Fue una boda mágica, llena de emoción -la "boda de los amores", como decían algunos de sus invitados en sus redes sociales-. Carlos Fernández de Araoz Gómez-Acebo y Conchita Calderón Pérez-Bricio se daban el 'sí, quiero' el pasado fin de semana en un espectacular enlace, de dos días, que reunió al mundo de la empresa, la aristocracia y las finanzas en la Costa del Sol. Desde el príncipe Kyril de Bulgaria y Simoneta Gómez-Acebo a Joaquín Güell y Blanca Suelves, y, según ha podido saber ¡HOLA!, el rey Felipe VI. Nadie se quiso perder el gran día de la pareja.
Lazos de sangre
Carlos es uno de los seis hijos del recordado empresario Alejandro Fernández de Araoz y Marañón -nieto del doctor Gregorio Marañón-; y sobrino, por tanto, de Carmen -más conocida como Piru Urquijo- y María de los Dolores Fernández de Araoz -abuela materna de Sofía Palazuelo-.
Alejandro -al que sus amigos llamaban, cariñosamente, 'Dickie'- falleció hace dos años, y estaba casado con Isabel Gómez-Acebo y Duque de Estrada, hermana de Luis Gómez-Acebo, marido de la infanta Pilar -hermana del rey Juan Carlos-, así que su hijo Carlos comparte lazos de sangre con el rey Felipe VI, pero siempre ha llevado la discreción por bandera, y su vida ha transcurrido muy lejos del foco mediático.
Ingeniero superior de Telecomunicaciones -estudió en la Universidad Politécnica de Madrid-, cuenta con un MBA -por el Instituto de Empresa-, y, en la actualidad, es socio del grupo Azora, una compañía de inversión en activos inmobiliarios. Una destacada e impecable trayectoria en el universo empresarial, que 'comparte' con su ya esposa, quien también puede presumir de una brillante carrera -de más de dos décadas- en banca.
Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, Conchita tiene un máster en Mercados Financieros, y ha trabajado en distintos rincones del mundo -desde Miami y México hasta Zúrich-, ocupando puestos de responsabilidad en JP Morgan, Rothschild y el Santander; aunque ahora figura como miembro del Consejo de Administración y presidenta de la Comisión de Auditoría de 'Sites Latam'.
Una preboda plateada
Durante este tiempo, Carlos y Conchita han ido compartiendo alguna que otra instantánea en sus redes sociales, donde mostraban algunos de sus viajes y los eventos sociales a los que acudían juntos. De hecho, tampoco faltaron a la boda de los duques de Huéscar -aquel seis de octubre de 2018 en el Palacio de Liria-, pero, tras más de siete años de amor, les tocaba a ellos dar el gran paso.
Su gran celebración comenzaba el viernes, diez de abril, con una espectacular fiesta preboda en el hotel Finca Cortesin, en Málaga. En este singular enclave, que cuenta con un 'Jardín de Lutz', rodeado de olivos centenarios y con vistas al mar Mediterráneo, organizaron una Silver night -una noche plateada-, que ni la lluvia pudo empañar.
Cumpliendo con el dress code, todos los invitados se vistieron en tonos plateados, y, por supuesto, los novios no hicieron una excepción. Conchita optó por un vestido entallado, en tono champán, mientras que Carlos llevó una divertida chaqueta de dorado brillante.
Bailaron al ritmo del grupo Third Floor, que se encargó de poner música y tocó éxitos de los Hombres G -como Venezia- o del cantante Luis Miguel -Ahora te puedes marchar-, que animaron a todos sus amigos a tomar la pista de baile, aunque lo mejor quedaba para el día siguiente.
La gran boda
Después de vivir una noche inolvidable, el sábado, once de abril, llegaba el gran momento. Poco antes de las dos de la tarde, en la Iglesia de Santa Ana del municipio malagueño de Manilva, comenzaba la ceremonia religiosa. Rodeados de sus amigos más cercanos y sus seres queridos, se daban el 'sí, quiero': el empresario Joaquín Güell ocupaba uno de los primeros bancos como testigo, pero tampoco faltaron los príncipes Kyril y Konstantin de Bulgaria -de hecho, los Fernández de Araoz también son sus primos segundos- y, como comentábamos en líneas anteriores, el rey Felipe, quien también está muy unido a la familia del novio.
La pareja dio la bienvenida a sus invitados con una fiesta preboda, y un día después se dieron el 'sí, quiero' en la iglesia de Santa Ana, en el municipio malagueño de Manilva
Don Felipe era íntimo amigo, desde la infancia, de Jaime, uno de los hermanos de Carlos: estudiaron juntos en Canadá y el monarca fue uno de los testigos de su boda con María Luisa Sáenz de Varona, el 20 de abril de 1996 en Briones (La Rioja). El sobrino de la infanta Pilar falleció en un trágico accidente mientras esquiaba en Suiza, en 2003, con apenas 37 años, y desde su triste pérdida, el Rey concede un galardón que lleva el nombre de su querido amigo, el 'Premio Jaime Fernández de Araoz de Finanzas Corporativas', así que quiso estar presente en este nuevo enlace de los Fernández de Araoz.
Tal y como nos han contado, acudió solo -sin la reina Letizia- y se mostró muy animado, bailando mientras tocaban 'Los Alpresa', que se encargaron de amenizar la gran fiesta, aunque la actuación 'inesperada' llegaba de la mano de Vicky Martín Berrocal, que no dudó en subirse al escenario para cantar a su amiga Conchita, quien también tenía otra sorpresa guardada para la noche: su segundo look nupcial -un vestido con escote palabra de honor-.























