Durante años, la tenista Sara Sorribes, que conquistó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de París 2024 junto a la española Cristina Bucsa, había aprendido a convivir con la presión. El tenis profesional exige competir prácticamente todas las semanas, cambiar constantemente de país, adaptarse a horarios imposibles y mantener un nivel de exigencia física y mental que apenas deja espacio para la recuperación. Como muchos deportistas de élite, estaba acostumbrada a seguir adelante incluso cuando las cosas no iban bien. Sin embargo, llegó un momento en el que su cuerpo empezó a enviar señales demasiado evidentes como para ignorarlas.
La deportista castellonense, una de las grandes referentes del tenis español, decidió alejarse temporalmente de las pistas en 2025 para cuidar su salud mental. Una decisión que en aquel momento le generó muchas dudas, pero que hoy considera probablemente la mejor que ha tomado en su vida. "Me costó muchísimo porque mis resultados no eran malos. Desde fuera parecía que todo iba bien, pero yo sentía que la manera en la que estaba viviendo las cosas no era la correcta", explica.
Pero escuchó que su organismo le estaba diciendo que necesitaba un descanso.
El dolor que desapareció cuando decidió escucharse y parar
Cuando recuerda aquellos meses previos a la pausa, Sorribes habla de pequeños avisos que fueron acumulándose. Cada vez le costaba más concentrarse durante los entrenamientos y los partidos. Tenía menos capacidad para escuchar a sus entrenadores, reaccionaba peor ante las dificultades y sentía que algo estaba cambiando dentro de ella. Sin embargo, hubo un síntoma que terminó de hacerle comprender que había llegado al límite.
"Empecé a tener un dolor constante. Yo pensaba que era algo muscular o tensional, pero no era normal", recuerda.
La deportista tomó la decisión de parar y retirarse temporalmente mientras estaba de torneo en Bogotá. Había perdido en individuales y todavía debía disputar la competición de dobles. Llevaba varios días conviviendo con ese dolor físico que no terminaba de encontrar explicación. Y lo que sucedió la sorprendió incluso a ella. O no tanto...
"Tomé la decisión de que iba a retirarme temporalmente. Dos días después, cuando fui a entrenar, porque aún estaba compitiendo, no tenía nada. Absolutamente nada. El dolor había desaparecido. Estaba somatizando. Mi cuerpo ya no podía más y encontró la forma de decirme que tenía que parar".
La experiencia le hizo comprender hasta qué punto la mente y el físico están conectados. Todo esto nos lo contó a ¡HOLA! en el marco de un encuentro organizado por Nara Seguros donde la tenista compartió mesa redonda con expertos en bienestar emocional.
El desgaste que le ponía difícil levantarse de la cama o lavarse los dientes
En ocasiones, cometemos el error de pensar que quien no está fuerte para lidiar con las circunstancias del día a día es que no tiene fuerza de voluntad. Y no es así. La propia Sorribes cuenta cómo vivió aquellos días.
Los primeros meses fueron especialmente duros. Intentó salir a correr apenas unos días después de anunciar la pausa, pero solo aguantó ocho minutos antes de regresar a casa. "No tenía fuerza. No podía seguir".
Tampoco tenía energía para la vida, como ella misma afirma. Y el agotamiento era tal que incluso le costaba realizar esos gestos tan cotidianos. "Lo más difícil era hacer los básicos. Ducharte, lavarte los dientes, vestirte. Cosas que normalmente haces sin pensar".
Aquella sensación fue una de las más difíciles de gestionar porque, según reconoce, era plenamente consciente de lo que le estaba ocurriendo. Se levantaba cada mañana sabiendo que no estaba bien y con la sensación de que la recuperación iba a requerir mucho tiempo.
La importancia de pedir ayuda
A diferencia de otras personas que atraviesan situaciones similares en silencio, Sorribes siempre ha sido muy abierta con quienes forman parte de su entorno más cercano. Tanto su familia como su equipo conocían perfectamente cómo se sentía. "Soy una persona muy comunicativa. Siempre explico lo que siento y cómo estoy".
Por eso, cuando les planteó la posibilidad de detener la competición, la respuesta fue inmediata. "Eran los primeros que me decían que parara. Veían que lo estaba pasando mal y que necesitaba descansar".
La propia tenista reconoce que ese apoyo fue fundamental. También lo fue la ayuda psicológica. Durante los siete meses que permaneció alejada de la competición hizo terapia de forma intensiva y dedicó tiempo a comprender qué le había ocurrido. "A mí me gusta mucho entender las cosas. Necesito saber por qué pasan para poder seguir adelante".
