Detrás de los escenarios y del éxito de himnos románticos como Por ella, se esconde una de las historias de amor más sólidas y duraderas del panorama artístico español: la de José Manuel Soto y Pilar Parejo. Unidas sus vidas desde mediados de los años ochenta y consolidados como matrimonio desde el 31 de diciembre de 1988, la pareja repasa casi cuatro décadas de amor incondicional, equilibrio cotidiano y apoyo mutuo. Una conversación íntima donde revelan cómo la combinación entre la pasión del cantautor y el sentido común de su gran musa les ha permitido superar juntos todas las etapas de la vida.
Los primeros compases de un gran amor
Esta hermosa historia comenzó a gestarse a mediados de la década de los ochenta, en la juventud compartida de las corales sevillanas, cuando José Manuel empezaba a despuntar con la música y Pilar escuchaba con atenta mirada. Lo del cantautor fue una certeza absoluta desde el primer momento: "Eso se siente al instante. Supe de inmediato que era la persona elegida por los astros y que tenía que ir a por ella sin dudarlo".
Por su parte, para Pilar el enamoramiento fue un proceso más progresivo, dejándose conquistar poco a poco por la forma de ser de aquel joven artista: "Me cautivaron su mirada, su profunda sensibilidad, su bondad y la entrega de su amor incondicional".
A medida que su noviazgo se consolidaba, Soto cosechaba un gran éxito en los escenarios con temas atemporales como Por ella, una composición que no era sino el reflejo directo del sentimiento que crecía en su corazón. Como el propio cantautor confiesa sin rodeos sobre el papel crucial que su mujer ha tenido en toda su obra: "Todo lo que he escrito en mi vida ha sido por y para ella; Pili ha sido siempre mi gran fuente de inspiración".
Fruto de esa profunda complicidad, la pareja eligió una fecha tan singular y festiva como el 31 de diciembre de 1988 para darse el "sí, quiero", un enlace del que guardan un recuerdo imborrable: "Fue un día pleno de luz y felicidad, rodeados de todas las personas que queríamos. Un verdadero sueño hecho realidad".
Construir una familia en mitad de las giras
Tras el enlace, comenzó para ellos la gran aventura de formar una familia numerosa en medio de la vorágine de conciertos, giras y la intensa vida pública de un artista de éxito. Dar la bienvenida a sus tres hijos no estuvo exento de retos, pero Pilar supo exactamente cómo organizarse en el día a día para que en casa nunca faltaran la normalidad y la calma: "A base de un estricto orden y mucha organización. Siempre he sido de marcar las iniciales en la ropa de los niños y tenerlo absolutamente todo preparado con muchísima antelación".
Esa labor fue clave para el cantante, quien siempre ha tenido a Pilar como su gran norte y el verdadero equilibrio de su carrera: "Me ha inspirado siempre, pero también ha sido quien me ha mantenido con los pies en la tierra. Es una persona sumamente responsable, muchísimo más que yo".
Pero más allá de los escenarios, de la fama y de las tertulias públicas, existe un José Manuel cotidiano al que Pilar define de puertas para adentro revelando la autenticidad del ser humano que habita en el hogar: "Como le ocurre a casi todo el mundo, combina dos facetas muy claras: por un lado tiene un lado serio, reflexivo e intelectual, y por otro, su versión más divertida y risueña".
Asimismo, al destacar la mayor virtud de su marido como compañero de vida y su mayor manía tras casi cuarenta años juntos, Pilar añade con espontaneidad: "Su mayor virtud es, sin duda, su generosidad, su sinceridad y su infinita bondad. En cuanto a su mayor manía... quizás esa costumbre tan suya de cambiar de rumbo justo cuando ya está todo organizado, solo por el placer de sorprender".
Luces y sombras
Y es que todas las parejas sólidas atraviesan momentos de luces y sombras a lo largo de las décadas. En los instantes difíciles o de flaqueza profesional que el artista ha atravesado durante su carrera, la fórmula de Pilar para inyectarle optimismo ha sido siempre clara: "Siempre a través del diálogo continuo y ofreciéndole mucho cariño". Igualmente, para reinventar el amor y superar juntos los vaivenes del paso del tiempo, ambos coinciden en que el secreto reside en el afecto y la convivencia: "Con inmenso amor, paciencia, respeto y diálogo constante. No hay otra clave... bueno, eso y cantar muchísimo en casa".
Cumplir cerca de cuatro décadas juntos no es habitual en el panorama artístico actual, pero entre ellos rige además una costumbre sagrada que ha sido su mejor receta diaria: "No existen recetas mágicas. Eso sí, Pili tiene una costumbre sagrada: no acostarnos jamás enfadados. Y la verdad es que funciona de maravilla".
Hoy en día, con sus tres hijos volando solos y desarrollando sus propias trayectorias, el matrimonio saborea una nueva etapa de madurez en la que vuelven a disponer de más tiempo para ellos mismos: "No ha sido un cambio radical de un día para otro. Ya hace años que bajé el ritmo de trabajo y dispongo de más tiempo para estar en casa. Es una etapa preciosa, aunque también he disfrutado enormemente de mi profesión", reflexiona José Manuel.
Así, al echar la vista atrás a aquellos primeros años en el coro de Sevilla y ver cómo todo aquello que comenzaron juntos se ha convertido en este proyecto vital repleto de luz, el artista se reafirma en los valores que han guiado a su familia: "Cuando te enamoras de alguien, siempre sueñas con formar una familia y transmitir esos valores a tus hijos. Respecto al arte, es algo que ellos traen de nacimiento, aunque también lo han mamado día a día en casa". Una complicidad que cobra su sentido más pleno durante el verano en las costas atlánticas, donde celebran la vida rodeados de los suyos: "El verano es una época hermosa para estar juntos, algo que durante años resultaba muy difícil por las exigencias de mi trabajo. Precisamente por eso, ver ahora a mis hijos cantar y ser felices en este refugio familiar es una maravilla".










