En su momento más pleno y tras haber librado no pocas batallas personales, Marta González nos recibe en Menorca, el lugar donde se encuentran sus verdaderas raíces. Hija del recordado maestro Dámaso González, la periodista ha sabido transformar su mayor pasión en su forma de vida, convirtiéndose en una de las voces más influyentes a nivel global dentro de la Organización Mundial del Turismo Ecuestre. En esta entrevista para ¡HOLA!, la empresaria echa la vista atrás para recordar el legado de su padre, nos desvela cómo logró reconstruirse tras tocar fondo y nos confiesa el secreto de su felicidad actual junto a Fabri, el domador de caballos con el que comparte una misma y auténtica filosofía de vida.
Marta, el mundo del caballo no es solo una afición para ti, es una forma de vida. ¿Cuál es tu primer recuerdo subida a lomos de un caballo?
Mis primeros recuerdos a caballo son con mi padre. Pasábamos muchos fines de semana en el campo y recuerdo salir a pasear a caballo con él en una finca que teníamos, La Venta del Palomar, en Viveros (Ab) y allí están algunos de mis recuerdos más bonitos de la infancia. Desde entonces siempre asocié el caballo con mis momentos de felicidad y libertad.
Eres hija del recordado Dámaso González. ¿Hasta qué punto influyó tu entorno familiar en esa conexión tan profunda con los animales y la naturaleza?
Influyó mucho. Debido a la profesión de mi padre, he crecido en un entorno muy ligado al campo y aprendí a valorar esta forma de vida, lejos de los estándares que predominan en la sociedad de hoy en día. Aunque para algunas personas pueda sonar contradictorio porque era torero, mi padre era un gran amante de los animales. De él aprendí a cuidarlos, a preocuparme de que nunca les faltara agua, comida o todo lo necesario para su bienestar. También me gustaba ir a ver cuando sembrábamos y después la ilusión de recoger la cosecha... es algo que he vivido desde niña. De mi padre heredé profundamente ese amor y ese respeto hacia los animales y el campo.
Aunque mucha gente te identifica con el universo ecuestre, tu formación es en Periodismo y Ciencias Políticas. ¿Siempre tuviste claro que acabarías uniendo profesión y pasión?
La verdad es que no. Ni siquiera, lo pensé. Estudié Periodismo porque me gustaba la comunicación. Después estaba realizando la tesis doctoral en Ciencias Políticas porque pensaba dedicarme a la docencia universitaria. Nunca imaginé realmente que acabaría dedicándome profesionalmente al mundo del caballo. Yo siempre digo que fue la vida quien fue colocando las situaciones para llevarme hasta aquí. Yo solo puse la disciplina y el trabajo, por lo demás siento que la vida te va sacando de donde ya no debes estar más y te abre nuevas puertas. Y ahora en perspectiva, siento que Dios eligió para mí un camino mucho mejor del que yo misma había planeado.
Hubo un momento en el que decidiste apostar por la comunicación ecuestre cuando todavía era un sector muy nicho. ¿Cómo recuerdas aquellos primeros pasos?
Siempre recordaré y me siento muy agradecida a vosotros, a la revista y su director, Eduardo Sánchez y la subdirectora, Roseta del Valle, porque ¡HOLA! me dio la oportunidad de comenzar escribiendo un blog de caballos en 2013. En aquella época yo no sabía qué aceptación tendría porque era, como dices, muy nicho. En aquel momento había tocado fondo en el terreno personal y sentía que necesitaba volver a mis raíces, desconectar de todo y recuperarme a mi. Por eso aparqué mi tesis doctoral, que estaba realizando sobre política internacional, y decidí volver al campo, a los caballos y a esa parte de mí que necesitaba reencontrarse.
Ahí empezó todo. Comencé ese blog sin imaginar que cambiaría completamente el rumbo de mi vida. Lo que yo pensaba que sería algo temporal terminó convirtiéndose en mi forma de vida. Recuerdo que mucha gente al principio me decía: “¿Qué vas a escribir sobre caballos? Te quedarás sin temas en un mes”. Y fíjate… aquí estoy, más de diez años después, con una agenda llena de contenidos y de historias que contar relacionadas con el mundo ecuestre. Además, con un mensaje de fondo, que es aportar mi granito de arena en concienciar sobre el bienestar de los caballos.
