Proviene de una familia de gran peso en la historia de Francia en la que se encuentran tres Mariscales, un primer ministro, cinco académicos, dos físicos (de ellos, un premio Nobel) dos obispos, un diputado e incluso una escritora-intelectual legendaria, la baronesa Madame de Staël, que trajo el romanticismo alemán a Francia y se enfrentó a Napoleón, quien, por cierto, la condenó al exilio… pero esa es otra historia.
Por todo lo anterior y porque además está emparentado con gran parte de la realeza europea según el Almanaque de Gotha —la publicación que reúne minuciosamente los datos relativos a las dinastías reales— el príncipe Louis Albert Victor Marie de Broglie ya estaría inscrito en los libros de historia.
Pero no. Él tiene su propia y singular posición gracias a dos de sus grandes logros con los que está transformando el planeta. De un lado, el rescate, primero, de la bancarrota y luego de un devastador incendio de Derroyle, el templo-museo del saber y guardián de la cultura universal con sede en París.
Del otro, la inmensa tarea de recuperar… ¡800 variedades de tomates! —una colección única en el mundo— en el huerto de su castillo en el valle del Loira, patrimonio de la humanidad, según la Unesco.
“Ocurrió porque tenía que ocurrir. Era 1991 y, por entonces, yo trabajaba para el banco Paribas, el lógico camino tras haber estudiado económicas. Y de pronto, a mis 30 años, estando casualmente en Canadá, mi hermano Philippe-Maurice me llama y me propone comprar este castillo a medias. Pensé: “¿De verdad necesitamos una nueva propiedad histórica además de las que ya tenemos? Está casi en ruinas, lo que supone un gran riesgo. Pero, —reflexioné— también es un aprendizaje, especialmente de todos los nobles ingleses que son expertos en la materia. Total que compré el castillo prácticamente sin verlo”.
Otra de las propietarias del chateâu fue Luisa Adelaida de Borbón, madre del último Rey de Francia, Luis Felipe de Orleans
Recordó luego que, en sus recorridos a nado en el río Loira, ya le habían hablado de esta construcción majestuosa del siglo XIV. Pero no fue hasta que atravesó por primera vez su gigantesca puerta de hierro forjado y lo descubrió allá al fondo, sobre una colina, en su inmensidad, rodeado de un bosque de cedros, secuoyas, castaños, robles centenarios y jardines del siglo XV y XVI cuando comprendió que el castillo no le pertenecía, sino que él pertenecía al castillo.
“Este lugar 'me escogió' y, cuando un lugar te escoge, te va guiando por caminos inesperados, llevándote por sendas inimaginables. En mi caso, el descubrimiento de la diversidad vegetal. Un año después el tomate entró y se instaló en mi vida. Tras la Segunda Guerra Mundial, el mercado de las semillas está en manos de ciertas grandes empresas en su lucha por el control global de los alimentos. Lo que conocemos hoy como 'tomate' es: rojo, redondo y con poco o ningún sabor”.
Conservatorio nacional
En realidad, el tomate ya existía hace 2.600 años y los aztecas y los mayas lo usaban y lo degustaban, pero sería Hernán Cortés quien lo trajo a Europa en el siglo XVI. Al principio no se comía, solo se utilizaba como ornamento. En tiempos más recientes, Thomas Jefferson —el tercer y muy amado presidente de los Estados Unidos— erudito, horticultor y mucho más, ya tenía un “huerto experimental” y, tras él, otros como Eleanor Roosevelt, la mujer del presidente Franklin D. que, durante la Segunda Guerra Mundial, animaba a la población a crear pequeños jardines-vergeles donde cultivar y así sobrevivir a la escasez alimentaria.
"Este lugar 'me escogió' y, cuando un lugar te escoge, te va guiando por caminos inesperados. En mi caso, el descubrimiento de la diversidad vegetal"
Básicamente lo que Louis Albert ha hecho en nuestros días ha sido descubrir al mundo las incontables variedades, formas y gustos del tomate y ayudar a su difusión compartiendo semillas para que el fruto se extienda por el mundo. “Pero no solo nos interesan los tomates, también tenemos veinte variedades de árboles frutales y un jardín de dalias, que, por cierto, yo odiaba de jovencito. Jean Laporte, el gran perfumista y creador de L’Artisan Parfumeur me convenció de su belleza y ahora cultivamos cuatrocientas variedades diversas. Curiosamente, igual que el tomate, no solo es hermosa, sino comestible”.
Para divulgar sus trabajos, creó el Conservatorio Nacional del Tomate, con su laboratorio de investigación in situ. Ha escrito 20 libros y, una vez al año, en septiembre, celebra el Festival del Tomate.
Louis Albert se crio en el castillo familiar de Normandía, con tantas ventanas que son necesarias tres horas para abrirlas todas, pero le gusta ir descalzo y vivir en habitaciones pequeñas
Durante dos días, unas 6.000 personas llegan a este lugar donde todo gira alrededor del tomate. Pueden comprarlos a diferentes productores, probar recetas realizadas por prestigiosos chefs en las que son los protagonistas, visitar el huerto y eventualmente aprender a cultivarlos en sus casas o sus terrenos.
