Con cuatro campeonatos del mundo en el bolsillo y habiendo transformado la pista en su propio tablero de juego, Max Verstappen ya no necesita demostrar nada a nadie. El neerlandés, que irrumpió en la Fórmula 1 rompiendo todos los récords de precocidad a los 17 años, recibe a ¡HOLA! consolidado como un titán indomable en la era dorada de Red Bull Racing.
Sin embargo, detrás del piloto implacable que desafía las leyes de la física se esconde un hombre de una sobriedad magnética: directo, pragmático y blindado contra la presión. En su faceta como embajador global de TAG Heuer, y viviendo una nueva etapa personal tras el nacimiento, en mayo de 2025, de su hija Lily —fruto de su relación con Kelly Piquet, hija del legendario tricampeón Nelson Piquet—, Verstappen se quita el casco para desnudarse en una charla que viaja desde la expectación por el nuevo trazado urbano de Madrid hasta los secretos de su blindaje mental.
Se habla de Madrid como el “nuevo Mónaco” por su nivel de exclusividad y su trazado urbano. Ante una expectación así, ¿qué esperas tú de esta nueva “plaza”? Y psicológicamente, ¿hay alguna diferencia entre rozar el muro a 300 km/h en un circuito tradicional a hacerlo en un lugar donde se concitan tantas miradas —y de todo tipo—, como Mónaco o, ahora, Madrid?
Sí, bueno, para empezar, nunca he estado en Madrid, así que lo primero que tengo son ganas de ir. En cuanto a la pista, todavía no la he conducido ni siquiera en el simulador, por lo que realmente no sé qué esperar aún; pero supongo que esa es precisamente la parte emocionante: cuando llegue allí veré cómo se siente y con qué se puede comparar.
“Bajo la visera solo pienso en ganar, pero cuando cruzo el umbral de mi casa, me despojo por completo de la mentalidad competitiva”
Quizá tengas en mente la icónica curva del circuito bautizada como “La Monumental”.
Sí, exacto. Va a ser muy interesante ver todo eso de cerca y comprobar cómo se ha construido todo finalmente.
En la Fórmula 1, una décima de segundo separa la gloria del olvido. A esas velocidades, ¿cómo percibe el tiempo un piloto? ¿Se ralentiza todo dentro del casco?
Depende. Es decir, las velocidades siempre son superaltas y, aunque creo que por la cantidad de veces que lo haces te acabas sintiendo más cómodo con la velocidad, la realidad es que todo sigue yendo muy rápido. Por supuesto, no es que las cosas se ralenticen un montón dentro del casco.
Representas la obsesión por la precisión. ¿De qué manera se traslada esa micrometría de la alta relojería suiza a la configuración de tu monoplaza y a la preparación —y la vida— de un piloto?
Es una pregunta muy complicada. Para mí, creo que el punto de unión está en que todo el mundo, por supuesto, siempre está intentando innovar y encontrar nuevas soluciones. En ese sentido, la F1 y la relojería son muy parecidas: en ambas disciplinas intentas buscar algo nuevo y diferente, algo que otra marca o equipo, tal vez, no haya hecho todavía. Creo que ahí es precisamente donde podemos identificarnos bien.
“Cuando tienes la oportunidad de ganar, tienes que intentar maximizar todo lo que está en tus manos”
Don’t Crack UnderPressure (“No cedas ante la presión”) y Designed to win (“Diseñado para ganar”): dos lemas de TAG Heuer que parecen escritos para ti. ¿Cómo se entrena la mente para no quebrarse cuando tienes a 20 pilotos detrás esperando tu error?
No complicándome demasiado las cosas. Sé quién soy y confío en mí mismo; tengo plena confianza en mis propias habilidades y siempre intento dar lo mejor de mí. Al final, creo que se trata simplemente de eso: de intentar tenerlo todo muy claro y sencillo.
Ganar el primer Mundial es la realización de un sueño. Defenderlo, año tras año, ¿es un placer o se convierte en una tiranía autoimpuesta?
Para mí ha estado bien; nunca me ha importado ser el cazador o el cazado, porque al final todo depende de lo bueno que sea tu coche. Cuanto mejor sea el monoplaza, más fáciles serán las cosas, pero también eres consciente de que en algún momento volverás a perder, y eso está bien, es parte de la vida. Lo importante es que, cuando tienes las oportunidades, tienes que intentar maximizar absolutamente todo lo que está en tus manos.
Vives en una burbuja donde millones de personas te idolatran y celebran cada uno de tus movimientos. ¿Cuál es tu ancla para mantener los pies en el suelo cuando el éxito es tan ensordecedor?
Simplemente, tener a las personas adecuadas a tu alrededor de forma constante: los amigos correctos, la familia y, probablemente, haber tenido también la educación adecuada para que no se te vaya la cabeza. Al fin y al cabo, no importa lo que hagas en la pista; eso no debería cambiarte como persona. Sería un poco tonto que fuera el caso, pero como es algo que puede pasar fácilmente, por eso es tan importante rodearte de la gente correcta. Sin duda.