Según cuenta, comprender los mecanismos que la habían llevado a esa situación fue una parte esencial de la recuperación.
El verano que nunca había tenido
Durante años, la vida de Sorribes estuvo marcada por un calendario competitivo prácticamente ininterrumpido. Mientras la mayoría de personas esperan el verano para descansar, viajar o pasar tiempo con su familia, para ella esos meses siempre habían significado torneos, entrenamientos y desplazamientos.
Por eso una de las experiencias más especiales de aquel periodo fue algo muy sencillo: vivir un verano normal. "Pude disfrutar de un verano entero. Parece una tontería, pero yo nunca había tenido uno porque siempre estaba compitiendo".
Ese tiempo de pausa le permitió recuperar energía, pasar más tiempo con las personas importantes de su vida y volver a conectar con actividades que habían quedado relegadas por el tenis.
La mejoría comenzó a hacerse evidente alrededor del cuarto mes. Poco después empezó a entrenar de forma progresiva y fue recuperando las ganas de competir.
Lo que ha cambiado después de volver
Hoy Sara Sorribes ha regresado al circuito, pero asegura que ya no es la misma deportista que antes de la pausa. Sigue entrenando con la misma intensidad y mantiene una rutina muy exigente, con jornadas que comienzan a las siete de la mañana y que incluyen gimnasio, tenis, preparación física y fisioterapia. Sin embargo, la forma de relacionarse con el deporte ha cambiado por completo. "Ahora me escucho mucho más".
También ha aprendido a conceder espacio a otras facetas de su vida y a entender que su identidad no depende únicamente de lo que ocurra dentro de una pista de tenis. "Antes todo giraba alrededor del tenis. Ahora entiendo que hay más cosas".
Incluso su manera de gestionar los resultados de los torneos ha cambiado. "Las derrotas no lo son todo y las victorias tampoco. He aprendido a llevarlo todo de una forma mucho más plana".
Sorribes, además, resume con una reflexión lo que ha vivido. Cree que muchas personas viven tan aceleradas que dejan de escuchar las señales que les envía el cuerpo. Por eso insiste en la importancia de poner nombre a lo que uno siente. "Cuando consigues identificar lo que te pasa, ya tienes gran parte del trabajo hecho".
La importancia de cuidarnos física y mentalmente
Su experiencia ayuda a ilustrar, precisamente, lo que refleja el estudio presentado por Nara Salud: Radiografía del bienestar emocional y el deporte en España. Durante esta Miguel Ángel Martínez Ribó, director médico de la aseguradora, y el psicólogo Javier Savín, de la Fundación Salud y Persona, insistieron en que el cuerpo y la mente no funcionan por separado y que el estrés sostenido puede acabar manifestándose físicamente. De hecho, uno de los datos más llamativos del informe es que el 79% de los españoles utiliza el deporte para reducir el estrés, pero al mismo tiempo más de seis de cada diez reconocen llevar una vida sedentaria y uno de cada tres pasa más de siete horas sentado al día.
Para Javier Savín, vivimos en una sociedad que conoce perfectamente los beneficios de moverse, pero que cada vez encuentra más dificultades para cuidarse. "La presión constante, la hiperconexión y el agotamiento mental también afectan directamente a nuestra capacidad de autocuidado", adviertió. El psicólogo recordó además que el cerebro no es multitarea y que una de las claves del bienestar consiste en recuperar espacios de atención plena.
El experto en salud mental también citó el concepto de "flow", ese estado en el que toda nuestra atención está concentrada en una sola actividad. "Cuando hacemos deporte, tenemos que hacer deporte. Cuando hablamos con alguien, tenemos que hablar con alguien. El cerebro funciona mejor cuando está centrado en una sola cosa", explicó.
Martínez Ribó añadió que muchas veces las personas buscan soluciones complejas cuando el primer paso consiste simplemente en escuchar las alertas que envía el cuerpo. Según afirmó, el ejercicio ayuda a disminuir los niveles de cortisol, la hormona relacionada con el estrés, y favorece la liberación de endorfinas, asociadas al bienestar.
Sin embargo, advirtió de que más deporte no siempre significa más salud. El límite aparece cuando el entrenamiento impide descansar, relacionarse con los demás o mantener una vida equilibrada. "Cada edad tiene su propio deporte y cada persona necesita una actividad adaptada a su momento vital", señaló.
Una reflexión que encaja con una de las grandes lecciones que ha extraído Sara Sorribes de su experiencia: aprender a escucharse antes de que sea el propio cuerpo quien obligue a parar.










