Hay veranos que marcan un punto de inflexión. Este año, Paloma Segrelles y su familia han cambiado Sotogrande por la localidad cántabra de Comillas para reconectar con sus raíces vascas. "Queríamos que las niñas conocieran cómo es un veraneo en el norte. Comillas combina naturaleza, mar y la magia de su arquitectura", explica la empresaria. Allí disfrutan de planes sencillos, como pasear por la playa o visitar El Capricho de Gaudí, una de las escasas obras del genio catalán fuera de su tierra natal.
Estas vacaciones están marcadas por el recuerdo del padre de Paloma, el abogado Francisco Segrelles, fallecido el pasado abril. "Es un verano diferente, ya que es el primero en el que no está mi padre, aunque le echamos muchísimo de menos, le sentimos muy presente. Pensamos en los versos que haría con estos paisajes", confiesa Paloma.
En este proceso, la entereza de su madre ha sido clave. Tras años entregada por completo al cuidado de su marido durante su enfermedad —"buscando siempre que estuviese lo mejor y más feliz posible"—, ha mostrado una resiliencia ejemplar: "Tras el entierro me dijo que tenía que volver a coger las riendas esa misma noche".
Madre, hija y nietas (las mellizas Tiziana y Paloma) están disfrutando de lo verdaderamente importante: "Pasar tiempo juntas y de esos momentos que parecen pequeños y después se convierten en grandes recuerdos", admite Paloma, mientras sus hijas mantienen muy vivo el valioso legado de su abuelo, "recordando sus sabios consejos y su constante sonrisa".
Paloma y Tiziana cumplieron 16 en febrero, y, como nos confesaba Paloma, todavía no han decidido qué quieren estudiar. "Tiziana es de números y Paloma de letras. Han empezado a indagar para elegir lo mejor posible. Son buenas estudiantes y cada vez se esfuerzan más. En nada, sus notas contarán para acceder a la universidad".






