A veces sucede que alguien toma una decisión que te afecta directamente y, cuando preguntas, no obtienes ninguna explicación. Ni ahora ni después. Ese silencio, lejos de aclarar, suele generar más dudas que respuestas. ¿Es una cuestión de carácter, de límites o de algo más profundo? Desde la psicología, este comportamiento tiene lecturas más complejas de lo que parece: nos lo ha contado Leticia Martín Enjuto, psicóloga sanitaria experta en psicología cognitivo conductual (www.psicologaleticiamartin.com). Nuestra especialista señala que evitar dar explicaciones no es un gesto inocente. Tal y como explica, "suele ser un comportamiento vinculado a mecanismos de defensa. En muchos casos observo en consulta cómo, estas personas asocian las explicaciones con una manera de justificarse o debilitarse".
Quiénes suelen hablar menos de sus decisiones y emociones
Claro que, no todas las personas actúan igual ni por los mismos motivos. Según señala la experta en salud mental, este patrón es frecuente en personas con determinados estilos vinculares: "Para alguien con un estilo de apego evitativo, concepto que inicialmente desarrolló por John Bowlby, dar explicaciones puede sentirse como una invasión a su autonomía o como una amenaza a su independencia emocional".
Desde una mirada más relacional, la experta apunta que el silencio también puede cumplir una función de poder dentro del vínculo. En sus palabras, "desde una mirada sistémica, no dar explicaciones puede funcionar como una manera de marcar límites rígidos o mantener control en la dinámica relacional".
En algunos casos, este comportamiento se relaciona con rasgos de personalidad más defensivos. De hecho, suele ser un patrón propio de personas con rasgos de personalidad narcisistas o altamente defensivos, para los cuales, como explica la especialista, admitir razones implicaría exponerse a la crítica o al cuestionamiento".
Por qué algunas personas no dan explicaciones
El origen, sin embargo, muchas veces está en experiencias pasadas. A veces pasa, que cuando un niño explica alguno de los motivos por los que actuó de una manera determinada, se encontró con un comportamiento que sintió ofensivo por parte de quienes le escucharon. Teniendo en cuenta este ejemplo, según explica la psicóloga, "el aprendizaje temprano tiene mucho que ver con esto. Si en la infancia dar explicaciones fue castigado, invalidado o ridiculizado, la persona puede haber aprendido que callar es más seguro que dialogar".
Aquí entran en juego creencias profundas que se activan de forma automática. A juicio de la especialista, "intervienen esquemas cognitivos profundos, como los descritos por Aaron T. Beck, donde se activan creencias, como pensar que si te explicas te van a atacar, o que no debes nada a nadie".
No siempre hay una intención consciente de dañar al otro. En algunos perfiles, el problema está en la dificultad para registrar el impacto emocional de las propias acciones. "En algunos casos, no dar explicaciones responde a dificultades en la comunicación emocional. Personas con baja inteligencia emocional, escasa capacidad de mentalización o poca habilidad para reconocer el impacto de sus actos pueden simplemente no dimensionar la importancia relacional de explicar".
Consecuencias en las relaciones y a la salud mental
Convivir o vincularse con alguien así no es neutro. Decir que para que una relación funcione (familiar, de amistad o sentimental) la comunicación es clave no es ninguna novedad. Por eso, las consecuencias psicológicas que puede tener pasar tiempo con alguien que no cede espacio a verbalizar lo que le sucede, o explicar cualquier otra cuestión, pueden ser importantes, e incluso, "la falta de información activa ansiedad, rumiación y sensación de inseguridad", tal y como comenta Leticia Martín.
Desde la teoría del apego, esta dinámica tiene efectos claros sobre la forma en la que nos relacionamos. En palabras de Leticia Martín Enjuto, "La imprevisibilidad relacional tiende a activar sistemas de alerta emocional, generando vínculos marcados por la hipervigilancia o el distanciamiento defensivo".
Con el tiempo, el silencio reiterado puede minar la percepción que uno tiene de sí mismo. "Además, esta dinámica puede erosionar la autoestima. Cuando una persona nunca explica, el otro puede comenzar a atribuir el silencio a fallas propias. Preguntarse si se hizo algo mal, o si uno no es suficiente es habitual", cuenta la experta.
En relaciones prolongadas, el desgaste es aún mayor. A juicio de la psicóloga, "En vínculos prolongados, la falta de explicaciones debilita la confianza. La transparencia es uno de los pilares de las relaciones saludables; cuando no está presente, se instala una dinámica asimétrica donde uno decide y el otro interpreta".
Cómo gestionar que alguien no dé explicaciones
Ante este tipo de vínculos, no todo pasa por insistir o confrontar. Leticia Martín Enjuto señala algunas pautas para manejarlos mejor: "Para manejar este tipo de vínculo, se recomienda establecer límites claros y comunicación directa. En lugar de exigir explicaciones desde la confrontación, puede ser útil expresar cómo impacta el silencio, Es decir, comentar que cuando no te explican las decisiones, te sientes excluido".
Si el patrón se mantiene y genera malestar, la terapia es clave para "redefinir acuerdos y expectativas relacionales". Ya sea a nivel individual o en pareja, las sesiones psicológicas ayudan y sirven de apoyo ante estas situaciones, estudiando cada caso de manera personal y aportando herramientas de gestión emocional que incorporar para mejor la comunicación.
Qué hacer si te cuesta dar explicaciones
Pero ¿qué ocurre cuando somos nosotros quienes evitamos explicar? El primer paso, según Leticia Martín Enjuto, es tomar conciencia del efecto que tiene en los demás. Tal y como comenta, "El primer paso para modificar este patrón es desarrollar conciencia del impacto que tiene en los demás. Muchas personas no explican porque consideran que no es relevante".
Aprender a comunicar no implica justificarse constantemente. A juicio de la especialista, "También es importante diferenciar entre sobre explicarse y comunicar lo necesario. Explicar no significa justificar cada movimiento ni pedir permiso constantemente".
Desde el enfoque cognitivo-conductual, este patrón se puede trabajar revisando las creencias que lo sostienen. Así lo explica: "Puede trabajarse la identificación de creencias limitantes asociadas al acto de explicar. A veces pensamos que si explicamos perdemos autoridad, o que nos van a cuestionar.
Sin embargo, todo se puede trabajar y cambiar. Eso sí, como cualquier hábito y comportamiento al que estemos acostumbrados, requiere fuerza de voluntad, tiempo y constancia. Según señala Leticia Martín Enjuto, se puede empezar por "practicar pequeñas explicaciones en situaciones cotidianas ayuda a desensibilizar el temor inicial".
Por último, la psicóloga subraya que explicar no debilita, sino que refuerza los vínculos. En sus palabras, "Fortalecer la comunicación asertiva es clave. Aprender a expresar motivos de manera breve, clara y sin defensividad permite mantener la autonomía sin generar desconexión. Explicar en su justa medida no debilita el carácter; al contrario, suele fortalecer la confianza y consolidar vínculos más equilibrados y saludables".
















