Brad Pitt ya está disfrutando de San Sebastián y se aloja en el hotel María Cristina, el más histórico, exclusivo y cinematográfico de la capital donostiarra. Llegó este domingo, 17 años después de su anterior visita al Zinemaldia, cuando en 2009 presentó Malditos bastardos junto a Quentin Tarantino; ahora lo ha hecho acompañado de su pareja, Inés de Ramón. Será hoy cuando pise el Kursaal para presentar fuera de concurso En el corazón de la bestia, el nuevo thriller de David Ayer. En la película se mete en la piel de un antiguo oficial de las Fuerzas Especiales que sobrevive a un accidente de avión y queda aislado en la naturaleza de Alaska junto a su perro de combate, Odín, un pastor alemán al que el actor cogió mucho cariño. Los dos tendrán que encontrar el camino de regreso a la civilización mientras luchan contra las condiciones del territorio. ¿Lo conseguirán?
La trama transcurre en Alaska. O eso parece. Porque las montañas, los lagos, los bosques y los ríos que vemos en pantalla están en realidad en la otra punta del mundo, en la Isla Sur de Nueva Zelanda. En las antípodas, el equipo encontró los paisajes remotos que necesitaba para esta historia de supervivencia. Queenstown fue la base del rodaje y desde allí se movieron por algunos de los grandes escenarios naturales del país. Seguimos las huellas de Brad Pitt por las localizaciones de la película.
QUEENSTOWN, LA BASE DE LA AVENTURA
La aventura neozelandesa de Brad Pitt arrancó en marzo de 2025 en Queenstown. Aquí la pregunta no es qué hacer, sino por cuál de todas las actividades que se pueden hacer aquí empezar: esquí, rafting, parapente, bungy… La ciudad está a orillas del lago Wakatipu, una larguísima lengua de agua encajada entre montañas que cambia de aspecto a cada curva de la carretera.
En Kinloch, en la orilla norte del lago, fue donde Pitt rodó junto a un hidroavión. Para quien llegue hasta aquí, el plan es disfrutar del Wakatipu: navegar por el lago, alquilar un kayak y remar entre montañas o acercarse a alguno de los miradores de su orilla.
LA CARRETERA A GLENORCHY
Desde Queenstown hay que seguir la orilla del lago Wakatipu hacia el norte para llegar a Glenorchy. Son unos 45 kilómetros de carretera panorámica, de esas en las que cuesta más mirar hacia delante que hacia los lados: el lago aparece y desaparece entre las curvas mientras las montañas de los Alpes del Sur van ganando terreno.
El primer alto merece hacerlo en Bennett’s Bluff, uno de los mejores miradores de la carretera, con el Wakatipu extendiéndose abajo y las montañas cerrando el paisaje. Después aparecen Glenorchy Wharf y su pequeño embarcadero, con las montañas reflejadas en el agua, y la famosa hilera de árboles junto a la laguna.
Glenorchy es el final de la carretera y también el principio de uno de los paisajes más impresionantes de la zona. Desde aquí se puede continuar hacia Paradise, una pista que se interna en el valle entre bosques de hayas, ríos y las montañas de los Alpes del Sur. Es el tipo de paisaje que buscaba la película para recrear Alaska y donde Nueva Zelanda vuelve a demostrar que, cuando se trata de poner naturaleza salvaje delante de una cámara, juega con ventaja.
También desde aquí parten algunas de las grandes rutas a pie de la región, como Routeburn Track, que atraviesa el paisaje alpino entre el Parque Nacional Mount Aspiring y Fiordland. Desde Glenorchy también se puede hacer una excursión en barco por el río Dart o adentrarse en los bosques y montañas del Parque Nacional Mount Aspiring.
THE REMARKABLES
Hay que mirar al otro lado del lago Wakatipu para ver las montañas que dan nombre a The Remarkables. Desde Queenstown parecen estar a tiro de piedra, pero la carretera obliga a rodear el lago para acercarse a ellas. Sus paredes de roca caen hacia el agua y los picos, afilados y desiguales, cambian de color según avance el día.
La mejor forma de acercarse a este escenario de El corazón de la bestia es subir por la carretera de The Remarkables Ski Area, que gana altura a cada curva. En invierno conduce hasta las pistas de esquí; en verano, cuando no hay nieve, deja a la vista un paisaje más áspero, de roca, hierba y pequeños lagos de montaña. Desde arriba, Queenstown queda abajo, al borde del Wakatipu, y cuesta reconocer la ciudad que se veía desde el lago.
La cordillera también se puede contemplar desde Jacks Point, al sur de Queenstown, con el Wakatipu por medio. Pero es al subir hacia la estación de esquí cuando cambia de verdad el paisaje: arriba quedan las rocas desnudas, los pequeños lagos y la alta montaña, que en invierno se cubre de nieve. Es la otra cara de Queenstown, la que mira hacia las montañas en vez de hacia la ciudad.
EL FIORDO DE MILFORD SOUND
Para llegar a Milford Sound, en el corazón del Parque Nacional de Fiordland, hay que tener paciencia: desde Queenstown son casi cuatro horas de carretera. Pero la ruta ya es parte del viaje. La Milford Road atraviesa bosques de hayas, pasa junto a los Mirror Lakes, donde las montañas se reflejan en el agua, y se mete por el Homer Tunnel antes de aparecer de golpe en el valle de Milford.
Y entonces aparece Mitre Peak, la montaña que domina el fiordo con sus casi 1.700 metros de altura. La mejor manera de meterse en este paisaje es subir a uno de los barcos que recorren los 16 kilómetros de Milford Sound hasta el mar de Tasmania. Desde el agua se pasa junto a Lady Bowen Falls y Stirling Falls, las dos grandes cascadas que llevan agua todo el año, mientras las paredes de roca se levantan a ambos lados.
Aquí la lluvia no es necesariamente una mala noticia. En Milford Sound caen alrededor de 7 metros de agua al año y, después de un buen chaparrón, aparecen decenas de cascadas efímeras descolgándose por las montañas. Es entonces cuando el fiordo se pone todavía más salvaje y se entiende por qué este rincón de Fiordland, Patrimonio de la Humanidad junto al resto de Te Wāhipounamu, sirve tan bien para hacer pasar Nueva Zelanda por Alaska.
MOUNT ASPIRING
Otro de los escenarios del rodaje es el Parque Nacional Mount Aspiring, al norte de Queenstown y Wānaka. Su nombre viene de la montaña que domina este territorio, el Mount Aspiring o Tititea, de 3.033 metros, una de las grandes cumbres de los Alpes del Sur. Pero el espacio protegido es más que la montaña; es, sobre todo, lo que se despliega a su alrededor: valles glaciares, ríos, bosques húmedos y cordilleras que parecen no tener fin. En pocas horas se puede pasar de la orilla de un lago a un valle glaciar o adentrarse en un bosque de aspecto casi prehistórico.
El 25 de septiembre, cuando la película protagonizada por Brad Pitt llegue a los cines, tocará descubrir que esos paisajes de naturaleza brutal que parecen del extremo norte de América están, en realidad, al otro lado del mundo.















