La limpieza que tu casa necesita en otoño antes de encender la calefacción: los rincones que no deberías olvidar


Antes de encender la calefacción, aprovecha para limpiar esos rincones que el verano ha dejado llenos de polvo. Los repasamos para que no te dejes ni uno


Salón con cortinas dobles. © RQH Studio
4 de octubre de 2026 a las 19:02 CEST

En verano, la casa acumula polvo en lugares que apenas miras: detrás de los radiadores, en las guías de las ventanas o debajo de los asientos del sofá. Mientras las ventanas están abiertas, quizá no reparas en ello. Pero cuando llega el otoño y vuelves a pasar más tiempo dentro, lo más adecuado es dejar esas zonas a punto.

Y este es un buen momento para organizar una limpieza de otoño sin prisas, cuando aún no hace frío y se pueden aprovechar los días para que todo se seque bien. Todavía puedes ventilar mientras lavas cortinas y los edredones o limpias el colchón. 

No hace falta hacerlo todo el mismo día. Empieza por los radiadores, antes de encender la calefacción, y sigue por ventanas, rejillas y extractores. Después, dedica una jornada a los textiles y otra a los rincones que suelen quedarse fuera de la limpieza semanal. Y aunque cierres las ventanas más a menudo, recuerda abrirlas siempre que puedas, no solo para ventilar, especialmente después de ducharte, cocinar o limpiar. 

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Radiador debajo de la ventana. © Irsap

Radiadores: llega hasta el interior

Antes de encender la calefacción, conviene quitar el polvo atrapado en la parte posterior de los radiadores, ahora que aún están apagados y fríos. Protege el suelo con una toalla y aspira la parte trasera con una boquilla estrecha. También puedes usar un cepillo largo y flexible desde arriba. Te vendrá también bien para quitar el polvo de las ranuras. Verás caer pelusas que la limpieza habitual no alcanza. 

Retíralas con la aspiradora antes de limpiar la superficie con un paño apenas humedecido y jabón suave. Seca bien las uniones y evita echar agua dentro o rociar aerosoles sobre el aparato. ¿Hay manchas de óxido o una fuga? Toma nota antes de encenderlo y ponte en contacto con un fontanero antes de encender la calefacción (y purgar los radiadores). 

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Habitación con banco bajo la ventana. © Ingrid Matheu

Ventanas y persianas: empieza por las guías

Aunque limpies las ventanas, si las guías están sucias, se acabará manchando el cristal. Para dejarlas limpias, primero aspira los raíles, las esquinas y los orificios de desagüe accesibles. Puedes ayudarte de un cepillo de dientes viejo para desprender la suciedad pegada. 

Después limpia marcos y juntas con un paño húmedo y jabón neutro, sin empapar la goma. Para el cristal, usa un limpiacristales o agua con unas gotas de jabón y seca con una bayeta que no suelte pelusa. El vinagre de limpieza también es una buena opción. 

Las persianas son más complicadas de limpiar, ya que no podrás hacerlo por fuera. Aun así, conviene darles un repaso por el interior: bájalas poco a poco para pasar un paño por las lamas y quitar todo el polvo que sea posible. Deja que se sequen bien antes de volver a subirlas para evitar marcas y olores.

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Baño con extractor en el techo. © Amador Toril para Alberto Torres Interiorismo

Rejillas y extractores: despeja el paso del aire

En baños y cocinas, las rejillas de ventilación acumulan polvo justo donde necesitas que circule el aire. Si son desmontables, apaga el equipo, retíralas según las instrucciones del manual y lávalas con agua templada y jabón. En la cocina emplea un cepillo suave para retirar Youla grasa adherida. 

Después, aspira el hueco visible sin introducir agua ni manipular cables o conductos. Antes de volver a montar cada pieza, comprueba que esté completamente seca y que el extractor funcione sin ruidos nuevos. No tapes las rejillas para evitar corrientes: cuando cocines o te duches, sigue usando la extracción y ventila cuando puedas.

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Baño abuhardillado. © Velux

Humedad y moho: busca la causa, no solo la mancha

Antes de que empiecen las lluvias propias del otoño, comprueba el estado de las paredes de tu casa. Mira detrás de los muebles pegados a las paredes exteriores, alrededor de las ventanas y en las esquinas del baño. Una marca oscura, pintura abombada o un olor persistente pueden avisarte de humedad. 

Si ves condensación, sécala y comprueba si la zona necesita más ventilación; si hay una filtración, hay que repararla. En superficies duras y en zonas pequeñas, retira el moho con agua y detergente, utiliza guantes y seca por completo. No pintes encima ni mezcles productos de limpieza para intentar hacerlo desaparecer más rápido. Si reaparece, se extiende o afecta a materiales porosos, pide una valoración profesional: limpiar sin resolver el origen no basta.

