un problema para quien comparte la cama; también puede tener importantes consecuencias para la salud de quien la padece.

Cuando el problema son los movimientos, un sueño muy inquieto o los despertares frecuentes, también merece la pena buscar la causa. A veces basta con mejorar algunos hábitos de sueño; otras veces es necesario valorar si existe algún trastorno del sueño o un problema médico que lo explique.

Lo importante es no convertir un problema tratable en un conflicto de pareja. Muchas discusiones que parecen de convivencia empiezan, en realidad, con meses de mal descanso. Antes de pensar que la relación no funciona, conviene preguntarse si ambos están durmiendo bien.

¿Cómo influye tener horarios de sueño diferentes?

Más de lo que imaginamos. Dormir no es solo un acto biológico; también es una conducta social. Cuando una persona se acuesta mucho más tarde o se levanta mucho antes que la otra, no solo aumentan las interrupciones del sueño, sino que la pareja pierde uno de los pocos momentos del día que suele estar libre de trabajo, pantallas y obligaciones.

Eso no significa que todas las parejas tengan que acostarse a la misma hora. Hay profesiones, turnos de trabajo o cronotipos diferentes que lo hacen imposible. El problema no es tener horarios distintos, sino dejar de compartir espacios de conexión.

Por eso, "cuando los relojes no coinciden, conviene cuidar pequeños rituales: cenar juntos, dar un paseo, conversar unos minutos antes de que uno se acueste o buscar otro momento del día para mantener esa cercanía. La intimidad no depende tanto de la hora de acostarse como de reservar un tiempo para encontrarse", recomienda Rodríguez-Muñoz. Y añade una reflexión: "las parejas no se desgastan porque uno se acueste más tarde; se desgastan cuando dejan de encontrarse".

Mujer en una cama© Getty Images

¿Qué recomendaciones darías para descansar mejor en pareja?

La primera es entender que el sueño también forma parte del cuidado de la relación. Muchas parejas hablan del trabajo, del dinero o de los hijos, pero muy pocas hablan de cómo duermen. Y, sin embargo, dormir mal de forma crónica acaba afectando al humor, la paciencia, la comunicación e incluso al deseo.

Después vienen las medidas prácticas: mantener horarios relativamente compatibles siempre que sea posible, cuidar la temperatura del dormitorio, limitar el uso de pantallas antes de acostarse y åbuscar ayuda cuando aparecen problemas como los ronquidos, el insomnio o las diferencias importantes de horarios. Dormir mal no debería convertirse en algo que simplemente se soporta.

Pero quizá el consejo más importante sea abandonar una idea muy extendida: no existe una única forma correcta de dormir en pareja. Como ocurre con tantas otras cuestiones de la convivencia, lo importante es alcanzar un acuerdo que cuide simultáneamente la relación y el descanso de ambos. "Algunas parejas dormirán perfectamente en la misma cama; otras necesitarán colchones más grandes, edredones separados, horarios diferentes o incluso habitaciones distintas".

El objetivo no es ajustarse a un ideal romántico, sino encontrar el acuerdo que permita que los dos descansen sin que la relación se resienta.