Nos recibe en la Costa Azul junto a la mayor de sus dos hijos, Valentine

Stéphanie Coutas, la decoradora favorita de las grandes fortunas, nos abre las puertas de su mansión, una auténtica joya en Saint-Tropez

Aislada en una colina, la casa goza de unas espectaculares vistas a la bahía y se encuentra a diez minutos del centro de la localidad favorita de las estrellas

Mansión Coutas
Por Victoria de Alcahúd

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Hay un Saint-Tropez en el que los propietarios de yates se disputan quién tiene el de mayor tamaño, en el que los Ferrari se mezclan con los Maseratti y en el que las fiestas donde el champán no se acaba nunca parecen enlazarse unas con otras. Y hay otro Saint-Tropez, elegante y con el gusto por las cosas bien hechas, donde la verdadera riqueza consiste en poder ver pasar lentamente el tiempo. Este es el Saint-Tropez de Stéphanie Coutas, desde hace quince años, la decoradora de interiores preferida de las grandes fortunas, para las que el lujo es el confort y la obsesión por el detalle. “En mi trabajo, me gusta crear universos muy diferentes que correspondan a la personalidad de mis clientes. Mi educación es muy internacional, de ‘viajera del mundo’, con una mirada curiosa sobre las cosas en un universo refinado y rodeado de objetos bonitos”, nos cuenta.

Portada ¡HOLA! 4027©Hola
Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
Sobre estas líneas, a la izquierda, vista completa de la propiedad. Arriba, Stéphanie Coutas, junto su hija, Valentine. “Es fabulosa”, afirma la decoradora, que disfruta, desde su casa, del maravilloso escenario del puerto (sobre estas líneas, a la derecha), donde la última semana de septiembre y la primera de octubre se celebra la famosa regata ‘Les Voiles de Saint-Tropez’, en la que participan los mejores y más bonitos veleros del mundo.
Cuenta entre sus clientes con las Familias Reales de Arabia Saudí y Kuwait, las grandes riquezas europeas y futbolistas como Marco Verratti

Stéphanie comenzó su existencia en Vietnam, donde, gracias a su audacia como aviador en la Primera Guerra Mundial, su abuelo paterno recibió como recompensa del Gobierno francés una plantación de caucho de quinientas hectáreas. Tenía solo diecinueve años y muchas ganas de aventura: “Allí, su hijo, mi padre, conoció a mi madre, cuyo padre había sido enviado a su vez por el Presidente francés Charles de Gaulle como comandante jefe de la Indochina francesa, a la que entonces pertenecía Vietnam. Pero llegó la guerra entre el norte y el sur, y, ante la perspectiva de la caída de Saigón en 1975, fuimos evacuados en veinticuatro horas. Mi padre, que era un inteligente hombre de negocios, lo había previsto y económicamente no fue tan dramático”.

Trabajó diez años en la moda, pero en Los Ángeles, donde vivía con su prometido, un productor musical que se hizo rico de la noche a la mañana, diseñó su primera casa para ella
Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA

Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
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Sobre estas líneas, dos perspectivas del salón principal de la casa con la terraza y el mar de fondo. La pared está recubierta con un gran panel de madera, que luego fue quemada. Arriba, la decoradora de interiores, posando delante de dicho panel, que diseñó junto al artista Ettiene Moyat con su estudio, Stéphanie Coutas. Tardaron seis meses en hacerlo. “Me gusta crear universos muy diferentes que correspondan a la personalidad de mis clientes”, nos cuenta nuestra anfitriona, que, antes de trabajar en el mundo de la decoración, diseñaba trajes de novia y de noche y ropa ‘fashion’
“Por el azar de la vida, conocí al heredero de un patrimonio inmobiliario: ‘Madame Coutas, creo que le gustaría esta casa’, me dijo. Se empeñó en que viniera a verla y, cuando lo hice, me dio un vuelco el corazón”

Sin embargo, Stéphanie dejó atrás su casa, sus recuerdos y, sobre todo, a su nounou, es decir, a su nanny. Por aquel entonces era una niña y tardó años en comprender y superar lo que ocurrió. El shock de la rotura le hizo apreciar que lo que importa no son las propiedades, sino las cosas que no se pueden dejar atrás, como el valor de la familia y el deseo de aventura: “Nos trasladamos a vivir a Hong Kong y, siete años más tarde, por fin a Francia, pues todos éramos franceses. Empujada por mi deseo de expresarme artísticamente, empecé a diseñar trajes de novia y de noche. Después, ropa fashion para grandes clientes como H&M durante los siguientes diez años”.

