A estas alturas del año hay una sensación bastante compartida entre trabajadores y estudiantes: agotamiento. Después de meses de horarios, entregas, reuniones, exámenes, pantallas y responsabilidades acumuladas, muchas personas sienten que están funcionando en "piloto automático" y que su energía física y mental se está agotando. Ahí es cuando aparecen los problemas para concentrarse, dormir bien, tener paciencia o, incluso, disfrutar de las cosas que normalmente gustan.
Por qué llegamos agotados a las vacaciones
Esta situación no se debe a la falta de ganas, sino a que el sistema nervioso está saturado. Y es que el cuerpo y la mente no están diseñados para mantenerse en alerta constante, pero viven así durante meses. El resultado es que nos acostumbramos a vivir con cansancio mental, irritabilidad, falta de motivación, tensión muscular, ansiedad, problemas digestivos o sensación de bloqueo.
Y en esa tesitura tan complicada, muchas personas se ven obligadas a hacer un esfuerzo extra antes de las vacaciones… y sienten que no pueden. ¿Cuál es la clave? Entender que no se trata de "hacer más", sino de aprender a regular mejor la energía.
Cómo regular tu saturación y salir del 'modo alerta'
Un buen modo de comenzar a hacerlo es integrar en el día a día la desconexión digital. Esto significa eliminar durante un rato, preferiblemente antes de dormir, cualquier contacto con móviles, tablets, ordenadores o cualquier pantalla. De esta manera, no solo reducimos la exposición a la luz azul, sino que facilitamos el silencio mental, lejos de las notificaciones que nos bombardean de manera constante.
Otro hábito clave es la respiración consciente. Esta herramienta sencilla, poderosa y gratuita ayuda a lanzar un mensaje de tranquilidad al cerebro: "estás a salvo". Las respiraciones lentas y profundas ayudan a activar el sistema nervioso parasimpático, responsable de la calma y la recuperación. Por eso, repetir estas respiraciones durante varios minutos favorece la relajación real de cuerpo y mente.
Otro aspecto importante es aceptar que el rendimiento perfecto no es sostenible todo el tiempo. Muchas personas llegan a junio intentando mantener el mismo nivel de productividad que en septiembre, y eso genera todavía más frustración. Debemos entender que, en esta etapa, lo importante no es llegar a todo, sino priorizar lo urgente y dejar para más adelante el resto de tareas.
Por último, integrar la meditación y el ejercicio en el día a día contribuye a generar oxitocina y reducir los niveles de cortisol, haciendo que aumente nuestro bienestar y que cuerpo y mente se mantengan activos en una actividad que se disfruta.
Gracias a hábitos que ayudan a relajar el sistema nervioso, el cuerpo y la mente salen del modo "alerta" y recuperan claridad mental, energía y bienestar antes del descanso veraniego. Porque las vacaciones ayudan, sí, pero el sistema nervioso no se repara de golpe en un solo día. Por eso, merece la pena empezar a cuidarlo a diario, no solo para ser más productivos, sino también para tener suficiente energía y calma para sostener lo que queda sin romperse por el camino.












