Somos supervivientes. Estamos programados para detectar amenazas y problemas. Así nos lo ha recordado la creadora del método Neurofitness y experta en entrenamiento cerebral y desarrollo cognitivo Catalina Hoffmann. Le hemos preguntado por qué tendemos a recordar nuestros fallos antes que los logros alcanzados cuando hacemos balance a final de curso y cuando acaba el año.
Según la especialista, los errores dejan una huella emocional más intensa pero está en nuestra mano equilibrar nuestro archivo mental y hacer una recapitulación más consciente. Para ella es importante "tener en cuenta los errores cometidos, pero sin permitir que eclipsen lo que hemos construido".
Practica la gratitud
Desde el punto de vista emocional, en palabras de Catalina, "este hábito ayuda a reducir el estrés acumulado, aumenta la satisfacción personal y nos ayuda a tener una actitud más positiva cuando nos toca afrontar un reto". Además, señala que "mejora las relaciones interpersonales, porque hace que valoremos más lo que otros han hecho por nosotros".
A nivel cognitivo, según la experta, "la gratitud favorece que tengamos una visión más equilibrada de la realidad, ayuda a que sepamos identificar los aprendizajes de las experiencias que vivimos y contribuye a que tomemos las riendas de nuestro pensamiento, siendo más conscientes de esos momentos en los que la negatividad empieza a tomar el control". Por eso, no tiene duda de que "a final de curso, esta práctica resulta especialmente valiosa porque es un momento de balance". Para Hoffmann, "dedicar tiempo a agradecer lo aprendido, los objetivos alcanzados y las personas que han formado parte del proceso permite cerrar la etapa con una mayor sensación de bienestar, motivación y crecimiento personal".
Cuidado con la exigencia
La autoexigencia es, tal y como nos constata la especialista, una fuente enorme de estrés para el cerebro. "Cuando tenemos constantemente ese diálogo interno tan crítico, nuestro sistema nervioso se pone en estado de alerta continua". Nos cuenta que "eso hace que la amígdala tome el control, nuestro cerebro racional tenga menos protagonismo y nuestros niveles de cortisol se mantengan elevados más tiempo del debido".
Esto, a largo plazo, se traduce en más negatividad, más impulsividad e irritabilidad, según la experta. "También favorece la inflamación crónica, dificulta el descanso y puede afectar negativamente a habilidades cognitivas como la memoria, la concentración o el razonamiento", nos cuenta.
Herramientas de fin de curso
Para un fin de curso alegre y consciente en el que puedas quedarte con todo lo bueno que te ha pasado, Catalina recomienda la meditación, porque "nos permite parar y conectar con nosotros mismos, relajando nuestro sistema nervioso y ayudando a que tomemos mayor conciencia y control respecto a nuestros pensamientos y nuestras emociones".
"Otro hábito que ayuda muchísimo es la escritura manual", señala también. "Coger un cuaderno de hojas blancas, un bolígrafo y reservar cinco o 10 minutos todos los días para escribir aquello que agradecemos. Es lo que se conoce como un diario o cuaderno de gratitud. Este hábito le manda la orden a nuestro cerebro de ponerse a pensar en positivo y, así, cada vez le cuesta menos".
Además nos dice que respecto a este diario de gratitud, hay un truco que mucha gente no conoce y que ayuda muchísimo y es utilizar un bolígrafo especial para hacer esa escritura manual. Es decir, usar siempre el mismo y que este tenga algo distintivo, por ejemplo, que sea llamativo. ¿Por qué? porque eso hará que, poco a poco y de forma automática, nuestro cerebro asocie ese bolígrafo con la gratitud y el pensamiento positivo y, así, hacer el "cambio de chip" le costará todavía menos.
Beneficios de reconocer tus logros
Reconocer un avance, según nuestra experta, hace que nuestro cerebro libere dopamina y se active su sistema de recompensa. "Esto no solo solo genere bienestar, sino que ayuda a fijar la memoria y hace que el cerebro reconozca esa acción como algo valioso que debe repetirse", apuntala. "El hábito de la gratitud también ayuda a consolidar nuevas redes neuronales, que realmente nos interesan. Y es que al reforzar los éxitos mediante la atención positiva, se pone en marcha la capacidad de adaptación del cerebro (neuroplasticidad) y se establecen nuevas conexiones entre nuestras neuronas", agrega.
Con la llegada del fin de curso, llega también el momento de hacer balance. Aunque nuestro cerebro tienda a fijarse en los errores y en aquello que quedó pendiente, dedicar tiempo a reconocer los avances, agradecer lo aprendido y valorar el camino recorrido puede ayudarnos a cerrar esta etapa con una sensación de mayor satisfacción y bienestar. Como señala Catalina Hoffmann, pequeños hábitos como la gratitud, la escritura o la meditación permiten entrenar una mirada más equilibrada sobre el año vivido y afrontar el próximo curso con más confianza, motivación y energía.









