La famosa frase de Hermann Hesse, Premio Nobel de Literatura: "Ser inteligente es bueno, ser paciente es mejor", analizada por nuestra psicóloga


La paciencia no es solo un rasgo de personalidad, también es una habilidad psicológica que se entrena y se desarrolla y la psicóloga Violeta Acedo nos dice cómo


Mujer serena en un jardín© Getty Images
25 de mayo de 2026 a las 20:00 CEST

La frase del escritor y filósofo Hermann Hesse, "ser inteligente es bueno, ser paciente es mejor", describe bastante bien lo que nos ocurre actualmente. Vivimos acostumbrados a la rapidez, a querer respuestas inmediatas y a resolverlo todo cuanto antes. Queremos que los mensajes lleguen rápido, que los cambios sean inmediatos y que cualquier problema tenga solución en el menor tiempo posible. Y cuando algo tarda, nos frustramos.

Esperar se ha convertido casi en algo incómodo. Nos cuesta tolerar los silencios, los procesos largos o simplemente aquello que no ocurre cuando queremos. Sin embargo, muchas veces no es la inteligencia lo que más ayuda en determinados momentos de la vida, sino la capacidad de mantener la espera sin desesperarse. Saber parar, tolerar la frustración o atravesar etapas difíciles sin reaccionar impulsivamente tiene mucho más peso emocional del que pensamos. 

Para entender mejor qué quiso decir Hermann Hesse con esta reflexión y qué relación tiene la paciencia con la salud mental, hemos hablado con la psicóloga Violeta Acedo, a partir de esta célebre cita, desgranamos la importancia que tiene aprender a ser paciente. 

Retrato de una mujer tímida y vergonzosa© Getty Images

¿Quién fue Hermann Hesse?

Hermann Hesse fue un escritor, poeta y pintor nacido en Alemania en 1877 y nacionalizado suizo años después. Está considerado uno de los autores más influyentes del siglo XX, especialmente por sus novelas sobre la identidad, la espiritualidad, la búsqueda interior y el conflicto entre el individuo y la sociedad. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1946.

Sus obras más conocidas son Siddhartha, Demian y El lobo estepario. En ellas mezcla filosofía, psicología y experiencias personales. Muchos de sus personajes atraviesan crisis existenciales, sienten que no encajan o buscan darle sentido a su vida.

Hesse estuvo muy influido por el psicoanálisis de Carl Gustav Jung y por filosofías orientales como el budismo y el hinduismo. De hecho, Siddhartha se convirtió en una de las novelas occidentales más famosas sobre la búsqueda espiritual.

Durante los años 60 y 70 sus libros volvieron a ponerse muy de moda entre los jóvenes, especialmente por su defensa de la libertad individual y el autoconocimiento.

Mujer tranquila y relajada rodeada de plantas© Getty Images

Qué quiso decir Hermann Hesse con esta frase sobre la paciencia

Todos conocemos a alguien que se desespera esperando un mensaje, que siente ansiedad cuando algo tarda demasiado o que necesita resolver cualquier problema inmediatamente. Y, en realidad, a todos nos pasa un poco.

La psicóloga Violeta Acedo explica que detrás de la frase de Hesse hay una idea muy relacionada con cómo gestionamos emocionalmente la incertidumbre. "Ser inteligente puede ayudarte a entender las cosas, sin embargo, ser paciente te permite sostenerlas".

Porque entender algo no siempre significa saber atravesarlo. Hay personas muy inteligentes que se bloquean ante la espera, la frustración o la sensación de no controlar lo que va a pasar.

En este sentido, la especialista recuerda que muchas veces no destaca quien encuentra antes las respuestas, sino quien consigue soportar mejor los tiempos difíciles sin derrumbarse emocionalmente.

"Desde la psicología, la paciencia está muy relacionada con la regulación emocional y la capacidad de posponer las recompensas inmediatas", señala Violeta Acedo.

Y es que vivimos tan acostumbrados a la gratificación instantánea que cada vez nos cuesta más convivir con la espera. Queremos resultados rápidos, alivio inmediato y soluciones cuanto antes. Basta ver cómo miramos el móvil constantemente o cómo nos desesperamos cuando una respuesta tarda unas horas en llegar.

