La clave que explica por qué tu pelo no mejora aunque tomes suplementos, según esta nutricionista
Te contamos el motivo por el que puedes sentirte más cansada, hinchada y tu cabello, uñas y piel han perdido el brillo aunque te gastes dinero en cremas, champús y suplementos
Vivimos aceleradas. Vamos de una tarea a otra, dormimos con el móvil en la mesilla y muchas veces normalizamos el cansancio como si fuera parte inevitable de la rutina. Pero ¿y si esa falta de vitalidad, esa piel más apagada o ese cabello más frágil no tuvieran tanto que ver con la edad o con la cosmética como con el estado de nuestra mente?
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Cada vez más especialistas hablan de una conexión directa entre el bienestar emocional y la salud física. La nutricionista integrativa Sofía Alonso Almazán, especializada en PNIE (Psiconeuroinmunoendocrinología), y colaboradora de ZZEN labs, nos cuenta que "existe una relación muy estrecha entre el estrés mental, la fatiga crónica y la falta de vitalidad”. Y no es una frase hecha. Es fisiología pura.
Estrés mental y falta de energía: qué ocurre en tu cuerpo
Cuando vivimos en tensión constante, el organismo entra en lo que la experta describe como un permanente “modo alerta”. ¿Qué significa eso? Que el cuerpo libera cortisol y adrenalina de forma continuada.
“A corto plazo son hormonas necesarias y saludables, pero cuando se cronifican provocan un agotamiento generalizado del organismo”, explica Sofía Alonso. Es decir, el sistema nervioso permanece activado como si estuvieras ante un peligro real… aunque lo único que tengas delante sea una bandeja de entrada llena de correos.
Ese estado sostenido impacta directamente en la energía. Se altera el sueño, baja la calidad del descanso, se desregula el apetito y aumentan los procesos inflamatorios. “¿Cómo no vas a estar cansada si estás en modo lucha constante?”, plantea la especialista.
Además, aunque duermas siete u ocho horas, eso no garantiza que estés descansando bien. “La mente consume mucha más energía de lo que solemos pensar. El cerebro no “desconecta” del todo y consume muchos recursos, es como tener muchas aplicaciones abiertas en segundo plano. La conclusión es: podemos dormir lo suficiente en cantidad, pero no en calidad y por eso esa sensación de niebla mental, cansancio y baja vitalidadal día siguiente".
Señales físicas de que tu bienestar mental no está en equilibrio
Muchas veces normalizamos síntomas que, en realidad, son señales claras de que algo no está funcionando como debería. “El cuerpo suele avisar antes de que la mente lo reconozca, por eso es tan importante aprender a escuchar sus señales”, insiste la nutricionista.
Entre los signos más frecuentes se encuentran elcansancio persistente pese a dormir suficientes horas, los despertares nocturnos, la dificultad para conciliar el sueño o el descanso superficial. También son habituales los dolores musculares —especialmente en cuello, hombros o mandíbula—, los problemas digestivos como hinchazón o acidez y los cambios en el apetito.
A esto se suman los dolores de cabeza, la irritabilidad o la hipersensibilidad emocional. Todo forma parte de un mismo engranaje: el sistema nervioso, el sistema hormonal y el sistema inmunitario están conectados. Cuando uno se desajusta, el resto lo acusa.
Si últimamente notas la piel más reactiva, con tendencia al enrojecimiento o más seca de lo habitual, quizá no sea solo cuestión de cremas. El estrés sostenido tiene un efecto directo en el aspecto externo.
“Cuando hay estrés sostenido, el cuerpo prioriza la supervivencia, no la regeneración”, explica Sofía Alonso. Esto significa que el organismo destina la energía y los nutrientes a órganos vitales como el cerebro o el corazón, dejando en segundo plano estructuras como la piel, el cabello o las uñas.
En el caso de la piel, el cortisol aumenta la inflamación y altera la microbiota cutánea. “Puede aparecer más acné, mayor sensibilidad, enrojecimiento o incluso empeorar patologías como dermatitis, rosácea o psoriasis”, señala.
En el cabello, el impacto se refleja en el ciclo de crecimiento. El estrés puede favorecer una caída más abundante y afectar a la absorción de nutrientes clave como el hierro, el zinc o las vitaminas del grupo B. El resultado: un cabello más fino, frágil y sin brillo.
Por eso, cuando el malestar emocional se prolonga en el tiempo, el espejo acaba convirtiéndose en un reflejo bastante fiel de lo que ocurre por dentro.
La buena noticia es que el proceso es reversible. “Cuando recuperamos la calma mental, baja el cortisol y la inflamación, y el cuerpo puede volver a activar los procesos de regeneración y reparación”, afirma la experta.
Eso incluye la producción de colágeno en la piel y la normalización del crecimiento capilar. El organismo ya no necesita desviar todos los recursos a la supervivencia, porque dispone de energía suficiente y de un descanso realmente reparador.
Sofía Alonso indica que "muchas veces no sirven de nada los champús caros o los suplementos ‘mágicos’ si primero no tenemos nuestra mente y nuestro cuerpo en equilibrio. La verdadera salud y belleza vienen desde dentro”.
Este enfoque integral no descarta la cosmética ni la suplementación, pero las sitúa en su contexto adecuado. Primero hay que trabajar el terreno: el sistema nervioso, el descanso, la alimentación y los hábitos diarios.
Entonces, ¿por dónde empezar si te reconoces en esta falta de vitalidad? La especialista apuesta por cambios pequeños, sostenidos en el tiempo.
“Un cambio brutal es priorizarse a uno mismo”, afirma. Puede parecer obvio, pero no lo es tanto en la práctica. Poner en primer lugar el descanso, los hobbies y el tiempo personal no es egoísmo, es autocuidado.
Dormir a diario lo suficiente y, sobre todo, con calidad; salir a pasear y exponerse a la luz natural; reducir la exposición constante a pantallas y luz azul; aprender a respirar de forma consciente… son gestos sencillos con un impacto profundo.
“Aprender a respirar suena a tontería, pero es de lo más eficaz para calmar la mente y oxigenar el cuerpo”, subraya.
La alimentación también juega un papel clave. La experta recomienda una dieta natural y equilibrada, rica en frutas, verduras, proteínas y grasas saludables, junto con una hidratación adecuada. “El cuerpo es una máquina maravillosa que, si recibe el combustible que necesita, tiene una capacidad de recuperación asombrosa”, asegura.
Y, frente a las soluciones radicales, insiste en la constancia: “Me gusta apostar por pequeños cambios consistentes más que por medidas extremas”.
En un momento en el que buscamos fórmulas rápidas para sentirnos mejor, quizá el verdadero glow —ese brillo que asociamos a la piel luminosa y al cabello sano— tenga más que ver con la calma mental que con el último lanzamiento cosmético. Escuchar tu cuerpo, regular el estrés y cuidar tu energía no es solo una cuestión de bienestar interior. También es, literalmente, una cuestión de piel.