“Había sido una estupenda casa hace cincuenta años, pero el tiempo la había ido devastando. Mi equipo me dijo que tardaríamos dos años en reformarla, pero les dije que no. Doblé el personal y lo hicimos en tan solo diez meses”
Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
Arriba, Stéphanie, junto a una de las puertas que comunican el interior de la vivienda con la terraza exterior. Sobre estas líneas, una vista parcial de la estancia, en la que se encuentra un conjunto de mesa y sillas de los años cincuenta hechos con madera exótica africana. “Llevo viniendo a esta increíble ciudad desde que tenía diecisiete años”, nos cuenta.

Su primera casa

En una nueva aventura, esta vez en Los Ángeles (Estados Unidos), Stéphanie, prometida entonces con un productor de música que se hizo —muy a la americana— rico de la noche a la mañana, decidió hacer algo que no fuera tan ‘efímero’ como la ropa y decoró su primera casa para ella: “Con mármol verde de Brasil en los baños y sin límite de dinero. Fue una experiencia gratificante que gustó mucho a todo el mundo. Más tarde, en París, tomé la decisión de dedicarme a la decoración. Volví a estudiar para aprender de verdad el oficio y, un día, un amigo me dijo: ‘He comprado un localito en la Rue Cambon, al lado de Chanel. Será una tienda de ropa de niños. ¿Quieres decorarla?’. ‘¡Por supuesto!’, contesté. Luego, hice otra boutique pequeña y, después, llegó un concurso para una obra importante. Éramos tres decoradores y yo, la menos conocida de los tres, pero conseguí el proyecto y aquí estamos… ¡Quince años después!”.

“Mi educación es muy internacional, de ‘viajera del mundo’”, dice la decoradora, que ha vivido, entre otros lugares, en Vietnam, Hong Kong y Estados Unidos
Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
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Arriba (izquierda), el dormitorio de Stéphanie. Sobre el mueble que hace de cabecero, dos lámparas de alabastro y latón de principios del siglo XX. Al lado un contraplano del dormitorio principal con su terraza privada y Saint-Tropez al fondo. Dejabo, una imagen del baño principal; al lado, la habitación de invitados. Sobre estas líneas, la decoradora, con su gata, ‘Bibou’, en uno de los jardines.

En la actualidad, tiene un equipo de unas veinte personas y más de setenta artesanos externos que trabajan exclusivamente para ella. Ha realizado grandes mansiones y hoteles de Saint Barth, en el Caribe, en Londres, París, El Cairo, Mónaco, Marbella… Sus exclusivos clientes pertenecen a las Familias Reales de Arabia Saudí y Kuwait, forman parte de las grandes fortunas europeas, como la dueña de Easy Jet, la supermodelo y actriz Kate Rozz, la diseñadora de joyas Ella Peters y futbolistas como Marco Verratti, compañero de Messi en el Paris Saint Germain. Stéphanie consigue imaginar gracias a su talento creativo y a su entendimiento con el cliente la casa de sus sueños. Todos la adoran porque siempre termina a tiempo y porque entran en su nueva morada únicamente con sus propias maletas.

Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
Sobre estas líneas, una sonriente imagen de la decoradora en la terraza. Arriba, a la izquierda, un contraplano del dormitorio principal con su terraza privada y Saint-Tropez al fondo. Arriba, a la derecha, la habitación de invitados.