Mujer preocupada y estresada chequeando su reloj mientras habla por teléfono © Getty Images

Por qué la paciencia puede ser más importante que la inteligencia

Como decíamos, hay momentos en la vida donde lo realmente difícil no es entender lo que ocurre, sino soportarlo emocionalmente.

Esperar el resultado de una prueba médica, atravesar un duelo, asumir que una relación necesita tiempo o aceptar que ciertos cambios no llegan de un día para otro requiere algo más que inteligencia. Ahí entra en juego la paciencia.

"La inteligencia depende de analizar, comprender o encontrar soluciones. La paciencia, en cambio, te permite atravesar la frustración sin actuar de manera precipitada", explica Violeta Acedo.

De hecho, algunas investigaciones psicológicas relacionan la capacidad de retrasar la gratificación con mayores niveles de bienestar emocional, relaciones más estables e incluso una mejor gestión del estrés.

Mujer frente al escritorio intentando relajarse© Getty Images

Por qué algunas personas son más pacientes que otras

Hay personas que toleran bastante bien la espera y otras que se agotan enseguida cuando algo no sale como esperaban. Y detrás de eso suele haber mucho más que carácter. Tal y como apunta Violeta Acedo, la forma en la que aprendimos a gestionar la frustración desde pequeños influye muchísimo. "La paciencia tiene mucho que ver con cómo aprendimos a gestionar la frustración".

Las personas que crecieron en ambientes donde podían equivocarse, esperar o atravesar malestar sin sentirse desbordadas emocionalmente suelen desarrollar una mayor tolerancia a la espera durante la vida adulta. No ocurre lo mismo si lo que vivimos fue impaciencia. 

También influye muchísimo el ritmo de vida actual. Vivimos acelerados, pendientes de estímulos constantes y acostumbrados a tenerlo todo de forma inmediata. "Estamos tan acostumbrados a la inmediatez que cada vez toleramos peor aquello que no ocurre rápido", afirma la psicóloga.

Y hay otro aspecto importante del que muchas veces no somos conscientes: el cansancio acumulado. Cuando una persona lleva demasiado tiempo viviendo con estrés, ansiedad o sobrecarga mental, el cerebro tiene menos capacidad para gestionar pequeñas frustraciones cotidianas. Esperar una cola, quedarse atrapado en un atasco o no recibir una respuesta inmediata puede generar irritación desproporcionada.

Mujer flotando en una psicina © Getty Images

Qué relación existe entre la impaciencia y la ansiedad

"La ansiedad tiene mucho componente anticipatorio, porque queremos que las cosas ocurran YA para reducir incertidumbre", señala la psicóloga.

Por eso muchas personas sienten auténtica incomodidad cuando tienen que esperar, parar o simplemente no hacer nada. El cerebro se acostumbra a vivir en alerta constante y luego le cuesta muchísimo bajar el ritmo.

Y es que hay personas que llevan tantos años viviendo aceleradas que terminan pensando que esa tensión constante forma parte de su personalidad. Pero el cuerpo y el cerebro no están preparados para funcionar permanentemente en modo urgencia. De hecho, termina afectando al descanso, la concentración e incluso a la capacidad de disfrutar de las cosas pequeñas del día a día.

Además, cuanto más acelerado vive alguien, peor suele tolerar cualquier interrupción o imprevisto. "A nivel psicológico, esto genera una sensación continua de saturación que muchas personas terminan confundiendo con su forma de ser, cuando en realidad muchas veces es agotamiento sostenido", afirma la especialista.

Mujer en un campo mirando al cielo © Getty Images

Se puede aprender a ser más paciente

La buena noticia es que la paciencia también se entrena. Igual que el cerebro se acostumbra a vivir acelerado, también puede aprender a tolerar mejor la espera, la pausa y la incomodidad. Así lo recuerda Violeta Acedo, que insiste en que "la paciencia no es solo un rasgo de personalidad, también es una habilidad psicológica que se entrena y se desarrolla".

Y muchas veces ese aprendizaje empieza en cosas muy pequeñas: cocinar sin prisas, caminar sin mirar constantemente el móvil, leer unas páginas sin interrupciones o dejar momentos del día donde no todo esté orientado a producir o responder rápido.

"La paciencia no significa resignarse ni aguantar todo, significa aprender a convivir con determinados tiempos sin desesperarse", concluye la psicóloga. Porque, al final, muchas de las cosas importantes de la vida necesitan tiempo.

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