Una de las voces más reconocidas del turismo ecuestre
El mundo del caballo ha estado tradicionalmente muy masculinizado. ¿Sentiste alguna vez que tenías que demostrar más por ser mujer y además pertenecer a una familia conocida?
Es cierto que antiguamente era un mundo más masculino, pero en la actualidad el sector ecuestre ha cambiado. Cada vez hay más mujeres jinetes, liderando proyectos, empresas y espacios dentro del mundo del caballo, especialmente en el ámbito en el que yo me muevo, que es el turismo ecuestre, y eso me hace muy feliz porque ayuda a crear empleo femenino en zonas rurales. Personalmente, siempre me he sentido muy bien tratada y muy acogida por el sector. Tanto cuando he realizado entrevistas en eventos hípicos, reportajes en yeguadas o contenidos de viajes a caballo, siempre he sentido muchísimo cariño y respeto por parte de las personas del sector. Al final, creo que cuando haces las cosas con pasión y con respeto, todo ello te vuelve.
¿Qué tiene un caballo que no hayas encontrado en ninguna otra cosa ni en ninguna otra relación?
La autenticidad. Un caballo no entiende de apariencias, ni de intereses, ni de máscaras. Percibe cómo eres realmente y también cómo estás emocionalmente. Son animales muy sensibles. Ellos son tu espejo. Por eso te obligan a trabajar la humildad, la paciencia, el equilibrio emocional y el respeto si quieres crear una conexión auténtica y real.
Has conseguido convertirte en una de las voces más reconocidas del turismo ecuestre y hoy ocupas un cargo importante dentro de la Organización Mundial del Turismo Ecuestre. ¿Cómo vives esta etapa profesional?
Gracias Marta. La estoy viviendo con mucha ilusión, pero también con responsabilidad, porque el turismo ecuestre está experimentando un gran crecimiento a nivel mundial y desde la OMTE estamos trabajando para que sea un turismo sostenible, de calidad y siempre tenga presente el bienestar animal.
Precisamente una de nuestras grandes apuestas dentro de la Organización Mundial del Turismo Ecuestre ha sido la creación de los certificados de bienestar animal. Fue una iniciativa que propusimos Fabrizio y yo cuando asumimos nuestros cargos directivos, porque creíamos que era fundamental impulsar un turismo ecuestre responsable, donde el bienestar de los caballos sea prioritario, pero también donde se apoyen proyectos de desarrollo rural y las economías locales.
"La vida me enseñó que no tenía que cambiar mi forma de vida, sino esperar a la persona adecuada para compartirla", nos dice sobre su pareja
El turismo ecuestre de lujo está viviendo un gran momento. ¿Qué busca realmente una persona que decide descubrir el mundo a caballo?
El caballo te lleva a lugares donde muchas veces no se puede llegar a pie. Y eso convierte el viaje en una experiencia absolutamente única. Además, que el caballo es un gran compañero de viaje. Puedes adentrarte en ríos, montañas, paisajes y rutas alejadas del turismo de masas. Descubres lugares mucho más auténticos y conectas con el entorno de una forma diferente. Además, creo que hoy el verdadero lujo no basado en lo material sino en la experiencia. Como safaris a caballo donde el lujo es dormir en medio de la sabana viendo las estrellas.
La experiencia más impactante que ha vivido fuera de España
Has viajado muchísimo gracias a esta profesión. ¿Cuál ha sido la experiencia más impactante o mágica que has vivido fuera de España?
He vivido muchas experiencias inolvidables y cada una ha tenido su propia magia. Desde recorrer caminos a caballo para llegar a ver el amanecer en el templo budista más grande del mundo, Borobudur, en Indonesia, comenzando el viaje desde un hotel ecuestre rodeado de naturaleza y espiritualidad, hasta conocer la cultura de México a través de la ruta del tequila y sumergirte en Haciendas históricas y sus tradiciones a caballo. También ha sido increíble descubrir las raíces gauchas en Argentina o vivir safaris en plena naturaleza salvaje, en lugares donde durante seis días no tienes cobertura y solo estás rodeada de animales salvajes y naturaleza.
