Jorge Románov, gran duque de Rusia, desciende de la dinastía que gobernó Rusia durante más de 300 años. Asume su herencia con responsabilidad histórica, pero también con una mirada puesta en el presente. En el siglo XXI, el legado Románov se traduce en iniciativas culturales y sociales y en el deseo de contribuir a una comprensión más justa y rigurosa de la historia. Hijo de María Vladímirovna, jefa de la Casa Imperial rusa, Jorge vino al mundo en Madrid y sigue profundamente vinculado a España. Pero la combinación entre tradición y vida cotidiana se hace especialmente visible en Roma, donde reside parte del año con su mujer, Victoria Románova, y sus dos hijos, junto a los que nos recibe en su casa, en pleno centro histórico, a pocos pasos del Panteón.
Es una vivienda del siglo XVI, que fue restaurada con esmero por la familia de Rebecca (nombre de soltera de la gran duquesa) en los años 70, cuando decidieron instalarse en un barrio que entonces muchos consideraban incómodo y anticuado.
Jorge, ¿qué nos puede contar de esta casa?
Pertenece desde hace muchos años a la familia de mi mujer, pero sus padres decidieron “rescatarla” en 1975. Es una casa muy vivida, en la que recibimos muchos invitados, siempre está llena de amigos, familia, niños, perros, loros, gatos... Aquí no nos aburrimos nunca y vivimos muchos momentos de alegría. La primera vez que mi mujer me trajo a Roma, me pareció increíble pensar que el edificio se construyó apenas 20 años después del descubrimiento de América. Y la torre que pertenece al edificio es aún más antigua. Desde luego, todas las casas de este barrio del Panteón se construyeron con los restos de los templos de la época pagana que se tumbaron cuando empezó el cristianismo. Todo en esta casa habla de historia y nos enfocamos en mantenerla sin desnaturalizar su estilo original.
"Mis bisabuelos, primos hermanos del zar Nicolás II de Rusia, lograron sobrevivir únicamente por una casualidad. Podría decirse que fue el destino lo que permitió que hoy yo pueda estar aquí"
Jugar entre las estatuas de Bernini y Borromini
¿Qué importancia tiene para usted vivir parte del año en Roma?
Roma es la ciudad de mi esposa y el lugar donde vive su familia, por lo que para nosotros es muy importante que nuestros hijos puedan pasar tiempo con sus abuelos y conocer sus raíces. Además, yo también tengo familiares en la ciudad, y disfruto mucho compartiendo momentos con ellos cuando venimos. Roma es como un museo al aire libre y me fascina ver cómo Alexander, nuestro hijo, juega con otros niños del barrio entre calles llenas de historia y arte. Las estatuas de Bernini y Borromini se convierten en sus compañeros de juego; los niños pueden explorar y divertirse como si cada rincón fuera un parque lleno de historias y aventuras.
¿Qué significa ser el heredero de la Casa Imperial Románov?
Significa, ante todo, asumir una profunda conciencia histórica. Como descendiente directo de la Familia Imperial rusa, vinculado también a la Casa Real de Prusia y a la Familia Real georgiana Bagration, soy muy consciente de lo que estas dinastías han representado a lo largo de los siglos. No se trata solo de una sucesión de nombres o títulos, sino de un legado que ha influido decisivamente en la construcción política, cultural y social de Europa. Como miembro de la dinastía Románov, me impresiona la magnitud de los acontecimientos que mis antepasados protagonizaron y las transformaciones que impulsaron. Es imposible no sentir respeto ante una historia que abarca más de tres siglos y que dejó una huella profunda en Rusia y en Europa. Para mí, esta herencia no es un peso, sino una responsabilidad y un honor. Representar a mi familia exige hacerlo con dignidad, respeto y sentido del deber, siendo consciente de que el apellido que llevo forma parte del patrimonio histórico y cultural de muchas personas.
"Mi interés está más en la memoria y el legado histórico que en imaginar un trono hipotético", dice Jorge sobre su papel como sucesor de la Casa Imperial rusa
Figuras históricas
¿Cómo vive el hecho de ostentar el título de zarévich en el siglo XXI?
No lo ostento. Lo entiendo como una responsabilidad y lo pongo al servicio de los demás, especialmente en iniciativas culturales, sociales y caritativas relacionadas con las causas que apoyamos. Por eso hemos creado fundaciones que se encargan de transformar nuestras ideas en proyectos concretos y reales, para que ese legado tenga una utilidad práctica y positiva en la sociedad actual.
¿De qué manera influye en su vida cotidiana descender de figuras como Alejandro II de Rusia, la Reina Victoria del Reino Unido o Guillermo II de Alemania?
