La frase que marcó a Patricia Conde (46) al irse de casa: "No hagas caso de nada de lo que te digan"


La presentadora ha aplicado esta sugerencia materna durante toda su vida profesional y personal


"Siempre he sabido lo que quería laboralmente, pero en lo sentimental me he dejado llevar, y así me ha ido", dijo Patricia en ¡HOLA!© Europa Press
30 de marzo de 2026 a las 7:00 CEST

¿Hasta qué punto te crees lo que dicen de ti? ¿Te afectan más los halagos o las críticas? Patricia Conde puso sobre la mesa una reflexión que conecta directamente con cómo nos miramos por dentro y por fuera. En el podcast Musas, recordó el consejo que le dio su madre cuando, con solo 19 años, dejó Valladolid para empezar a trabajar en la gran ciudad. Una sugerencia que, como señalaba la presentadora, le pareció dura a priori, pero que luego lo aplicó en la vida reconociendo lo sabia que es su madre. Le dijo: “No hagas caso de nada de lo que te digan. Ni de lo bueno, ni de lo malo hagas caso jamás. Escucha tu voz interior. Tu pepito grillo, que es el que siempre va a tener la razón”. Conde reflexionaba sobre ello y reconocía que "todos tenemos ego. Y está bien tenerlo. Pero no tiene que llevar el volante".

Una frase que encierra toda la sabiduría que le transmitió su madre y que deberíamos tener siempre presente. Es decir, aprender a convivir con el ego sin que se convierta en el motor de nuestras decisiones. Porque, como explica la psicóloga Lara Ferreiro, esa voz interna que nos protege también puede distorsionar la realidad si no sabemos ponerla en su sitio.

Patricia Conde en el Festival de Televisión de Vitoria, el 6 de septiembre de 2018© GTRES

Qué es exactamente el ego

Según Lara Ferreiro, psicóloga experta, el ego es “la construcción del yo psicológico, la identidad, la narrativa personal que nos contamos sobre nosotros mismos”. Es la imagen que proyectamos y, al mismo tiempo, el sistema que regula cómo nos relacionamos con los demás. Funciona como un mecanismo adaptativo y de defensa: justifica acciones, compara logros o protege frente a inseguridades. Es decir, el ego no es malo por sí mismo; es un aliado cuando se usa para sobrevivir social y emocionalmente.

El problema surge cuando el ego se hincha. Ferreiro explica que incluso los egos más elevados pueden esconder profundas inseguridades, especialmente aquellos que nacen de carencias en la infancia. Un artista secundario, por ejemplo, puede haber tenido carencias económicas o afectivas y, más tarde, alimentar un ego desmedido como forma de compensación. Además, el ego depende de la validación externa: se alimenta de reconocimiento, éxito y aprobación ajena. En cambio, la autoestima nace del interior, de un autoconcepto estable y realista, que permite aceptar errores y escuchar a los demás sin sentirse amenazado.

Patricia Conde posando con gafas de sol © paticonde

Tener ego: ¿es bueno o malo?

No hay que demonizarlo: todos necesitamos un mínimo de ego. Ferreiro lo compara con el estrés: en pequeñas dosis activa, motiva y protege; en exceso, desestabiliza. Un ego sano ayuda a poner límites, defendernos y mejorar nuestro rendimiento, especialmente en contextos profesionales donde la visibilidad y la iniciativa son claves. Pero cuando supera lo recomendable, genera conflictos, competitividad desmedida y dependencia de la aprobación externa.

Los perfiles más proclives a tener un ego elevado incluyen personas con baja autoestima, individuos narcisistas, quienes han alcanzado el éxito o la fama a edad temprana y quienes han crecido en ambientes muy críticos. En cambio, quienes han trabajado traumas, desarrollado madurez emocional y cultivado autoestima sólida suelen mantener el ego en niveles equilibrados.

Plano medio de Patricia Conde en Martínez y Hermanos© paticonde

Cuándo el ego es excesivo

El ego desmedido se manifiesta de varias formas: incapacidad para aceptar críticas, necesidad constante de tener la razón, comparaciones continuas, dificultad para pedir perdón o disfrutar del éxito ajeno. También puede distorsionar la realidad, generando egocentrismo, inventando logros o construyendo una identidad falsa. 

Además, la falta de empatía es un rasgo frecuente, mientras que la autoestima auténtica permite escuchar y conectar con los demás sin sentirse amenazado.

Patricia Conde posando con una sudadera roja © paticonde

Cómo impedir que el ego lleve el volante

Ferreiro ofrece estrategias prácticas para regular el ego y fortalecer la autoestima. Algunas claves son:

  • Pausar antes de reaccionar: en una discusión de pareja o en el trabajo, parar antes de defenderse permite responder desde la reflexión y no desde la defensa egóica.
  • Aceptar errores y pedir perdón: reconocer fallos fortalece la autoestima y evita que el ego dicte cada acción.
  • Reducir la validación externa: no obsesionarse con "likes" en redes sociales ni buscar constantemente la aprobación ajena.
  • Practicar la empatía: alegrarse por el éxito de los demás y escuchar sin interrumpir.
  • Actos desinteresados: ayudar sin esperar reconocimiento, actuar sin competir ni impresionar.
  • Poner límites desde la calma: decir “no” sin agresividad y sin sentirse culpable.
  • Autoconocimiento: reflexionar sobre la infancia, reconocer carencias y valorar los propios logros y valores personales.
  • Humildad consciente y diálogo interno positivo: reforzar lo que nos gusta de nosotros mismos sin depender de la comparación con otros.

En definitiva, la clave para vivir con autenticidad, equilibrando seguridad y autoconocimiento. Y eso es algo que Patricia Conde lleva siempre por bandera. 

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