El atractivo de la actriz y modelo portuguesa Magui Corceiro es innegable y este verano ha decidido ponerle un marco a la altura con una escapada a una de las islas más bellas de Grecia.
Un viaje que ha coincidido prácticamente con su gran salto a España. Magui no solo es una de las jóvenes actrices más populares de Portugal, sino también una figura con una carrera cada vez más internacional. El pasado 5 de junio estrenaba en España Todo lo que nunca fuimos, la adaptación de la novela de Alice Kellen que protagoniza junto a Maxi Iglesias.
Y apenas unos días después, a mediados de junio, sus redes sociales nos permitían verla disfrutando de Milos, una de las islas del archipiélago de las Cícladas. Un territorio de origen volcánico que concentra en poco más de 150 kilómetros cuadrados una extraordinaria variedad de paisajes entre playas de arena dorada, aguas de un azul casi irreal y formaciones rocosas blancas, rojas, amarillas o negras que parecen de otro planeta. Un escenario perfecto para broncearse, darse un baño, saborear la gastronomía griega y desconectar de los días de rodaje.
Quizá las islas más famosas de las Cícladas sean las primeras que vienen a la cabeza cuando pensamos en un verano griego. Santorini y Mykonos son las grandes estrellas, pero hay otras que conservan una personalidad propia y paisajes igualmente extraordinarios. Milos es una de ellas. Menos asociada al glamour internacional que sus vecinas y con un carácter más relajado, combina pueblos de pescadores, pequeñas localidades encaladas, una costa extraordinariamente recortada y algunas de las playas más bellas del Egeo. No es difícil entender por qué Magui la escogió para su escapada.
Milos y los paisajes imposibles
En Milos hay una imagen que resume como pocas la personalidad de la isla, la de sus rocas blancas de Sarakiniko recortándose contra un mar azul intenso. El paisaje, modelado durante miles de años por la actividad volcánica, el viento y el agua, parece más propio de un escenario lunar que de una playa mediterránea.
Pero quedarse solo con Sarakiniko sería perderse buena parte de sus otros encantos. Milos cuenta con más de 70 playas y cada tramo de costa ofrece una fisonomía diferente. Hay arenales cómodos y familiares, como Provatas, y otros de carácter más salvaje, además de pequeñas calas donde el protagonismo corresponde por completo al paisaje.
Entre las imprescindibles está también Firiplaka, al sur, donde los acantilados volcánicos de colores enmarcan una larga franja de arena. Paliochori, por su parte, sorprende por las tonalidades de las rocas que rodean la playa.
Una isla que pide navegar
Si hubiera que escoger una sola experiencia para entender Milos, probablemente sería salir al mar. Su costa, extraordinariamente recortada, esconde cuevas, pequeñas calas y formaciones geológicas que no siempre son accesibles desde tierra. La navegación permite contemplar desde otra perspectiva lugares como Kleftiko, uno de los grandes iconos de la isla. Sus enormes formaciones de roca volcánica blanca se levantan sobre el mar formando cuevas, pasadizos y pequeñas ensenadas. Un paisaje especialmente espectacular visto desde una embarcación.
También forma parte de su personalidad el viento. En verano, las condiciones del mar pueden hacer que una costa sea mucho más agradable que otra, por lo que conviene ser flexible y elegir cada día la playa en función de las condiciones.
Pueblos blancos y casas frente al mar
Salimos de las playas para conocer sus pequeños pueblos y disfrutar de la vida cotidiana junto a sus habitantes. Adamas es el principal puerto y uno de los lugares más prácticos para instalarse y recorrer la isla desde allí. Pollonia, en el extremo noreste, tiene un ambiente más marinero y tranquilo, con restaurantes y terrazas frente al agua.
Pero para conocer la imagen más tradicional de Milos hay que subir hasta Plaka, la capital. Sus calles estrechas, casas blancas y pequeñas iglesias reúnen esa estética cicládica que todos esperamos encontrar en una isla griega. En lo alto se encuentra el Kastro, desde donde se disfruta de una de las mejores panorámicas de la isla y del atardecer.
También merece una parada Klima, uno de los rincones más fotogénicos de Milos. Sus antiguas casas de pescadores, conocidas como syrmata, se alinean junto al mar con sus puertas y fachadas de vivos colores. Muy cerca se encuentra otro de sus grandes tesoros, el teatro antiguo, situado sobre la ladera que domina la bahía. El monumento que hoy vemos corresponde a época romana y fue construido en varias fases; tras su restauración puede volver a visitarse y acoger representaciones.
La Venus que hizo famosa a Milos
La historia también ocupa un lugar protagonista. Milos es célebre en todo el mundo porque aquí apareció en 1820 la famosa Afrodita de Milos, conocida internacionalmente como Venus de Milo y conservada hoy en el Museo del Louvre de París. En el Museo Arqueológico de Milos, situado en Plaka, una réplica recuerda aquella escultura, junto a piezas procedentes de diferentes yacimientos de la isla.
La riqueza arqueológica de Milos, sin embargo, va mucho más allá de la Venus. Las catacumbas constituyen otro de sus imprescindibles, un complejo subterráneo, excavado en la roca volcánica, que fue utilizado como cementerio cristiano entre mediados del siglo I y el siglo VII y forma parte de la antigua ciudad de Melos.
También merece la pena acercarse a Phylakopi, uno de los asentamientos prehistóricos más importantes del Egeo, habitado de manera continuada durante la Edad del Bronce.
Una isla para descubrir también desde la mesa
La experiencia de Milos se completa sentados a la mesa de sus tabernas y restaurantes. En ellos encontramos una cocina sencilla, marinera y basada en los productos locales: pescado, marisco, verduras, quesos y los tradicionales mezedes que acompañan las comidas.
Adamas y Pollonia concentran buenos restaurantes junto al mar, aunque merece la pena dejar espacio para las tabernas de los pequeños pueblos pesqueros. Mandrakia, por ejemplo, permite acercarse a una imagen muy tradicional de la isla, con sus pequeñas construcciones marineras junto al agua.
Cómo llegar a Milos
La forma más sencilla de llegar desde España es volar a Atenas y desde allí continuar hasta la isla. El pequeño aeropuerto de Milos está conectado con el de Atenas mediante vuelos domésticos de unos 40 minutos. También existe conexión marítima desde Atenas y otros puntos del Egeo.
Una vez en la isla, disponer de vehículo facilita mucho los desplazamientos y permite combinar playas, pueblos y miradores con libertad.

















