Después de dar el último adiós a Luigi d’Urso, la princesa Carolina de Mónaco y su gran amiga Inés de La Fressange se fundieron en un cariñoso abrazo
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La que fue Marianne francesa y el abogado llevaban más de quince años casados y eran padres de dos niñas, Nine, de once años, y Violette, de seis, a las que vemos junto a su madre a la salida del servicio religioso
5 ABRIL 2006
Caprichos del destino. El 3
de octubre de 1990, Carolina
de Mónaco recibía la noticia del
fallecimiento de su esposo, Stefano
Casiraghi. En ese momento, se
encontraba junto a su gran amiga
Inés de la Fressange. Casi como
hermanas. Entonces, la que fuera
la top model más famosa de los
años ochenta se convirtió en el
paño de lágrimas de la princesa.
Ahora, dieciséis años después, el
destino ha querido que los papeles
se cruzaran. Inés ha perdido
repentinamente a su marido, Luigi
d’Urso, víctima de un infarto, y
a su lado tenía, como no podía
ser de otra manera, a su amiga
del alma.
La que fue Marianne francesa
y el abogado llevaban más de
quince años casados y eran padres
de dos niñas, Nine, de once
años, y Violette, de seis. Precisamente,
Carolina de Mónaco fue la madrina
del bautizo de su primogénita.
Durante el multitudinario funeral,
celebrado en la iglesia de
Saint-Clotilde, de París, las dos
pequeñas no se separaron del
lado de su madre.
Allí estaba Carolina,
acompañada por su esposo, el
príncipe Ernst de Hannover, muy
afectada por la pérdida. Eran muchos
años de amistad. La princesa
no pudo contener las lágrimas durante
el acto religioso. Junto a ella
se encontraba también su hijo mayor,
Andrea Casiraghi, acompañado
de su novia, Tatiana Santodomingo,
que se han hecho inseparables.
Asimismo, y entre otras
personalidades, destacó la presencia
de Yves Saint-Laurent y su socio,
Pierre Bergé. Después de dar el último adiós a
Luigi d’Urso, Carolina e Inés se
fundieron en un cariñoso abrazo.
Un icono de la moda
Su belleza, su elegancia y su clase
hicieron de ella todo un icono de la
moda de los años ochenta. Llegó a
su cima internacional cuando Karl
Lagerfeld la convirtió en la musa de
Chanel. En aquellos tiempos, su amistad con
Carolina, fiel seguidora de la firma, se estrechó,
pero se remontaba a mucho atrás. Con ella
compartió los mejores tiempos de su matrimonio
con Stefano. En su boda con Luigi, celebrada
en Tarascon, el matrimonio Casiraghi tuvo
un lugar destacado. Era una época feliz y nada
hacía presagiar que cuatro meses después de
esa boda tendrían que acudir al funeral de Stefano.
Hoy por ti y mañana por mí
En esa misma época, Inés tomó entonces la
decisión de retirarse del mundo de la moda, no
sin antes haber logrado que su nombre quedara
escrito como el de una de las modelos más
emblemáticas de la Historia. En aquellos tiempos
de retiro de la princesa Carolina en la Provenza
francesa, era frecuente verla junto a su
amiga Inés, volcada en su nueva faceta de diseñadora de moda.
Pero volvió a pisar la pasarela. Apareció esporádicamente
en algún desfile. De hecho, se
convirtió en la modelo más veterana de algunas
pasarelas, desfilando para Moschino o Jean-
Paul Gaultier, sin que, camino de los cincuenta,
hubiera perdido la personalidad sobre las
pasarelas que la hizo mundialmente famosa.
Incluso escribió un libro en el que desvelaba todos
los secretos de la profesión.
Hoy, con cuarenta y siete años, mantiene intactas
la belleza y la personalidad que la hicieron
mundialmente famosa. Pero no sólo eso.
Conserva la amistad con Carolina, que en estos
momentos se convertirá en un hombro en el
que llorar. Su gran apoyo. Hoy por ti y mañana
por mí.