En pleno corazón del casco antiguo de Sevilla, en una casa centenaria inundada de luz y cargada de historia, nos recibe el empresario Daniel Cummings junto a su mujer, Yolanda Nieto, y su hijo, Daniel. Han construido mucho más que un hogar: un refugio íntimo donde cada rincón habla de sus vidas, de sus viajes y de todas las decisiones que, con el paso de los años, los han conducido hasta aquí.
Entre muros que conservan la esencia original de la vivienda y un diseño contemporáneo cuidadosamente integrado, la casa respira una serenidad a la que contribuye también la impresionante colección de arte que la familia ha reunido durante décadas.
Una historia marcada por el azar
Detrás de esta atmósfera tan pausada se esconde una historia marcada por el azar, y es que la vida de nuestros anfitriones empezó como una de esas casualidades que, con el tiempo, parecen inevitables. Sevillana de origen, Yolanda llevaba años viviendo en Estados Unidos cuando un amigo en común organizó una cena en la que coincidió por primera vez con Dan. Bastaron apenas unas horas de conversación para que surgiera una conexión tan profunda que aquel mismo año, 2010, decidieron casarse.
"Siempre supe que quería ser agricultor y trabajar la tierra", nos cuenta Dan, que procede de una familia que se dedica desde hace más de un siglo al cultivo de almendras
Desde entonces, han construido una vida basada en la complicidad, los valores comunes y una manera muy clara de entender lo verdaderamente importante. Sin embargo, para llegar a este presente, hubo que desandar un largo camino, pues, durante 25 años, California había sido el hogar de Yolanda. Allí fue donde formó su familia, vio crecer a sus tres hijos mayores (nacidos de un primer matrimonio) y echó raíces al otro lado del océano. A pesar de la distancia, la capital hispalense nunca dejó de acompañarla; siempre permaneció presente como un lugar al que, de algún modo, sabía que volvería.
Con el tiempo, y especialmente durante la dura etapa de la pandemia, esa idea comenzó a hacerse cada vez más fuerte y ambos empezaron a imaginar una nueva etapa en España. La decisión, desde luego, no fue fácil: dejar atrás a sus hijos y nietos continúa siendo el mayor sacrificio. Dan, por su parte, aporta a esta historia compartida una trayectoria tan sólida como singular.
Procedente de una familia dedicada desde hace más de un siglo al cultivo de almendras en California, se licenció en Economía en la Universidad de Stanford y cursó un MBA en la prestigiosa Universidad de Harvard, además de recibir una beca universitaria orientada a la investigación y la docencia. A lo largo de los años, ha desarrollado una carrera en la que convergen la tradición agrícola, la visión empresarial y la innovación.
Pero si hay algo que define verdaderamente el alma de esta casa y que une de forma invisible todos los capítulos de sus vidas, es el arte. Gran apasionado y coleccionista desde hace décadas, Dan ha reunido más de un centenar de obras que hoy dialogan en perfecta armonía con la arquitectura del hogar. Litografías, serigrafías y piezas influenciadas por movimientos, como la Bauhaus, llenan las paredes y aportan a cada estancia una personalidad propia; una sensibilidad artística que Yolanda comparte plenamente. Este lenguaje común no ha hecho más que reforzar aún más el vínculo entre ambos, convirtiendo finalmente su hogar en el reflejo más íntimo de todo lo que han construido juntos.
El rincón favorito
Yolanda, háblanos de la historia de esta casa, ¿qué os gustó de ella?
Nuestra casa tiene más de cien años y está ubicada en pleno casco antiguo de Sevilla. Lo que más nos cautivó desde el primer momento fue la luz natural que la inunda, gracias a las numerosas ventanas de la esquina y a la montera que deja pasar la claridad directamente por el centro de la vivienda. Durante la reforma, pudimos integrar un ascensor a la perfección, casi como si la casa se hubiera diseñado originalmente para ello. Para adaptarla a nuestras necesidades, decidimos abrir el espacio quitando paredes para ampliar las habitaciones y, de este modo, pudimos colgar las más de cien obras de arte que hemos ido coleccionando a lo largo de muchos años.
¿Cuál es tu rincón favorito y en cuál pasáis más tiempo en familia?
Mi rincón favorito coincide con el de toda la familia: la cocina. Es donde preparamos y compartimos las comidas, siempre rodeados de charlas familiares, y el lugar perfecto donde nos encanta recibir a nuestros amigos. Por otro lado, la terraza también es un rincón muy especial para nosotros, al que le sacamos partido en diferentes momentos del día y del año.
Sevillana de nacimiento, durante 25 años California había sido el hogar de Yolanda. Allí fue donde formó su familia y vio crecer a sus tres hijos mayores, nacidos de un primer matrimonio
¿Sois más de grandes celebraciones o de encuentros íntimos?
Nos gustan mucho ambos formatos, la verdad. A lo largo del año y durante las vacaciones, nos encanta organizar eventos para unas veinte personas; de hecho, una cena anual de chili con carne americana acompañado de pan de maíz se está convirtiendo en toda una tradición. Este otoño celebramos una fiesta de Halloween y, más recientemente, organizamos un festín de marisco. Sin embargo, también disfrutamos muchísimo pasando momentos más íntimos y pausados, rodeados solo de la familia y de unos pocos amigos.
Cuando estáis los tres juntos, ¿qué planes disfrutáis especialmente?
Disfrutamos planificando viajes juntos. Ahora que vivimos en Europa, es un verdadero lujo poder hacer escapadas en primavera y otoño, aprovechando las vacaciones escolares de nuestro hijo, lo que nos permite explorar otros países y sumergirnos en la historia y la cultura europeas. El otoño pasado, por ejemplo, visitamos Egipto; a Daniel le hacía muchísima ilusión ver de primera mano la historia real que se esconde detrás de los libros con los que creció leyendo, como Las crónicas de Kane.
