A quienes nos gusta el café, cualquier información positiva sobre esta bebida nos interesa. Y es que durante años el café ha vivido entre dos extremos. Para unos (muchos) es un placer irrenunciable. Para otros, una bebida a la que se culpa de los nervios, el insomnio o la acidez. Sin embargo, la ciencia lleva tiempo descubriendo que sus efectos van mucho más allá del impulso de energía que sentimos por la mañana. Y las noticias son buenas.
De hecho, los investigadores saben hoy que el café puede tener beneficios para la salud intestinal y que algunos de ellos se mantienen incluso cuando eliminamos la cafeína.
Así lo explicó la neurocientífica Tamara Pazos durante una reciente jornada sobre microbiota y salud, organizada por Activia. Según la experta, el interés científico que despierta esta bebida no está tanto en la cafeína como en otras sustancias presentes de forma natural en el café, especialmente los polifenoles.
¿Por qué el café es bueno para tu microbiota?
Cuando pensamos en el café solemos pensar en su capacidad para mantenernos despiertos. Y es lo que hace. Una buena taza de café humeante (o frío, si se tercia) al despertarnos y la energía vuelve de inmediato. Sin embargo, los beneficios van más allá de sacudirnos el sueño.
Una taza contiene cientos de compuestos bioactivos diferentes. Entre ellos destacan los polifenoles, unas sustancias con capacidad antioxidante que también están presentes en alimentos como los frutos rojos, el cacao o el aceite de oliva.
Precisamente estos polifenoles parecen ser uno de los alimentos preferidos para unos microorganismos beneficiosos. De hecho, diversas investigaciones sugieren que pueden favorecer un ecosistema intestinal más diverso y equilibrado, es decir, una mejor microbiota, una de las características que los expertos asocian con una mejor salud.
No se trata de que el café actúe como un probiótico. Más bien funciona como una fuente de compuestos que determinadas bacterias pueden utilizar y transformar.
Qué dice la ciencia sobre el café y sus beneficios en la flora intestinal
La idea de que el café puede beneficiar a la microbiota no es solo una hipótesis. En 2024, un estudio publicado en la revista médica Nature Microbiology analizó a decenas de miles de personas y encontró que el café era uno de los alimentos que más influían en la composición de las bacterias intestinales. De hecho, fue la bebida que mostró una relación más clara con determinados microorganismos beneficiosos del intestino.
Uno de los hallazgos más llamativos fue que los consumidores habituales de café presentaban niveles mucho más elevados de una bacteria llamada Lawsonibacter asaccharolyticus, asociada a un ecosistema intestinal saludable. Lo interesante es que esta relación también aparecía en quienes tomaban café descafeinado, lo que llevó a los investigadores a pensar que los beneficios no dependen solo de la cafeína.
De hecho, tal como subraya Tamara Pazos, se piensa que buena parte del efecto podría explicarse por polifenoles. Tanto es así que, cuando llevaron el experimento al laboratorio, comprobaron que el café favorecía directamente el crecimiento de esta bacteria.
Una ayuda para combatir el estrés oxidativo
Otro de los motivos por los que el café interesa a los investigadores es su capacidad antioxidante. Cada día nuestro organismo genera moléculas inestables conocidas como radicales libres. Cuando se acumulan en exceso pueden contribuir al envejecimiento celular y favorecer distintos procesos inflamatorios.
Los antioxidantes ayudan a neutralizar parte de estos efectos. Y el café es una de las principales fuentes de antioxidantes en la alimentación de muchas personas.
Por eso algunos estudios relacionan su consumo moderado con beneficios en distintos ámbitos de la salud, aunque los expertos recuerdan que siempre debe analizarse dentro del contexto global de los hábitos de vida.
No todo el mundo lo tolera igual
Eso sí, que el café tenga potenciales beneficios no significa que sea adecuado para todas las personas. La propia Tamara Pazos recuerda que algunas personas lo toleran perfectamente mientras que otras experimentan nerviosismo, palpitaciones, molestias digestivas o alteraciones del sueño.
La respuesta depende de múltiples factores, entre ellos la genética, la sensibilidad individual a la cafeína, el momento del día en que se consume o la cantidad ingerida. Por eso es importante insistir en que no existe una recomendación universal.
Mucho más que una bebida para despertarse
Como vemos, durante décadas el café ha sido estudiado principalmente por sus efectos sobre la energía y el estado de alerta. Hoy los investigadores empiezan a observarlo desde una perspectiva más amplia.
Así, su relación con la microbiota, los polifenoles y la inflamación abre nuevas líneas de investigación sobre cómo la alimentación puede influir en la salud intestinal y general.
Por eso, si lo toleras bien, tu taza de café de la mañana podría estar haciendo algo más que ayudarte a empezar el día. También podría estar alimentando a algunas de las bacterias buenas que viven en tu intestino.