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Salón con cortinas dobles. © RQH Studio

Cortinas y estores: lávalos mientras puedes secarlas bien

Las cortinas y los estores acumulan polvo y, en la cocina, también grasa. Antes de descolgarlos para lavarlos, mira la etiqueta: unas admiten lavadora y otras necesitan limpieza en seco. Si puedes lavar las cortinas en casa, retira ganchos y accesorios, utiliza un programa adecuado al tejido y evita llenar demasiado el tambor. Aprovecha para aspirar barras, rieles y la parte superior de los marcos, donde se deposita la suciedad que luego cae sobre la tela.

Después, cuélgalas solo cuando no goteen y deja la ventana abierta el tiempo necesario para que se sequen del todo. 

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Mujer limpiando el colchón. © AdobeStock

Colchón: limpieza y giro con el cambio de sábanas

Cuando vayas a cambiar las sábanas la próxima vez, aprovecha para ventilar y limpiar el colchón. Aspira la superficie, las costuras y los laterales con el accesorio de tapicerías. Ahí suele acumularse polvo y pequeñas pelusas. 

 Si ves que el colchón tiene alguna mancha localizada, utiliza un producto apto para el tejido y la mínima humedad posible; después, deja secar por completo. Lava también el protector siguiendo su etiqueta antes de volver a hacer la cama.

¿Pensabas darle la vuelta? Comprueba primero las instrucciones: algunos modelos solo permiten girarlo de la cabeza a los pies, no cambiar de cara. Aprovecha para revisar la base y aspirar el suelo bajo la cama antes de colocar las sábanas limpias.

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Mantas y plaids sobre una butaca. © La Redoute

Mantas y edredones: sácalos del armario con tiempo

Saca el edredón antes de la primera noche fría, ya que después de varios meses guardado seguramente huele a cerrado. Haz lo mismo con las mantas y plaids, y comprueba si tienen manchas o huelen. 

Si no los lavaste antes de guardarlos, es el momento. Lee la etiqueta para no estropearlos en el lavado y comprueba que caben en tu lavadora. Si no caben, ve a una lavandería. 

Otro paso fundamental es el secado, especialmente en los rellenos voluminosos, que pueden conservar humedad en el interior. Una vez secos, viste la cama y guarda los textiles ligeros limpios. No los metas en bolsas cerradas si todavía conservan humedad, aunque por fuera parezcan secos.

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Armario vacío.  © Heyho / Pexels

Armarios: limpia antes del cambio de temporada

Cuando hagas el cambio de armario y guardes la ropa de verano, verás que hay polvo en baldas y esquinas. Ve poco a poco: vacía un módulo cada vez para no convertir el dormitorio en un montón de prendas sin ordenar. Aspira juntas, cajones y zócalos; luego pasa un paño poco húmedo y seca bien antes de volver a llenarlo.

También es un momento perfecto para comprobar si hay olor a humedad o manchas en la pared trasera, especialmente si el armario está junto a una fachada. Además, tendrás que lavar la ropa de verano antes de guardarla. A la hora de organizar el armario, deja los estantes accesibles para las prendas que vas a usar ahora y utiliza los maleteros superiores o el canapé para la ropa de otras temporadas. 

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Mujer limpiando una lavadora. © AdobeStock

Lavadora y lavavajillas: revisa filtros y desagües

Hay electrodomésticos que limpiamos con poca frecuencia. Aparte de limpiar los filtros, no solemos prestar mucha atención al resto de la lavadora y el lavavajillas. Antes de meter los edredones en la lavadora, revisa su estado. Coloca una bandeja y una toalla junto a la tapa inferior y vacía el agua según las indicaciones del fabricante. Extrae el filtro si tu modelo lo permite, retira pelusas u objetos y vuelve a cerrarlo bien. Limpia también la goma de la puerta y el cajetín del detergente, donde se acumulan restos que pueden causar mal olor. 

En el caso del lavavajillas, saca el filtro de la base, acláralo bajo el grifo y utiliza un cepillo suave si hay grasa adherida. También es aconsejable que limpies la suciedad que se queda en las juntas de la puerta y donde no se suele acceder cuando el aparato está cerrado. 

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Hombre limpiando un sofá. © AdobeStock

Sofá: limpia debajo de los cojines y por detrás

El sofá es el mueble al que más uso damos en casa. Y, aunque pongas una funda por encima, debajo de los cojines de asiento se puede acumular polvo y migas. Para limpiar el sofá, comienza aspirando en las uniones, los brazos y la parte trasera con una boquilla para tapicerías. 

Si tu sofá tiene fundas extraíbles, consulta la etiqueta antes de lavarlas: no todos los tejidos se pueden lavar o meter en la secadora. Y si hay manchas, trátalas con un producto adecuado. Un consejo: prueba antes en una zona poco visible, y no empapes el relleno.