Acabas de sumarte al impulso internacional de la Semana del Caballo de Menorca. ¿Qué hace tan especial al caballo de Pura Raza Menorquina?
El Pura Raza Menorquina es una de las grandes razas equinas que tenemos en España. Y en Menorca se sienten orgullosos del valor cultural y patrimonial que tiene su raza. Por eso han querido impulsar un evento como Menorca Horse Week: que ha sido un escaparate mundial que ha posicionado al caballo menorquín en el panorama internacional. El caballo menorquín combina su belleza morfológica con fuerza y, a la vez, nobleza. Y además tiene algo muy característico, su capa negra que le hace tan elegante y la facilidad para hacer el “bot”, ese movimiento de elevación tan espectacular que lo ha convertido en uno de los caballos más reconocibles y admirados del mundo.
En tus proyectos siempre aparece una idea muy ligada a la sostenibilidad y al desarrollo rural. ¿Puede el caballo convertirse en una herramienta real para revitalizar la España vaciada?
Estoy convencida de que sí. El turismo ecuestre es una oportunidad real para el desarrollo de las zonas rurales y además está muy ligado a la sostenibilidad y al apoyo de las economías locales. También contribuye a la desestacionalización, porque permite atraer visitantes durante todo el año. Y además tiene un papel muy importante para fijar población en el medio rural y generar oportunidades, especialmente para muchas mujeres que no quieren abandonar las zonas rurales y que encuentran en este tipo de emprendimientos una forma de construir un futuro en su propia tierra.
“Cuando cumples años, te das cuenta de que la paz es parte de la felicidad y que vivir rápido te hace saltarte lo importante"
España tiene un potencial enorme en este sector. ¿Qué nos falta todavía para competir al nivel de otros grandes referentes internacionales?
Así es, tiene un potencial enorme. Tanto, que somos el segundo país más demandado de Europa en turismo ecuestre. Sin embargo, muchas veces nosotros mismos no somos conscientes de lo que tenemos para vender al exterior. España reúne paisajes increíbles, tradición ecuestre, caminos históricos y culturales, un buen clima, profesionales formados y algunas de las mejores razas de caballos del mundo. Lo que falta es más inversión, más promoción internacional y seguir profesionalizando el sector para posicionar a España como un destino ecuestre de referencia mundial.
Su día a día entre los caballos y la organización de bodas
¿Cómo es el día a día de Marta González cuando se baja del caballo y entra en modo ejecutiva?
Mi día a día es bastante así: de repente estoy a caballo y, al rato, tengo que cambiar completamente el chip para dedicarme al mundo de las bodas y de los eventos. Durante seis meses al año, todos los fines de semana trabajo en las bodas. Y sinceramente, no te voy a mentir: durante muchos años fue muy difícil compaginar ambas partes de mi vida porque apenas tenía descanso.
Poner en marcha el negocio fue un camino muy duro. Hubo momentos en los que pensé en tirar la toalla porque ha sido una auténtica carrera de fondo. Pero con el tiempo he conseguido encontrar un equilibrio entre esas dos versiones de mí: por un lado, la parte más empresarial y, por otro, mi gran pasión, los caballos. Hoy siento que ambas forman parte de quién soy, aunque el camino para llegar hasta aquí no ha sido nada fácil.
Después de tantos viajes y tantos proyectos, ¿qué lugar ocupa hoy la calma en tu vida?
La paz ocupa un lugar fundamental en mi vida hoy en día. Cuando cumples años, te das cuenta de que la paz es parte de la felicidad. Que vivir tan rápido te hace saltarte las cosas importantes. Desde la calma se ve todo diferente. No voy a mentir: sigo trabajando muchísimo, llevo una disciplina diaria y sé perfectamente lo que cuesta ganarse la vida y construir las cosas. Pero ahora vivo desde otro lugar mucho más tranquilo, disfrutando el camino. El campo me da precisamente eso. Y, como suele decirse, me ha costado muchas batallas llegar a tener la paz que tengo hoy. Por eso ahora quiero cuidarla y mantenerla.
