Zara Home ha viajado hasta las islas griegas en busca de la esencia mediterránea y su primera parada ha sido To Pefkaki, una encantadora y sencilla taberna de madera asomada al mar en la recóndita isla de Hydra. Al final de un sinuoso camino costero se esconde este restaurante familiar, regentado por Ana Petroleka y su marido, Stefano Petrolekas. Una escalinata desciende directamente hasta las aguas turquesas y convierte el lugar en el refugio perfecto para olvidarse del reloj y disfrutar de la calma mediterránea.
Sus manteles de lino rústico, las cerámicas que rinden homenaje a la artesanía local, la cristalería sencilla y las velas capturan la esencia del verano. Inspirándose en esa atmósfera, los creativos de la firma trasladan a cualquier mesa el estilo de vida mediterráneo, con una estética que parece sacada directamente del universo Mamma Mia!
Hydra posee un rico legado histórico, pero es su paisaje lo que hoy atrae a ella. Islotes, residencias de artistas y pinares que descienden hasta el mar dibujan el carácter de esta isla griega. Todo ello recorrido por senderos polvorientos, ya que aquí no existen los vehículos a motor. Ni coches, ni motos, ni quads: solo los burros, los caballos, los barcos y las propias piernas permiten descubrir hasta el rincón más remoto de la isla.
UN ANFITEATRO DE PIEDRA ASOMADO AL EGEO
El puerto es la puerta de entrada a Hydra. Hasta él llegan los ferris procedentes de Atenas tras unas dos horas de travesía y lo primero que llama la atención es el anfiteatro de casas de piedra que ascienden por la ladera. En el muelle, cafés, joyerías, restaurantes y botes-taxi ponen el toque de vida a una de las estampas más icónicas de la isla.
En el extremo este del puerto se encuentra el bastión de Kavos, presidido por la estatua del almirante Andreas Miaoulis, uno de los héroes de la Guerra de Independencia griega.
Desde el puerto, el paseo recorre una hilera de elegantes mansiones que pertenecieron a antiguos capitanes y que hoy albergan hoteles, galerías, restaurantes y pequeños comercios. Al oeste, un promontorio rocoso da paso a dos de las playas más conocidas de Hydra: Spilia e Hydronetta. Sus aguas cristalinas y su cercanía al centro las convierten en una de las paradas imprescindibles de la isla. Muy cerca se levanta la histórica mansión de la familia Kountouriotis, convertida en un museo dedicado al arte y la historia postbizantina.
Entre calles estrechas, escalinatas de piedra, balcones cubiertos de buganvillas, cañones que aún apuntan al horizonte y edificios del siglo XVIII, Hydra sorprende por la cantidad de espacios culturales que concentra. En el extremo este, la Fundación DESTE de arte contemporáneo, instalada en un antiguo matadero, contrasta con la elegancia neoclásica del Museo del Archivo Histórico. Callejeando cuesta arriba aparecen otros imprescindibles, como el Museo Tetsis o la Catedral de la Asunción de la Virgen, un antiguo monasterio del siglo XVII que conserva un valioso museo de arte bizantino y eclesiástico.
RUMBO AL OESTE: CALAS SECRETAS Y RETIROS DE LUJO
Una vez recorrido el puerto, llega el momento de elegir: caminar por los senderos costeros o subir a uno de los botes-taxi que conectan las principales calas. Para descubrir la isla con calma, merece la pena comenzar con una ruta hasta el monte Eros. Allí, el monasterio del profeta Elías y el convento de Santa Eufrasia ofrecen una de las mejores panorámicas de Hydra y del golfo Sarónico.
Al descender, el litoral de Hydra va encadenando pequeñas calas, cada una con un carácter distinto. Kaminia conserva el aire de un tranquilo puerto pesquero, con rincones como la Casa Roja y una diminuta capilla dedicada a San Nicolás. Vlichos invita a bajar el ritmo entre aguas cristalinas y laderas cubiertas de vegetación, mientras que Plakes, accesible en taxi acuático, es una de las favoritas por su ambiente relajado y por el conocido Four Seasons Hydra. Más alejada, Bisti, rodeada de pinos, recompensa el trayecto con un entorno perfecto para el esnórquel y el buceo.