Dan: "Viviendo en una ciudad como Sevilla, estoy desarrollando mis habilidades culinarias, estudiando la lengua y cultura españolas y participando en todas las grandes tradiciones andaluzas"
Esos grandes viajes son inolvidables, pero, ya de vuelta en casa y en el día a día, ¿qué pequeñas cosas son las que más felicidad te aportan?
Lo que más felicidad me aporta es el tiempo que paso con mi familia y mis amigos; eso siempre ha sido para mí una prioridad absoluta. En el día a día, disfruto enormemente de cosas tan sencillas como jugar con nuestro cachorro y verle corretear por la vivienda. Y, por supuesto, disfruto con una copa de vino y una buena charla con mi marido en nuestra terraza por la noche.
Legado familiar
Daniel, tu historia está profundamente ligada a la tierra, ¿qué significa para ti continuar con el legado familiar?
Mi familia lleva más de cien años cultivando almendras y, por supuesto, me enorgullece enormemente continuar con este legado. Mis dos "Siempre supe que quería ser agricultor y trabajar la tierra", nos cuenta Dan, que procede de una familia que se dedica desde hace más de un siglo al cultivo de almendras abuelos fallecieron antes de que yo naciera, pero recuerdo el tiempo que pasé trabajando junto a mi padre, aprendiendo, sintiéndome muy orgulloso de sus conocimientos y aspirando a ser algún día tan experto y estar tan conectado con los huertos como él.
¿Recuerdas el momento en que supiste que querías dedicarte al mundo de la agricultura?
Siempre supe que quería ser agricultor, trabajar la tierra y dedicarme a la producción de alimentos. A medida que avanzaba en mis estudios, también empecé a pensar en cómo se procesan las almendras tras la cosecha y cómo se promocionan y comercializan entre los productores.
"Disfrutamos planificando viajes juntos. Ahora que vivimos en Europa, es un verdadero lujo poder hacer escapadas en primavera y otoño, aprovechando las vacaciones escolares de nuestro hijo"
Tu formación académica es excepcional: Harvard y Stanford. ¿Qué papel ha jugado en tu trayectoria profesional?
Sin duda, me ha proporcionado una base excelente para el aprendizaje continuo en el mundo real. Por un lado, la licenciatura en Economía de Stanford me aportó una visión profunda sobre la rentabilidad empresarial y la ciencia económica. Por otro, el método de casos de Harvard potenció mi capacidad para abordar diferentes escenarios de negocio y tomar decisiones informadas con una estrategia a largo plazo. Juntas, estas dos experiencias académicas han fortalecido enormemente mi sentido común.
Recientemente fuiste reconocido por tu trayectoria, ¿cómo viviste ese momento tan especial?
Fue una sorpresa y algo muy gratificante. He tenido la gran suerte de participar en esta increíble industria, que produce casi el 80 por ciento del suministro mundial de almendras. Este trabajo siempre ha sido emocionante, atractivo y muy satisfactorio para mí, por lo que resulta increíble que se reconozcan unas contribuciones que ya de por sí han sido tan gratificantes a nivel personal.
¿Cómo es un día habitual en tu vida?
Mi jornada empieza a las 6:45 de la mañana: preparo el desayuno y la merienda de nuestro hijo y lo llevo al colegio. Después, según el día, a veces vuelvo a la cama un rato o me reservo una siesta por la tarde. El almuerzo lo comparto normalmente con mi mujer, y también me encargo de hacer la compra y preparar la cena para la familia, algo que disfruto mucho. El resto del tiempo lo ocupan los correos, llamadas y videoconferencias de trabajo. Como sigo dedicado a la agricultura en California y formo parte de varios consejos de administración, las nueve horas de diferencia con España hacen que sea habitual que trabaje hasta altas horas de la noche.
Tienes una interesante colección de arte, ¿cuándo comenzó esa pasión?
Siempre me ha gustado visitar museos de arte durante mis viajes, pero fue cuando estaba en mitad de los treinta cuando empecé a coleccionar de forma activa. Lo que de verdad valoro del arte es su capacidad para transmitirnos la esencia de las diferentes culturas, la historia, la religión y, en definitiva, la propia condición humana.
"La terraza es un rincón muy especial para nosotros, al que le sacamos partido en diferentes momentos del día y del año"
¿Hay alguna obra que tenga un significado especial?
Kleine Welten XIII, de la serie Small Worlds, que Kandinsky creó como profesor en la Bauhaus en 1922. Fue mi primera adquisición con una apreciación más sofisticada del arte y amplió mi perspectiva sobre el arte en un orden de magnitud.
Háblanos de tus otras aficiones, que son varias y muy diversas.
Mis aficiones han cambiado al mudarnos. En el norte de California me interesaban mucho las actividades físicas al aire libre, como el esquí, la caza, la pesca y la jardinería, que siempre me ha encantado. Ahora, viviendo en una ciudad, estoy desarrollando mis habilidades culinarias, estudiando la lengua y cultura españolas y participando en todas las grandes tradiciones andaluzas, como los toros, la Semana Santa, la Feria de Abril y El Rocío, entre otras.
¿Te está gustando la vida aquí?
Estoy muy feliz viviendo en Sevilla; es otro capítulo en el libro de mi vida. Todo lo que estoy aprendiendo y experimentando lo estoy haciendo junto a mi mujer y nuestro hijo. Mi viaje continúa y es maravilloso.































