George y Amal Clooney han encontrado el verdadero sentido a la dolce vita en Italia, el que parece, sin duda, su lugar favorito en el mundo. Desde que se casaron en Venecia, hace casi doce años, su idilio con el país de la bota ha ido in crescendo y ahora han decidido explorar nuevos territorios. La pareja, que ya cuenta con una espectacular residencia en el lago de Como, ha elegido en esta ocasión la joya del golfo de Nápoles para disfrutar de unas vacaciones de ensueño.
Lejos de los compromisos profesionales y acompañados de un reducido círculo de amigos, han vuelto a demostrar que Italia sigue siendo el destino al que siempre regresan cuando buscan desconectar, compartir tiempo en familia y disfrutar de un ritmo de vida mucho más pausado.
El actor y la abogada desembarcaron en Capri el pasado 13 de julio, desatando una auténtica oleada de expectación entre turistas y locales. Como en cada una de sus apariciones, el ambiente que rodeó a los Clooney en la isla fue digno de una superproducción de Hollywood, una escenografía habitual con la que Amal, poco a poco, ha aprendido a convivir.
Ella misma, hace un mes, afirmó durante el encuentro Cartier Women's Initiative que sacrificó tener una vida personal privada para amar a su marido y a sus hijos con pasión y sin reservas. "Pero no importa mientras vivas tu vida, y sobre todo, si eres bueno en lo que haces", explicaba. "Así que no permití que ese factor me detuviera de hacer las cosas que eran importantes para mi familia o mi relación".
"Crear momentos y espacios privados es cada vez más difícil", contestó Amal en una entrevista con Glamour. Y, aunque los focos volvieron a seguirles inevitablemente, las imágenes hablan por sí solas. En su primer paseo por las estrechas calles del centro de Capri protagonizaron una de las estampas más icónicas de su estancia al recorrer la isla a bordo del legendario taxi descapotable de color rojo amaranto, todo un símbolo de la tradición caprese.
En otra de las jornadas, el matrimonio se embarcó en el yate de unos amigos para navegar por los imponentes y legendarios Faraglioni que emergen del mar. Después pusieron rumbo a Anacapri, donde se acercaron al célebre restaurante Il Riccio y saborearon la esencia de la mejor cocina local. También aprovecharon para recorrer algunos de los rincones más exclusivos de la isla, alejados del bullicio, confirmando una vez más su predilección por los destinos que combinan lujo, discreción y paisajes de postal.
Durante esta escapada, los Clooney también han visitado una imponente villa mediterránea, quién sabe si con vistas a aumentar un patrimonio inmobiliario que ya figura entre los más exclusivos del panorama internacional. La pareja ha construido, a lo largo de los años, una cartera de propiedades valorada en más de 50 millones de euros, repartida entre algunos de los destinos más codiciados del mundo.
Su joya de la corona sigue siendo Villa Oleandra, a orillas del lago de Como, el refugio italiano de George Clooney desde principios de los 2000. A ella se suman una mansión georgiana del siglo XVII en una isla privada sobre el río Támesis, un exclusivo apartamento en Manhattan, una finca vinícola en la Provenza francesa y una residencia familiar en Kentucky, cerca del lugar donde creció el actor. Un imperio inmobiliario que refleja su gusto por la privacidad, la historia y los enclaves únicos, y que convierte cualquier visita a una propiedad de lujo en motivo de especulación sobre una posible nueva adquisición. ¿Se sumarán a ellas una nueva propiedad en su Italia querida?