Más al sur, la costa se vuelve más agreste. Hasta allí llegan los botes taxi, que permiten descubrir enclaves como Agios Nikolaos, perfecta para ver caer el sol, o Nisiza, rodeada de un paisaje escarpado.
EL PARAÍSO DEL SLOW TRAVEL
Sin coches ni motos, Hydra invita a descubrirla a pie. La isla cuenta con 11 rutas de senderismo y cerca de 80 kilómetros de caminos que atraviesan montañas, calas y monasterios. Uno de los itinerarios más populares parte de la capital y conduce hasta el monasterio de Agia Fotini, habitado aún por una pequeña comunidad de monjas.
Desde allí, el sendero hacia el este deja atrás las vistas de la capital para llegar al convento de Agia Triada, construido en el siglo XVIII y conocido por conservar su estética ortodoxa y por haber servido de refugio durante la Guerra de la Independencia. A partir de este punto, el camino se bifurca: una opción desciende hasta Mandraki, un antiguo puerto militar convertido hoy en un tranquilo rincón costero conectado con la capital por un agradable paseo junto al mar; la otra continúa hacia el monasterio de Agios Nikolaos, famoso por sus reliquias y las vistas que ofrece sobre la isla.
Sea cual sea el camino elegido, siempre habrá ocasión de desviarse hasta playas casi desiertas como Limnioniza, una cala de aguas cristalinas con un pequeño islote al que se puede llegar nadando.
MONASTERIOS Y FAROS AL BORDE DEL ACANTILADO
No todas las joyas escondidas de Hydra se encuentran junto al mar. En el extremo este, el terreno se vuelve más escarpado y obliga a los más aventureros a abrirse paso entre pequeñas calas que ni siquiera aparecen en los mapas. En una de ellas comienza una escalinata de más de 600 peldaños tallados en la roca viva, obra de un pastor local que dedicó diez años de su vida a construirla.
Al final de la escalinata aparece el monasterio de Zourva, un conjunto de edificios blancos donde viven cinco monjas. Cada mes de septiembre, los hidriotas recorren cerca de siete kilómetros en peregrinación para celebrar la festividad de su santo patrono, compartiendo dulces, café y licores con el mar como telón de fondo.
Y si la ruta hasta Zourva exige un último esfuerzo, la recompensa merece la pena. El sendero termina en el cabo Zourva, donde se alza un histórico faro del siglo XIX. A apenas 150 metros aparece la última sorpresa de Hydra: la pequeña iglesia de San Ioannikios, encajada casi de forma imposible en el acantilado. Como escribió un autor local, es "un lugar veneradísimo y de ensueño, donde la fe, el mar y el vértigo del acantilado se unen". La capilla fue levantada por un capitán que quiso dar gracias tras sobrevivir a una tormenta y resume como pocos lugares el espíritu de la isla: una belleza discreta, profundamente marinera y ajena a cualquier artificio. Quizá sea precisamente esa autenticidad la que ha convertido a Hydra en la gran fuente de inspiración de la decoración este verano.
EL OTRO GRAN FLECHAZO DE ZARA HOME EN LAS ISLAS GRIEGAS
La otra gran localización elegida para la última campaña de la firma de Marta Ortega es la isla de Kea (o Tzia). Apenas a una hora en ferri desde Atenas, aunque ya en el archipiélago de las Cícladas, Kea Retreat fue otra de las grandes inspiraciones mediterráneas de la colección.
Se trata de un hotel boutique de gestión familiar, escondido entre colinas y viñedos, con vistas a la bahía de Káthila. Alejado del bullicio de otras islas cicládicas como Mykonos o Santorini, apuesta por una forma de viajar pausada, con el bienestar, el yoga y la gastronomía de proximidad como protagonistas. Su arquitectura de piedra, los interiores de líneas depuradas y el uso de materiales naturales, como el lino, reflejan esa otra cara del Mediterráneo que la firma quiso plasmar en esta propuesta.
La esencia marinera de Hydra y la calma de Kea, dos escenarios muy distintos unidos por una misma idea: una belleza sencilla, atemporal y profundamente mediterránea.

