Son figuras históricas de enorme importancia a las que siempre he tenido un profundo respeto y admiración por lo que lograron en su tiempo. Sin embargo, en mi vida diaria como marido, padre y profesional, la influencia más directa y significativa proviene de mis tíos, abuelos, padres y otros miembros de la familia con los que he compartido experiencias y relaciones personales. Ellos son los que realmente han dejado una huella en mi forma de ser y en mi manera de enfrentar la vida.
"En los años 70, mis padres emprendieron una gran reforma. En aquella época, muchas viviendas del centro histórico no tenían agua corriente ni electricidad; de hecho, todavía se cocinaba en las chimeneas"
Si Rusia siguiera siendo una monarquía, ¿cómo imagina que sería su reinado?
Honestamente, nunca lo he pensado en profundidad. Probablemente, si no hubiera ocurrido la revolución rusa y la familia de Nicolás II de Rusia no hubiera sido exterminada, hoy estaría al frente de la monarquía rusa algún descendiente directo de Nicolás II. El zarévich Alexéi, por su enfermedad, probablemente no habría podido acceder al trono ni heredar, por lo que el reinado recaería en otro miembro de la familia. Seguramente se trataría de una monarquía constitucional, adaptada a los tiempos modernos. Pero, en realidad, estos son escenarios de historia ficción, a los que no me dedico; mi interés está más en la memoria y el legado histórico que en imaginar un trono hipotético.
Nació en Madrid.
Sí, nací en España, un país que siento también como mi hogar, con una historia y unos valores que siempre me han marcado. Tengo muchos amigos allí, me siento cómodo y querido, y me alegra enormemente poder pasar tiempo en España. Le tengo un cariño muy especial.
¿Se siente más ruso o español?
Me siento ruso, pero, como decía, España es un país muy especial para mí. He vivido allí durante mucho tiempo, regreso con frecuencia y me siento como en casa. Además, allí están mis amigos más cercanos y queridos, así como parte de mi familia, lo que hace que siempre tenga un vínculo muy fuerte y afectuoso con el país.
Los Reyes de España, ejemplo de servicio
¿Qué ha significado la relación histórica y personal de su familia con la Casa Real española?
Nuestra familia está vinculada, a través de diversos parentescos, con prácticamente todas las Casas Reales de Europa. La relación con la española es especialmente significativa, porque los Reyes de España siempre han dado un ejemplo de servicio y dedicación a su país. Siempre están al servicio de su pueblo, y eso es, a mi juicio, uno de los rasgos más importantes de cualquier monarquía: ser un vínculo vivo entre el pasado y el presente de la nación y de sus ciudadanos. Este ejemplo de compromiso y responsabilidad no solo tiene valor institucional, sino también personal. Para mí y para mi familia, representa un modelo de conducta y de valores, un referente de cómo la historia y la tradición pueden convivir con la vida contemporánea de manera positiva y respetuosa. Es un símbolo tanto a nivel interno como internacional y un ejemplo que inspira nuestra propia manera de entender el legado de la Casa Románov.
Viviendo en el anonimato
¿Cómo ha marcado a su familia la figura de Nicolás II de Rusia y el final de la monarquía en 1917?
La caída del Imperio ruso representó una tragedia profunda y directa para nuestra familia. No solo marcó de manera personal el trágico destino de la Familia Imperial, sino que también provocó la muerte de muchos miembros de la dinastía. Mis bisabuelos, primos hermanos de Nicolás II de Rusia, lograron sobrevivir a la furia comunista únicamente por una casualidad. Podría decirse que fue el destino lo que permitió que hoy yo pueda estar aquí. Además del dolor por las pérdidas, la familia sufrió la dispersión de los pocos miembros que quedaban, extendiéndose a lo largo de varios países y viviendo muchas veces en el anonimato. Durante décadas, nuestra historia estuvo marcada por la necesidad de ocultarse y adaptarse a nuevas circunstancias, lejos de la patria y del reconocimiento público. Afortunadamente, nuestra generación no ha tenido que enfrentar esas adversidades directamente y somos conscientes de la suerte que tenemos de poder vivir con normalidad. Al mismo tiempo, procuramos mantener viva la memoria de esos hechos trágicos. Recordarlos no es un ejercicio de nostalgia, sino una forma de honrar a nuestros antepasados y aprender de la historia, para que tragedias similares no se repitan y el legado de la familia Románov permanezca presente y respetado.
"Al convertirse a la fe ortodoxa, mi esposa eligió el nombre de Victoria en honor a mi bisabuela Victoria Melita, princesa de Inglaterra y nieta de la Reina Victoria"
¿Qué significó para usted que Rebecca se convirtiera a la fe ortodoxa y adoptara el nombre de Victoria Románova?