Tu finca familiar, Los Prados, sigue siendo un lugar muy importante para ti. ¿Es ahí donde verdaderamente consigues desconectar?
Ahora vivo aquí, así que para desconectar tengo que salir jajaja. Pero sí sigue siendo mi centro, mi refugio y mis raíces. Aquí es donde me siento en casa, es mi hogar.
El robo en la finca familiar y el enorme valor sentimental de aquellos objetos
Hace un tiempo vivisteis un episodio muy duro con el robo en la finca familiar y la pérdida de objetos de enorme valor sentimental de tu padre. ¿Cómo se supera algo así?
Sí, fue muy difícil, sobre todo no por lo material, sino por el enorme valor sentimental y emocional que tenían muchas de esas cosas relacionadas con mi padre y con nuestra historia familiar. Tengo la esperanza de que, algún día, sepamos lo que sucedió.
Tu familia transmite mucha unión y mucho arraigo. ¿Cómo sois en las distancias cortas cuando conseguís reuniros todos?
Sí, me siento muy afortunada por los valores que nos han dado mis padres. Y ahora de tener a mis hermanas y mi madre tan cerca. Además, tengo la gran suerte de tener unos cuñados maravillosos (Paco Ureña y Juan Peña) y unos sobrinos que son la alegría de la familia.
Su pareja Fabri, en su vida: "Hemos podido construir una vida en común sin tener que renunciar a nuestros sueños"
Con una agenda tan internacional, ¿cómo consigues mantener el equilibrio entre tu vida profesional y tu vida personal?
La verdad es que hace años pensé que tendría que renunciar a esta forma de vida, de viajar a caballo, porque no conseguía compaginarla con mi vida personal. Sentía que para tener una estabilidad en pareja tendría que renunciar a ello. Y entonces apareció Fabri. Durante estos años hemos conseguido acoplar nuestros trabajos —él como domador de caballos y yo con toda mi parte de comunicación y turismo ecuestre— y gracias a eso hemos podido construir una vida en común sin tener que renunciar a nuestros sueños.
Compartimos muchos proyectos, aunque cada uno tenga también los suyos propios, y creo que la vida me enseñó algo importante: no tenía que cambiar mi forma de vida, sino esperar a que llegara la persona adecuada para compartirla. No es fácil conseguir ese equilibrio y tampoco es fácil mantenerlo. Es un trabajo constante, igual que la paz de uno mismo. Siempre tienes que seguir creciendo, esforzándote y cuidando mucho aquello que has construido para poder vivir realmente la vida de tus sueños.
Quienes te conocen hablan siempre de tu optimismo y tu energía. ¿Cuál dirías que es tu filosofía de vida?
Siempre he sido una persona optimista, aunque la energía también se trabaja. Los hábitos físicos y mentales ayudan a tener una mejor calidad de vida. Hago ayuno, deporte, salgo a caminar todos los días sobre las 7 a.m. y, casi a diario, veo amanecer. El crecimiento personal está entre mis prioridades. Creo mucho en Dios y la fe me ayuda a pensar que lo que pase, será para bien. Después de la noche llega el día y después del invierno, la primavera. Confío que en los momentos difíciles, la vida te prepara por algún motivo quizás tienes que cambiar, crecer. Pienso que todo es por algo. Por ello, trabajo mi fe y mis pensamientos. Mi padre decía: “nunca pasa nada”. Por eso, cuando algo duele, ahora: suelto y confío.