Louis Albert interactúa con todos ellos. “Es una experiencia enriquecedora. Llegan agricultores profesionales y amateurs que desconocen las grandes posibilidades del tomate. Se admiran de lo que ven y deciden plantarlos en sus propiedades. Ellos aprenden de nosotros y yo aprendo de ellos. Todos ganamos en experiencia. En 2008 le compré su parte a mi hermano y, a partir de entonces, comencé a desarrollar otras posibilidades en las 70 hectáreas del bosque que rodea al castillo.
Primero abriendo la puerta a artistas a los que sirve de inspiración. También acondicionando las cuevas trogloditas que estaban en el terreno como lugar de aprendizaje sobre el cuerpo humano, utilizando imágenes antiguas de Deyrolle. Además vamos a empezar con una 'escuela verde' para niños y/o adultos y un sinfín de nuevas ideas que se nos ocurren y que a mi me encanta producir y darles vida”.
Regalo de Dios
¿Qué pensarían si lo vieran ahora los ancianos que vivían en este castillo cuando era un asilo? ¿Y qué pensarían algunos de los miembros de la familia de Broglie al descubrir que su descendiente, “el Principe Jardinero”, como le llaman sus amigos, lo ha transformado en un centro de experimentación física y mental? Seguramente ni se le ocurre pensar que piensan de él. Lo suyo es continuar con el lema familiar “pour l’avenir”, es decir, “por el futuro”.
Aunque mucho ha cambiado la realeza a los largo de los siglos, Louis Albert es alguien muy muy especial. Pese a que se crio en el castillo familiar de Broglie, en Normandía, que tiene tantas ventanas que son necesarias tres horas para abrirlas todas, a él lo que le gusta es ir descalzo, vivir en habitaciones pequeñas, casi espartanas, ser amigo y charlar con todo el mundo.
El castillo está rodeado de un bosque de cedros, secuoyas, castaños, robles centenarios y jardines del siglo XV y XVI, donde nuestro anfitrión también cultiva 400 variedades de dalias
Pero, sobre todas las cosas, hablar de su querido hijo Théodore. “Théodore significa gift of god (regalo de Dios) y se llama en honor al fundador de nuestra dinastía, el italiano de Piamonte, Théodore Ceccolo, el más grande capitán del reino de Milán al servicio de los Saboya. Tiene cinco años. No lo disfruto todo lo que me gustaría porque vive con su madre en Malta, pero nos vemos con frecuencia y cada encuentro es como un rayo de sol que me envuelve porque es un chaval solar. Es inteligente, está muy bien educado, nada como un delfín, hace yudo, vela, tenis. Es casi como mi espejo. Incluso está aprendiendo jardinería. Hablamos largo y tendido todos los días que no nos vemos y me duele el corazón cada vez que nos separamos”.
A Louis Albert se le ilumina la mirada y se queda casi en trance pensando en su hijo. Tiene su teléfono lleno de imágenes del chico. Por cierto, sumamente guapo y con pinta de simpático. Claramente está orgulloso de la clase de hombre que va a llegar a ser. También se le ilumina la mirada cuando habla de su pareja, la reputada artista multidisciplinar alemana, Daniela Krstsch.
“Es una gran artista. Con obras en colecciones y exposiciones en distintas ciudades del mundo. Una gran madre de dos encantadoras señoritas. Una mujer sensible y también competente en el plano real, pues estudió economía y es hija de científicos. Y además… ¡le encanta la jardinería! Si el amor hacia alguien se traduce como 'convivir con esa persona', puedo decir que eso es lo que yo siento por ella”.
Entre las grandes joyas de la propiedad se encuentra el arco que construyó Leonardo da Vinci, quien pasó sus últimos años en el castillo del Rey Francisco I en la misma zona
Louis Albert posee un espíritu inquieto que le inclina a tener un ansia sin fin por aprender, intentar cosas nuevas y, como sus guerreros antepasados, a no perder el tiempo pensando por qué las cosas no salen como queremos o por qué a veces la vida no es todo lo fácil que nos gustaría.
“La respuesta está en la naturaleza. En su resiliencia. Tengo ejemplos de ello todos los días, pero me referiré a uno muy cercano. En el bosque se alza una obra de arte que he bautizado con el nombre de Mount Théodore'. Se trata de una pequeña colina a cuya cima se puede subir siguiendo un camino serpenteante. Pues bien, hace unos años ahí no había nada. La construimos trayendo tierra de deshecho. Una tierra aparentemente sin futuro. Hoy contiene una centena de variaciones de plantas. Es la fuerza, la belleza, el poder de la naturaleza. A veces, con las dificultades que lo nublan todo, no vemos la luz que está ahí detrás y que tarde o temprano va a aparecer. Y que, con frecuencia, una mala experiencia y un gran dolor es una oportunidad para el aprendizaje y la felicidad”.




























