El zarangollo es uno de esos platos que forman parte de la memoria gastronómica de Murcia. Nacido en el entorno de la huerta, donde el calabacín y la cebolla son protagonistas, destaca por su sencillez y por una elaboración que exige más paciencia que técnica. La clave está en cocinar las verduras lentamente para que queden tiernas, melosas y concentren todo su sabor antes de incorporar el huevo. Se puede servir recién hecho, templado o incluso frío, como tapa, entrante o cena ligera, acompañado de un buen pan.
¿El zarangollo es uno de los platos más antiguos de la cocina murciana? Su origen está ligado a la huerta y a la tradición de aprovechar los productos de temporada.
¿Tradicionalmente no lleva patata? Aunque algunas versiones la incorporan, la receta más extendida se prepara con cebolla, calabacín y huevo.
¿También puede servirse frío? Además de recién hecho, es habitual encontrarlo templado o frío como tapa en bares y restaurantes de Murcia.
NUESTROS TRUCOS
El secreto de un buen zarangollo no está en el huevo, sino en la cocción de las verduras. Cocínalas a fuego suave hasta que pierdan gran parte de su agua y adquieran una textura casi confitada. El resultado será mucho más sabroso y auténtico.
Añade el huevo fuera del fuego. Cuando las verduras estén listas, retira la sartén del fuego antes de incorporar los huevos. El calor residual terminará de cocinarlos y conseguirás una textura mucho más cremosa.
No escatimes en cebolla. La cebolla aporta dulzor y jugosidad. Muchas recetas tradicionales utilizan una cantidad similar a la de calabacín.
Escurre parte del agua del calabacín. Si suelta demasiado líquido durante la cocción, retira una parte para evitar que el resultado quede aguado.
Utiliza huevos de calidad. Al tratarse de una receta con muy pocos ingredientes, el sabor del huevo se nota especialmente.
Déjalo reposar unos minutos. Como ocurre con muchas recetas tradicionales, gana en sabor cuando reposa ligeramente antes de servir.