También cuido mucho mi círculo, las personas de las que me rodeo. Con los años me he convertido en una persona más tranquila, introspectiva y disciplinada y priorizando el crecimiento personal. Me gusta rodearme de relaciones reales y auténticas. Quien te valora por lo que eres y no por lo que tienes. Creo que cuando vienes del campo aprendes mucho eso: a valorar la autenticidad y las relaciones sinceras. En la ciudad muchas veces todo va muy rápido y las relaciones funcionan con otros códigos. Sin embargo, cuando te alejas te das cuenta de que lo único verdaderamente importante es cuidar tu paz, tu energía y las personas que tienes alrededor. Porque la vida ya es bastante difícil por sí sola. Y si tú haces tu parte, con buenos hábitos físicos y mentales, ayudas a que todo fluya mejor.
En una época donde todo parece ir tan deprisa, tú proyectas serenidad y autenticidad. ¿Es algo que has aprendido con los años?
He cambiado mucho con los años. La vida y los tropiezos te enseñan lo que realmente vale la pena. Antes vivía todo con mucha más velocidad e impulsividad. Con el tiempo aprendes a relativizar, a elegir mejor tus batallas y a entender que la verdadera fortaleza muchas veces está en la calma.
También tienes un estilo muy reconocible, elegante pero natural. ¿Cómo definirías tu forma de vestir y de entender la elegancia?
Gracias. Creo que mi forma de vestir es bastante parecida a mi forma de ser. He tenido épocas de todo, pero siempre busco la naturalidad y que la moda sea funcional y coherente con la ocasión y mi estilo de vida. Puedo sentirme cómoda con un vestido espectacular como el de Silvia Fernández en la MHW pero también con mi ropa de diario en el campo. Ambas personalidades forman parte de mi. El lado más femenino y el lado más de trabajadora en el día a día. En cuanto a la elegancia, creo que tiene más que ver con la actitud, la educación y la autenticidad que con la ropa en sí.
Los animales dejan huellas emocionales muy profundas. ¿Qué te enseñó la pérdida de Negrito y de otros caballos importantes en tu vida?
Los animales me han enseñado mucho, tanto sobre el amor como sobre el dolor. Las personas que no han tenido un vínculo fuerte con un animal no pueden entender lo que duele la pérdida de un caballo o un perro. Como dicen: “Hasta que no hayas amado un animal una parte de tu alma estará dormida”. Aprendes también a aceptar ciertas heridas y a convivir con ellas desde otro lugar más sereno.
Momentos duros y sueños por cumplir
Cuando miras hacia atrás, ¿hay algún momento especialmente difícil que hoy agradezcas haber vivido porque te hizo más fuerte?
He tocado fondo varias veces en mi vida. He pasado momentos difíciles y creo que precisamente eso es lo que me ha forjado como persona. He vivido decepciones y situaciones que me costó gestionar tanto a nivel personal como profesional. Pero todos esos momentos me obligaron a reconstruirme y renacer de una forma más auténtica y me ayudaron a convertirme en la persona que soy hoy. Al final, los momentos difíciles son los que más te hacen crecer. Ojalá todo esto lo hubiera sabido cuando tenia 20 años jajaja.
¿Qué le queda por cumplir a Marta González, tanto en lo profesional como en lo personal?
Me quedan muchas cosas por cumplir en los dos ámbitos. Tengo muchos sueños, ganas, ilusiones y proyectos todavía por hacer. En lo profesional, me gustaría desarrollar proyectos relacionados con el bienestar animal, como estamos haciendo en OMTE, y ayudar a concienciar sobre el respeto hacia los caballos. También estamos con un nuevo proyecto en Los Prados que me ilusiona mucho.
Y para terminar… si mañana pudieras perderte a caballo en cualquier lugar del mundo, acompañada de alguien importante para ti, ¿dónde sería y con quién?
Probablemente me perdería en África. Siento una conexión con esa esencia de la vida y conmigo misma cuando estoy allí. Y sin duda me iría con Fabri, porque además de ser mi pareja compartimos la misma pasión por los caballos, la aventura, la naturaleza y también una filosofía muy parecida de entender la vida. En la época que le conocí, él trabajaba como domador y guía de safaris a caballo en Sudáfrica. No es fácil encontrar personas que valoren la autenticidad y las pequeñas cosas en un mundo tan consumista como el que vivimos. Y creo que nosotros compartimos eso, entre muchas otras cosas.