“Cuanto mejor sea el monoplaza, más fáciles serán las cosas, pero debes saber que en algún momento volverás a perder”
Tienes a cientos de ingenieros analizándote por telemetría, pero en la pista estás solo. ¿Es la Fórmula 1 un deporte de equipo o el ejercicio de soledad e individualismo más exigente del mundo?
Por supuesto que estoy solo dentro del coche, pero la realidad es que hay muchísimos puntos de datos que los ingenieros siguen analizando en tiempo real. Además, mantienes una discusión constante con ellos por radio. Así que, aunque sé perfectamente que soy el único que maneja el monoplaza, al mismo tiempo hay muchísima gente involucrada para hacer que todo funcione mientras yo lo estoy pilotando.
Niki Lauda decía que si un piloto no siente miedo, es un peligro. ¿Existe el miedo en la parrilla actual o es simplemente un profundo respeto por la física?
Creo que vivimos en una época diferente. En los años 60, 70 u 80, las pistas —y todo lo demás— eran tan peligrosos que siempre existía la posibilidad de que pudieras morir cada vez que te subías a tu coche, todo el tiempo. Hoy en día, todavía puedes morir, por supuesto, pero los niveles de seguridad son mucho más altos. Así que no, no siento miedo; simplemente soy consciente de ciertas situaciones que pueden ser peligrosas o que pueden acabar en un potencial choque, pero miedo no.
“Hoy en día, aún puedes morir en el asfalto. No tengo miedo, pero soy consciente del riesgo”
El físico del piloto ha cambiado. Ya no sois solo conductores, sois triatletas de élite. ¿Cuál es el peaje físico más duro que pagas después de dos horas sin tregua al volante?
Depende un poco de la pista, pero en general las zonas donde más fuertes necesitamos estar son el cuello, la parte baja de la espalda y los hombros, además de las piernas por la tremenda fuerza de frenado. Esas son siempre las partes que más sufren. Pero, al final, puedes ser la persona más entrenada del mundo, que si, después de todo tu entrenamiento, juegas 90 minutos al fútbol, acabas completamente destrozado. De la misma manera, si un futbolista se sube a un F1, también terminará hecho polvo, porque se utilizan músculos totalmente diferentes. Por eso cada deporte es único en la forma en que exiges o entrenas a tu cuerpo.
¿Cómo se prepara el cuerpo para una violencia física tan continuada? ¿Cómo es tu rutina de entrenamiento y tu dieta?
Trabajo de cerca con mi entrenador; revisamos muchas cosas, nos basamos en bastantes análisis de sangre y planificamos el entrenamiento evaluando dónde mejorar, incluso al terminar la temporada. Sin embargo, ya llevo bastante tiempo en la F1, así que sé muy bien qué puedo y qué no puedo hacer. Por ejemplo, no vivo con la rigidez extrema de un ciclista con la dieta; creo que a veces también es importante disfrutar y, por suerte, la Fórmula 1 te lo permite. Eso sí, siempre me he exigido una máxima: bajo ningún concepto puedo bajarme del coche sintiendo que he estado limitado físicamente porque, si eso pasa, es que he estado haciendo algo mal. Conozco bien mi cuerpo y, salvo que pille un virus o esté enfermo, el objetivo es simple: estar lo suficientemente en forma para pilotar sin ningún tipo de problema.
La nutrición es hipercalculada; cada gramo cuenta en el coche. En semanas de descanso, ¿cuál es ese capricho culinario, tu cheat meal, con el que te permites ser un tipo normal?
Por supuesto que tengo comidas trampa, sin duda. Es verdad que en la F1 tenemos un peso mínimo que debemos alcanzar, y yo siempre suelo estar en la parte alta de ese límite, pero no pasa nada. A estas alturas conozco mi cuerpo tan bien que sé perfectamente cuándo puedo permitirme disfrutar de una buena comida y cuándo tengo que volver a ponerme estricto.
“Siempre me he exigido una máxima: no puedo bajarme del coche sintiendo que he estado limitado”
Afrontas 24 carreras al año en cuatro continentes diferentes. ¿Cómo se construye un “hogar” o una relación sentimental cuando vives perpetuamente en la habitación de un hotel de cinco estrellas? ¿Cuál es tu secreto para que la Fórmula 1 no devore tu vida personal?
Bueno, al final, todos en el paddock vivimos metidos en una habitación de hotel; es la realidad de este deporte para cualquiera.
En estas páginas rendimos homenaje a mitos eternos como Steve McQueen o Ayrton Senna. Si la física fuera maleable y pudieras teletransportarte a la edad de oro de los 70 y los 80, ¿contra qué gigante te habría gustado medirte en el asfalto? ¿Quién habitaba tus sueños de infancia?
Para ser sincero, la verdad es que no miro atrás; me siento feliz pilotando en mi propia era. Por supuesto que aquellos coches del pasado eran máquinas geniales, pero nunca he sentido ese deseo romántico de querer competir en un tiempo que no es el mío.
