Más allá de los eventos más exclusivos en tierra firme, los grandes nombres de la élite mundial, desde la baronesa Thyssen a la viuda de Steve Jobs, han encontrado en el mar su verdadero refugio dorado. Lejos de las miradas indiscretas, los megayates se han consolidado como el máximo símbolo de sofisticación: verdaderos palacios flotantes donde la intimidad absoluta se fusiona con el diseño de autor, la gastronomía de alta escuela y el confort sin límites. A bordo de estas joyas, cada rincón está pensado para emocionar. Desde salones panorámicos bañados por la luz del mar y piscinas de agua salada hasta cines privados, refinados spas y helipuertos.
Nada queda al azar cuando se trata de agasajar a la familia y a los amigos: nutridas tripulaciones, capitanes expertos y personal de servicio cuidan cada detalle para que la estancia sea inolvidable, ya sea navegando por las calas cristalinas de Ibiza y Formentera, dejándose ver por la vibrante Costa Azul y Saint-Tropez o cruzando el Atlántico hacia los rincones más idílicos del Caribe. Al final, estos santuarios sobre las olas demuestran que el privilegio definitivo de las grandes fortunas no es solo poseer una obra de arte flotante, sino llevarse consigo el confort de un hogar de ensueño a cualquier rincón del planeta.




























