Llega con el "agotamiento" propio de quien se ha dejado la piel en el set, pero con la chispa intacta. Ángel Llácer estrena proyecto: “Una fiesta de muerte”, en Antena 3 y, fiel a su estilo, no es algo convencional. No es solo un programa, es un evento; no es solo televisión, es puro teatro. Nos sentamos con él para descifrar este "Cluedo" televisivo donde los famosos mueren (literalmente, de ficción) y los supervivientes deben demostrar quién es el mejor detective en una convivencia extrema de tres días.
Marta Sánchez, Bertín Osborne, Antonio Resines, Glòria Serra, Ana Peleteiro, Alberto Chicote y Esperansa Grasia protagonizan la primera entrega de este intrigante juego de asesinatos presentado por el catalán.
"Mi carrera profesional va ligada a la personal. Ahora solo digo que 'sí' a las cosas que realmente quiero hacer"
—Ángel, para los que aún no lo sepan, ¿en qué consiste esta ‘fiesta de muerte’?
—Mira, es una fiesta en realidad. Yo soy el anfitrión e invito a un grupo de famosos a un evento, como un hallazgo arqueológico en el Museo de Ciencias Naturales. De repente, alguien muere. A partir de ahí, los que quedan vivos se convierten en investigadores. Tienen que descubrir quién ha sido el asesino, ¡que puede ser cualquier persona del mundo! No tiene por qué ser uno de los siete participantes.
—¿Qué papel juegas tú en ese caos?
—Yo les propongo pruebas y juegos. Se crean alianzas, traiciones, amistades y enemistades... pero al final todo el mundo compite solo. Al terminar, les hago un interrogatorio de todo lo que han visto y decidimos quién es el mejor investigador. Cada programa es autoconclusivo y ocurre en un escenario totalmente diferente.
— Tienes un casting de locura. ¿Quién te ha sorprendido más?
—Todos se lo han tomado súper en serio. Se han implicado desde el primer segundo. Además, como yo soy así, que me gusta mandar... (Ríe). Los riño, hago que se impliquen y al final todos son súper competitivos. El éxito del programa es que todos están a una y todos quieren ganar, aunque solo pueda quedar uno.
"Los famosos dejan de serlo para convertirse en niños que juegan. Eso se agradece mucho porque acabas viendo la esencia de cada uno"
—Es un formato con un toque muy teatral, ¿verdad?
—Muchísimo. Hay momentos de tensión, dramatismo y mucho misterio, pero también ironía, risa y algo de miedo. Es muy gracioso ver, por ejemplo, cuando ocurre el asesinato y el "muerto" tiene que quedarse ahí media hora sin moverse mientras los demás investigan. ¡Eso me hacía muchísima gracia!
— ¿Cómo es la convivencia con ellos durante esos tres días de grabación?
— Es como quedarte colgado en un aeropuerto con desconocidos que acaban siendo tus mejores amigos. Se crean unas dinámicas increíbles. Lo mejor es que ellos seguían concursando incluso cuando las cámaras no grababan; aprovechaban cualquier descuido para investigar.
— Nos han contado que te has enfrentado a un reto personal importante con este guion...
— ¡Ha sido un reto total! He tenido que aprenderme todas las entradillas de memoria. No tenía pinganillo, ni prompter, ni nada. Como soy tan Capricornio y tan cuadriculado, me lo aprendí todo perfecto desde el primer día. Al verme, me dijeron: "¿Para qué quieres pinganillo si lo haces todo bien?". Así que lo hice todo de memoria, tirando de mi experiencia en el teatro.
—Mirando atrás, ¿en qué momento sientes que cambió tu carrera?
—Tu carrera cambia a medida que cambias tú. Va ligada a tu etapa vital, a la intensidad de la juventud o al saber que te da la edad. Vas construyendo tu camino con muchos "nos" y muchos "sís". Ahora estoy en un punto donde solo hago lo que me hace feliz. He hecho muchas cosas distintas y normalmente me lo he pasado súper bien siempre.
— ¿Qué esperas que sienta el público desde casa?
— Que jueguen con nosotros. Es una televisión activa e interactiva. A través de un QR podrán ir acumulando pistas y, si aciertan quién es el asesino, ¡pueden ganar hasta 3.000 euros! Yo mismo jugaba mientras grabábamos porque no quería saber quién era el culpable... y te confieso que no acerté ni una vez. ¡No soy buen investigador! (Ríe).









