Hay rostros de la televisión que parecen transmitir seguridad desde el mismo instante en que aparecen en pantalla. Jordi González es uno de ellos. Durante décadas ha construido una imagen de periodista firme, ingenioso y capaz de formular las preguntas más incómodas sin que le tiemble la voz. Su ironía, esa aparente confianza en sí mismo e incluso su inconfundible presencia ante las cámaras han acabado convirtiéndose en algunas de sus principales señas de identidad. Por eso cuesta imaginar que, mucho antes de convertirse en uno de los presentadores más reconocidos del país, fue un niño incapaz de pronunciar su propio apellido sin tartamudear, víctima de las burlas de sus compañeros y convencido de que hablar en público era una auténtica pesadilla.
Esa es solo una de las confesiones que el presentador ha compartido en 'A la cara', el programa de la Cadena SER presentado por Xavier Sardà y Frank Blanco, donde también ha recordado la enfermedad que estuvo a punto de costarle la vida, ha respondido a algunas de las polémicas que le han acompañado durante su carrera y ha vuelto a hablar de la extraña certeza que mantiene desde la adolescencia sobre el día en que morirá.
El niño al que llamaban "Gon Gon"
Resulta difícil creerlo viendo al Jordi González de hoy, pero durante su infancia y adolescencia sufrió una importante tartamudez. Tanto que ni siquiera era capaz de pronunciar su apellido con normalidad.
"Yo de pequeño y adolescente era tartamudo", recordó durante la entrevista. Aquel problema en el habla terminó convirtiéndose en el motivo de las burlas de sus compañeros de colegio.
"En clase, para humillarme, para hacerme bullying, sin saber lo que era eso, los niños me llamaban 'Gon Gon', porque no era capaz de pronunciar mi apellido seguido", explicó.
Aquella situación le llevó a cerrarse en sí mismo y su madre decidió buscar una solución, llevándolo a diferentes logopedas. Sin embargo, el verdadero cambio llegó un Día de Reyes con un regalo aparentemente sencillo: una grabadora de casete.
La grabadora que cambió su vida
Aquella grabadora sigue siendo, todavía hoy, el objeto más importante que conserva de toda su vida.
Su madre le propuso un ejercicio muy simple.
"Todos los días lee un poquito en voz alta, te grabas y te escuchas. Ya verás cómo poco a poco vas ganando confianza en ti mismo", le dijo.
Lo que comenzó como una terapia terminó despertando una vocación inesperada.
Con apenas catorce o quince años empezó a improvisar programas de radio dentro de su habitación. Al principio simplemente leía textos en voz alta, pero poco después comenzó a improvisar delante del micrófono.
"Luego ya me di cuenta de que podía soltarme, que podía empezar a improvisar, pero siempre con el micrófono delante", recordó.
Sin saberlo, tenía mucha más audiencia de la que imaginaba.
"Me escuchaba todo el mundo. Yo no caía en que las paredes eran de papel", explicó entre risas.
Aquellos improvisados programas caseros terminaron convirtiéndose en el inicio de una carrera profesional que nadie habría imaginado, ni siquiera sus vecinos, que años después seguían preguntando sorprendidos por aquel chico tartamudo que había terminado trabajando en Radio Barcelona.
La transformación fue tan radical que apenas un año después pasó de ser el alumno del que todos se reían a convertirse en delegado de clase.
"Fui elegido delegado porque era el que mejor hablaba en voz alta y en público", recordó.
Las polémicas que le han acompañado
La entrevista también sirvió para responder a algunas de las polémicas que han marcado su carrera.
Una de ellas fue la acusación lanzada hace meses por Nagore Robles, quien habló de un presentador que mantenía el plató a temperaturas extremas y trataba mal a parte del equipo.
Jordi González reconoció que sus programas siempre se han grabado con temperaturas bajas, aunque negó rotundamente muchas de las afirmaciones.
"Es verdad que la gente pasa frío en mis platós y los cámaras a veces trabajan con anoraks. Es mentira que yo exija que esté a -8 grados, que la gente se medique con paracetamol y, sobre todo, es mentira que yo trate mal a las personas", aseguró.
Sobre Nagore Robles fue igualmente contundente.
"Es una persona que hace lo que sea para estar en un plató y revalidar su puesto cada semana", afirmó.
También respondió a las declaraciones de Boris Izaguirre, que se sintió decepcionado cuando Jordi ocupó su puesto al frente de Lazos de Sangre.
El periodista aseguró que nunca entendió ese enfado porque, según explicó, era la cadena quien debía comunicar cualquier cambio y no él.
Su experiencia al borde de la muerte
Si hubo un momento especialmente impactante durante la conversación, fue cuando recordó la enfermedad que casi acaba con su vida el año pasado.
Todo ocurrió mientras se encontraba en Colombia.
Una bacteria le provocó una bronconeumonía bilateral, la misma enfermedad que causó la muerte del papa Francisco, agravada por una crisis renal.
Su estado llegó a ser tan grave que los médicos tuvieron que inducirle al coma durante casi tres semanas.
"No oxigenaba la sangre y, al no llegar oxígeno al cerebro, no registré ningún recuerdo", explicó.
Durante ese tiempo permaneció con una fiebre cercana a los 40 grados y conectado a un pulmón artificial mediante una traqueotomía.
El despertar fue completamente desconcertante.
Su primer recuerdo fue intentar preguntar qué día era.
"¿Qué día es hoy?", consiguió decir a una enfermera.
La respuesta le dejó completamente descolocado.
"Hoy es sábado, don Jorge".
Él creyó que llevaba apenas dos días ingresado.
Pero la realidad era muy distinta.
"No. Lleva usted dos meses", le respondió la sanitaria.
A pesar de la gravedad de lo ocurrido, Jordi González asegura que nunca ha querido conocer con detalle todo lo que sucedió durante ese tiempo porque no conserva ningún recuerdo de aquellas semanas.
Convencido de que morirá a los 78 años
Quizá la confesión más desconcertante llegó al final de la entrevista.
Frank Blanco recuperó un antiguo titular de ¡HOLA! en el que Jordi González aseguraba saber exactamente cuándo moriría.
Lejos de matizarlo, el periodista confirmó que sigue pensándolo.
"Tengo la absoluta certeza desde los catorce o quince años", afirmó.
No solo cree saber la edad.
También imagina cómo ocurrirá.
"Creo que será durmiendo en un avión. Después de cenar me tomaré una de esas pastillas que nos tomamos cuando cruzamos un océano, me quedaré dormido... y ya no despertaré", relató entre risas.
Puede parecer una ocurrencia más del presentador, pero él insiste en que nunca ha dejado de creerlo.