Obviamente, eso no era tan evidente en su propiedad de Saint-Tropez: “Llevo viniendo a esta increíble ciudad desde que tenía diecisiete años y hace unos cuatro, por el azar de la vida, conocí al heredero de un patrimonio inmobiliario por un trabajo. ‘Madame Coutas —me dijo—, tengo esta casa en lo alto de la colina que creo que le gustaría’. Se empeñó en que fuera a verla y, cuando lo hice, me dio un vuelco en el corazón, pero el precio era imposible. ‘No puedo’, le respondí. ‘Aún no me ha tocado la lotería’. Pero él insistió. Rebajó mucho la cantidad y el destino hizo el resto. Verdaderamente necesitaba mucho trabajo. Había sido una estupenda casa hace cincuenta años, pero el tiempo la había ido devastando. Estaba muy bien construida por uno de los grandes arquitectos de la época y las vistas son maravillosas. A la derecha, hay un bosque protegido donde no se puede construir. Mi equipo me dijo que tardaríamos dos años en reformarla, pero les dije que no. Doblé el personal y lo hicimos en tan solo diez meses”.

Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
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Arriba, la entrada de la casa. En el suelo, un tapiz de fibra vegetal realizado con tinturas naturales, diseñado por Stéphanie, que se llama ‘Ibiza’. A la izquierda, se puede apreciar un cuadro de arte aborigen y, enfrente, una escultura de cactus de Guido Drocco. Debajo la cocina, también diseñada por su propietaria. Sobre estas líneas, el gimnasio, con una obra de Claude Viallat.

Orgullosa de sus hijos

Stéphanie pasa aquí todo su tiempo libre. También su familia: su madre, Colette; sus dos hijos, Valentine y Arthur; su hermano; el resto de sus familiares, y hasta sus… exmaridos, con quienes se lleva de maravilla: “Sí, así es. Porque a la gente a la que se quiere hay que quererla con fuerza. Aprendí de mis padres el concepto de familia, de atravesar juntos la vida, siempre hacia delante, intentando nuevas aventuras y sin huir de las dificultades”.

“Pienso que, en el momento actual, no deberíamos tener miedo, que hay que ver las cosas con nuevos ojos, aceptar que el mundo ha cambiado y dar las gracias por lo que tenemos”
Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
La espectacular mesa del porche, preparada para un almuerzo informal. Al fondo, la piscina y el mar, y, a la izquierda, el bar. A la derecha, un detalle de la mesa. La vajilla es de Dior, la cubertería Christofle y los vasos de Baccarat.
“Mis hijos son maravillosos. Trato de educarlos en el respeto a las personas y cuido de que no se pierdan en este mundo superficial en el que vivimos”

Hace una pausa y, antes de terminar la conversación, nos habla con orgullo de sus hijos: “Son maravillosos. Trato de educarlos en el respeto a las personas y cuido de que no se pierdan en este mundo superficial en el que vivimos. Val siempre ha sabido lo que quería. Era casi un bebé y ya decidió a qué colegio ‘tenía’ que ir. Si aprende piano, a los pocos meses es una profesional. Si decide montar a caballo, gana todos los premios. Le gustan las finanzas y hoy tiene un puesto importante en la firma de consultoría Deloitte. Es fabulosa. Thomas, con apenas diecinueve años, ya ha entrado en una escuela de comercio, pero tiene un ojo muy desarrollado para el arte. Acaban de empezar en la vida… ¿quién sabe lo que ocurrirá? ¿Qué nos ocurrirá a todos? Pienso que en el momento actual no deberíamos tener miedo, que hay que ver las cosas con nuevos ojos, aceptar que el mundo ha cambiado y dar las gracias por lo que tenemos”.

Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
Mansión Coutas©CÉSAR VILLORIA
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Sobre estas líneas, dos vistas de la piscina: aérea y con la ciudad al fondo. Arriba, un primer plano de Stéphanie, quien es, desde hace quince años, la decoradora de interiores preferida de las grandes fortunas. Stephanie nació en Vietnam, donde su abuelo paterno, gracias a su audacia como aviador en la Primera Guerra Mundial, recibió del Gobierno francés como recompensa una plantación de caucho de quinientas hectáreas.

PRODUCCIÓN Y TEXTO: VICTORIA DE ALCAHÚD

FOTOS: CÉSAR VILLORIA

MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA: VÍCTOR COHEN DECORACIÓN: STÉPHANIE COUTAS

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