Fue una decisión personal de Rebecca y me conmovió profundamente la forma en que lo hizo y el cariño que le tiene a mi familia y a nuestra dinastía. Curiosamente, por una coincidencia del destino, su padre había participado en la construcción de la iglesia ortodoxa de Roma, lo que hace que su elección tenga un significado aún más especial. Rebecca eligió el nombre Victoria en honor a mi bisabuela Victoria Melita, princesa de Inglaterra y nieta de la Reina Victoria, quien se casó con mi bisabuelo Kyrill de Rusia y llegó a ser gran duquesa de Rusia. Me siento muy orgulloso de que mi mujer se dedique con tanta pasión a aprender y valorar la historia, el arte y la cultura de nuestra familia y de mi país, demostrando un respeto y una entrega que fortalecen nuestro legado familiar.
Primera boda en un siglo
La suya fue la primera boda de un heredero Románov que se celebraba en Rusia en más de un siglo. ¿Eran conscientes de lo que representaba?
Para nuestra familia, fue un acontecimiento de gran importancia y significado. Ningún miembro que viviera durante la época de la Unión Soviética habría podido imaginar que algún día volveríamos a nuestra patria, celebraríamos una boda allí y, además, tendríamos hijos nacidos en Rusia. Poder vivir algo así, recuperar tradiciones y estar en el país de nuestros antepasados, fue un momento que superó cualquier expectativa histórica o personal. Todos estamos profundamente orgullosos de haberlo vivido.
¿Qué recuerdos especiales guarda de aquellos tres días de celebraciones en San Petersburgo?
Lo que más me marcó fue el calor y el afecto de nuestros familiares, amigos y, sobre todo, de la gente que nos esperaba fuera de la iglesia. Fue muy emocionante poder dejar el ramo de flores de la novia en la tumba de Pedro el Grande, siguiendo la tradición de los miembros de la familia Románov antes de la revolución. Recuperar esas tradiciones y simbolismos de nuestra dinastía, después de más de cien años, no solo fue especial, sino también profundamente emocionante, porque nos conectó con nuestra historia de manera tangible y llena de significado.
¿Qué valores considera fundamentales transmitir a sus hijos como miembros de la Casa Imperial?
Los valores que considero fundamentales son los mismos con los que hemos crecido mi esposa y yo: principios familiares y espirituales sólidos, el sentido de estar al servicio de los demás y la importancia de mantener una mente abierta hacia el mundo. También es esencial enseñarles a trabajar por construir su propia identidad, definir su camino personal y, en el futuro, formar su propia familia con responsabilidad y respeto hacia los demás.
Futuro optimista
—¿Le gustaría que su hijo asumiera en el futuro un papel activo en la vida pública?
Nuestra dinastía gobernó durante más de 300 años, dejando un patrimonio y una huella enormes, con un valor que va más allá de lo político. La Unión Soviética se disolvió hace más de 30 años, y me gustaría que, algún día, los miembros de nuestra familia pudieran asumir un papel activo en la sociedad como reconocimiento del alto valor histórico, cultural y social que nuestra dinastía representa. No se trata de poder o autoridad, sino de contribuir de manera significativa al legado y a las causas que reflejan nuestra historia.
"Me siento muy orgulloso de que mi mujer se dedique con tanta pasión a aprender y valorar la historia, el arte y la cultura de nuestra familia y de mi país"
¿Cómo imagina el futuro de la dinastía Románov en las próximas generaciones?
Lo imagino con optimismo. Desde 1917, las generaciones anteriores a la nuestra vivieron momentos extremadamente difíciles: muchos Románov fueron asesinados, perseguidos injustamente y prácticamente borrados de la historia. Nuestra generación, afortunadamente, ha podido regresar al país, hablar de la dinastía con rigor histórico y aclarar aspectos importantes de nuestra historia. Incluso, en el año 2000, el último zar y su familia fueron declarados mártires por la Iglesia Ortodoxa y rehabilitados jurídicamente. Estos procesos forman parte de una reconciliación histórica que avanza con el tiempo. Para nosotros, es fundamental educar a nuestros hijos para que estén preparados para trabajar por la familia, conozcan su historia y sus responsabilidades y mantengan siempre respeto hacia sus antepasados, hacia la historia y hacia las instituciones que forman parte de nuestro legado.
¿Cómo compagina sus responsabilidades dinásticas con su vida profesional y personal?
