El príncipe Alberto y su hermana, la princesa Estefanía, han vuelto a ofrecer, en una tradicional ceremonia, regalos a los hijos de los empleados del Palacio
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Alberto de Mónaco ha continuado fiel a las tradiciones iniciadas por su madre agasajando a los pequeños con juguetes y chocolate
21 DICIEMBRE 2006
La Navidad llena de momentos especiales los rincones de todo el mundo. Y, por supuesto, llega también, hasta el pequeño Principado de Mónaco, donde estos días se ha producido uno de los episodios más entrañables de la Navidad monegasca.
El príncipe Alberto y su hermana, la princesa Estefanía, han vuelto a ofrecer, en una tradicional ceremonia, regalos a los hijos de los empleados del Palacio participando en la tradicional fiesta infantil junto a un Papá Noel de larga barba blanca e impecable traje rojo.
El Salón de los Espejos fue de nuevo el escenario elegido para la celebración. Un espectacular espacio presidido por un retrato de la princesa Gracia, realizado por R. Cowan - la última vez que se tomó una fotografía oficial de Raniero con sus tres hijos fue en este mismo lugar con motivo de la Navidad, en 1998-, quien en cierto modo vigila para que todo se realice de la misma manera en la que ella lo hizo por primera vez, en 1956, cuando se convirtió en Princesa de Mónaco.
Medio siglo de tradición
Aunque han pasado exactamente cincuenta años, nadie olvida que fue la Princesa Grace la que comenzó a llevar regalos a los enfermos de Mónaco cuando se acercaban estas fechas, la que empezó a visitar a los ancianos que pasan estas fiestas en residencias, quien creó el torneo de fútbol de Navidad del Principado y quien comenzó la costumbre de repartir regalos en Palacio para los niños.
Representaciones, recepciones, festivales y actos de todo tipo se suceden durante estos días en el pequeño estado con la Familia principesca siempre presente. En esta ocasión, el Príncipe reinante y su hermana menor quienes han continuado fieles a las tradiciones iniciadas por su madre agasajando a los pequeños con juguetes y chocolate, mientras los mayores comenzaban a encender miles de velas en las murallas para iluminar Montecarlo desde las murallas. Un ritual que denominan Faites-la-geste.