La historia del automovilismo se nutre de los espejos: Prost necesitó el misticismo de Senna, y Hamilton necesitó tu irrupción para reescribir sus propios límites. ¿Es imprescindible poseer una némesis sobre la pista para invocar la versión más competitiva y feroz de uno mismo?
No, al menos no en mi caso. Desde muy joven me entrené mentalmente para no necesitar a nadie como referencia ni como combustible para rendir mejor. Al final, da igual quién se siente en el garaje de al lado o quién sea mi rival en la pista hoy en día; la exigencia más implacable siempre viaja conmigo porque siempre me exijo el máximo a mí mismo, independientemente del resto.
Llevas el tiempo en la muñeca, literalmente. Fuera del circuito, cuando vistes de calle o asistes a una cena elegante, ¿qué modelo de TAG Heuer eliges y qué dice ese reloj sobre tu personalidad?
Elegiría el mismo que llevo puesto ahora: el Monaco Split-Seconds. Me gusta porque es un reloj capaz de adaptarse a la perfección tanto a la exigencia de la pista, en un entorno de máxima competición, como a la sobriedad de una cena de gala. Es esa polivalencia, esa capacidad de funcionar en cualquier escenario sin perder su esencia, lo que realmente me atrae de él.
“La exigencia más implacable siempre viaja conmigo porque siempre me exijo el máximo a mí mismo”
Hoy en día, los grandes premios se han convertido también en pasarelas; los pilotos marcan tendencia y miden sus estéticas al llegar al paddock. ¿Cómo definirías tu estilo cuando te despojas del mono de trabajo?
Muy sencillo: los vaivenes de la moda son algo que no me interesa en absoluto. Mi único criterio es la comodidad. Cuando estoy en el circuito, sé perfectamente que mi deber es vestir los colores y la ropa del equipo, y fuera de aquí no me gusta complicarme la vida con adornos innecesarios. Mi estilo es no tener que pensar demasiado en ello.
Pasado vs. futuro
Fernando Alonso desafía al tiempo y sigue compitiendo al máximo nivel pasados los 40 años. ¿Te imaginas a ti mismo acumulando inviernos en los circuitos, o tienes la certeza de que hay un capítulo de tu vida aguardándote lejos del olor a gasolina?
Siento un gran respeto por Fernando y por lo que está logrando a su edad; es algo verdaderamente impresionante y resulta magnífico comprobar que sigue rindiendo a ese nivel. Sin embargo, en lo personal, no me veo pilotando hasta esa etapa de mi vida. Sé que llegará un momento en el que prefiera abrir ese nuevo capítulo lejos de las pistas.
Debutaste en la Fórmula 1 siendo apenas un niño. Hoy, consagrado en la cima como el número uno absoluto, ¿qué consejo le daría este Max maduro al adolescente de 17 años que se abrochaba los cinturones de un Toro Rosso por primera vez?
Para ser sincero, creo que no le daría casi ninguno. Considero que el verdadero valor de la vida radica en no saber qué te depara el futuro, ni qué debes hacer o qué tendrías que cambiar. Necesitas tropezar, cometer errores y atravesar tanto los días difíciles como los grandes momentos, porque, al fin y al cabo, es ese mix el que te moldea para convertirte en un mejor piloto y en una mejor persona. Miro atrás y me siento profundamente feliz con cómo ha transcurrido mi carrera; no cambiaría una sola página.
Cuando dentro de unos años un padre detenga el tiempo ante una vitrina, le muestre a su hijo tus cascos y tus relojes TAG Heuer, y le explique quién fue Max Verstappen... ¿qué te gustaría que le dijera?
Me gustaría que le hablara de alguien que, por encima de todo, se mantuvo fiel a sí mismo. Ese es mi concepto de un legado. Por supuesto, también me gustaría que me recordaran como un competidor indomable, alguien que haría cualquier cosa por alcanzar la victoria y que jamás dejó un gramo de rendimiento sin exprimir. Pero esa voracidad no nace de la nada; es algo en lo que, lógicamente, llevo trabajando desde que era un niño pequeño.
Intimidad vs. presión
Desde fuera, a menudo se os percibe como seres implacables, autómatas fríos y analíticos. ¿Es esa coraza una armadura obligatoria en la Fórmula 1, o el reflejo fiel de vuestra intimidad?
Cada uno de nosotros tiene una personalidad muy diferente, por lo que sería un error generalizar y decir que todos los pilotos somos iguales. En mi caso, me considero alguien muy directo, pero, al mismo tiempo, muy relajado; no me gusta complicarme la vida. Sé que cuando bajo la visera en la pista solo pienso en ganar y que haré todo lo imaginable por lograrlo, pero también poseo la capacidad de desconectar con mucha facilidad. Cuando cruzo el umbral de mi casa, mi mente se ocupa de otras cosas y se despoja por completo de la mentalidad competitiva. La madurez en este deporte depende de cómo gestione cada persona su propia naturaleza.