Mi vida profesional y personal ocupa gran parte de mi tiempo, pero nunca descuido las responsabilidades dinásticas. Mi madre, mi esposa y yo nos ocupamos juntos de los asuntos y compromisos de la familia, además de gestionar nuestras fundaciones y nuestros trabajos. Es una tarea importante y exigente, pero la realizamos con entusiasmo y un profundo sentido de honor, conscientes de la responsabilidad que implica mantener vivo el legado de la Casa Románov.
"Esta es una casa muy vivida, en la que recibimos muchos invitados, siempre está llena de amigos, familia, niños, perros, loros, gatos... Aquí no nos aburrimos nunca", cuenta el gran duque con humor
Más allá de los títulos y la historia, ¿quién es Jorge Románov en lo personal?
Soy un padre y un marido dedicado, un hombre que trabaja y que disfruta de aprender cosas nuevas. Me apasiona viajar, el cine, el submarinismo, la naturaleza y los animales. También valoro profundamente las cosas más simples, esos pequeños momentos que llenan de felicidad el día a día.
Si pudiera definir su misión en una sola frase, ¿cuál sería?
Como hombre, ser un buen padre y un marido ejemplar, y como miembro de la familia a la que pertenezco, contribuir a recuperar la perspectiva histórica justa sobre los Románov, buscando nuevas formas de que la familia sea respetada, conocida y pueda servir de manera significativa tanto en lo histórico como en las causas sociales.
Habla Victoria Románova
¿Cómo conoció a Jorge?
Nos conocimos en Roma, en una fiesta de amigos en común. Años después, volvimos a coincidir en otra reunión en Bruselas. Primero nació una amistad, y con el tiempo, surgió el amor. Todo fue muy sencillo, espontáneo y natural, como todo lo que está destinado a suceder.
¿Desde cuándo pertenece esta casa a su familia?
La casa pertenecía originalmente a unos primos de mi padre. A principios de los años setenta, cuando falleció el propietario, mis padres decidieron comprársela a la familia. A partir de ese momento, emprendieron una restauración muy importante, porque en aquella época muchas viviendas del centro histórico de Roma no tenían ni agua corriente ni electricidad; de hecho, todavía se cocinaba en las chimeneas. Mis primeros recuerdos de infancia están ligados a esas obras: mi madre, los obreros y yo, recorriendo habitaciones llenas de polvo, andamios y materiales. Mucha gente pensaba que mis padres estaban locos por querer instalarse en el centro. En aquellos años, lo moderno y deseable eran los barrios residenciales con edificios de los años sesenta, más cómodos y funcionales. Vivir en el corazón histórico, donde ni siquiera había supermercados (los primeros no llegaron hasta principios de los años 2000), parecía una excentricidad. Sin embargo, ellos apostaron por devolverle la vida a esta casa, respetando su historia y su esencia.
"Me encanta la terraza, tan tranquila y privada; un pequeño refugio en medio de la ciudad", confiesa Victoria
¿Cómo definiría el estilo y la decoración de la casa?
Mi madre se dedicó a restaurar todo lo original sin alterar su carácter. Los frescos, los suelos de terracota, las tapicerías… Todo se ha conservado o recuperado siguiendo los diseños y materiales antiguos. La estructura y la decoración arquitectónica mantienen su autenticidad. En cambio, el mobiliario es una mezcla de procedencias: hay piezas francesas e italianas que conviven de manera armónica, aportando personalidad sin romper la coherencia histórica del conjunto.
¿Hay algún rincón o elemento con especial valor sentimental?
Me encanta la terraza, tan tranquila y privada; un pequeño refugio en medio de la ciudad. El salón blanco, donde se encuentra el “lit bateau” francés, es una de las estancias que más utilizamos; tiene una energía especial que nos atrae y termina siendo siempre el lugar de reunión. También la torre medieval me ha fascinado desde niña, y ahora, con dos hijos pequeños, tiene todavía más valor, porque es un rincón más apartado donde podemos encontrar algún momento de tranquilidad en pareja.
"La torre medieval me ha fascinado desde niña, y ahora, con dos hijos pequeños, tiene todavía más valor; es un rincón más apartado donde podemos encontrar tranquilidad en pareja"
¿Qué representa este lugar para usted?
Esta casa es la base de mi familia. Aunque desde pequeña he vivido en distintos países, es el lugar que considero verdaderamente mío, el punto de referencia de mi familia de origen. Pasamos aquí alrededor de tres meses al año, mientras que mis padres residen de forma permanente. Volver a Roma ahora, con nuestros hijos, es aún más especial: disfrutan muchísimo de sus abuelos y de la vida en el centro histórico.





















