VERANO JUNTO AL MAR

De Setúbal al cabo de San Vicente: la ruta por el Atlántico más salvaje de Portugal


Más de 140 kilómetros de playas infinitas, pueblos blancos y acantilados de vértigo acompañan esta ruta por el Alentejo hasta el Algarve, un viaje entre naturaleza intacta y el océano más indómito.


Playa de Amado, en Carrapateira (municipio de Aljezur), Costa Vicentina, distrito de Faro, Algarve (Portugal).© Gonzalo Azumendi
Por: Elena Ortega
18 de julio de 2026 a las 8:00 CEST

André Cirpiano conoce muy bien cada banco de arena y cada recoveco del estuario del Sado. Mientras arranca el motor de uno de los 15 barcos de Setúbal Alive, la compañía que ha logrado construir con mucho esfuerzo, nos cuenta que “El río nace en el sur y fluye hacia el norte”. Nacido en una familia humilde, vivió su infancia en un refugio en la playa de Creiro, trabajando junto a su madre desde bien pequeño. Estudió y navegó en yates de lujo hasta que, un día, decidió montar su propia empresa. Hoy, cuando posibles clientes le ofrecen alquilar uno de sus veleros por semanas, este hombre que tiene las manos curtidas por la sal y una mirada firme, inundada de recuerdos, contesta que prefiere brindar sus experiencias a personas diferentes cada día: “Porque quien tiene esto a diario, deja de apreciarlo”, añade señalando al horizonte.

Paseo en catamarán por el estuario del río Sado, entre Setúbal (región de Lisboa) y la península de Tróia (municipio de Grândola, Alentejo), para avistar delfines.© Gonzalo Azumendi
En catamarán por el estuario del río Sado para avistar delfines.

SETÚBAL, EL PUNTO DE PARTIDA

Así comienza esta ruta por el litoral del Alentejo, navegando entre una de las pocas colonias permanentes de delfines en Europa, que habitan en el estuario atraídas por su alta concentración de fitoplancton. Son estos minúsculos organismos los que le confieren a estas aguas, dulces y saladas, su característico color verde esmeralda. A un lado del río, vemos la ciudad de Setúbal, situada a tan solo 45 minutos en coche desde Lisboa, y punto de partida del recorrido, donde será necesario alquilar un vehículo para seguir el recorrido por carretera.

Si se accede desde Extremadura, se puede llegar en coche a la Costa Vicentina en cuatro horas. El itinerario propuesto puede seguirse tanto por la autopista —con peajes electrónicos— como por carreteras secundarias, que permiten acceder a playas escondidas.

Paseo a caballo con Cavalos na Areia, recorriendo los arrozales de Comporta, península de Tróia, Alentejo (Portugal). © Gonzalo Azumendi
Paseo a caballo por la península de Tróia.

LAS PLAYAS INFINITAS DE TRÓIA 

Al otro lado del estuario se extiende la península de Tróia, con más de 45 kilómetros de playas. Entre sus arenales, los de Praia da Torre destacan por ser de los más aislados, aunque fácilmente accesibles a lomos de un caballo. Vasco López, de Cavalos na Areia, que ha acompañado a artistas como Madonna, guía el galope sobre la arena húmeda, entre olas y grupos de correlimos que corretean por la orilla. Un placentero trote que termina rodeado de arrozales repletos de cigüeñas.

Casitas encaladas de Porto Covo, Portugal, Alentejo© Gonzalo Azumendi
Casitas encaladas de Porto Covo.

PORTO COVO Y EL PARQUE NATURAL DE LA COSTA VICENTINA

El viaje continúa por carreteras que serpentean entre campos de olivos y alcornoques antes de desembocar de nuevo en el mar. Será en pueblos marineros como Porto Covo donde sentiremos el pulso de la sosegada vida local, contagiada de verano. Recuperado por el marqués de Pombal tras el terremoto de 1755, sus casitas encaladas descienden hasta la recoleta playa de Buizinhos, desde donde se puede emprender un tramo de la ruta por el Parque Natural del Sudoeste Alentejano y Costa Vicentina, probablemente el litoral menos conocido de Portugal. Son 110 kilómetros de costa protegida, la mayor del país y la mejor conservada del continente.

Vila Nova de Milfontes, Costa Vicentina, municipality of Sines, Alentejo, Portugal© Gonzalo Azumendi
Vila Nova de Milfontes.

El parque se extiende desde la playa de São Torpes, en la región de Alentejo, hasta la de Burgau, ya en el Algarve. Frente a este tramo concreto de Atlántico salvaje se alza la isla abandonada de Pessegueiro, refugio de cartagineses, romanos y piratas. En tierra firme, un fuerte del siglo XVII la custodia. A 31 kilómetros encontramos Vila Nova de Milfontes, otro pueblo marinero de casas blancas enmarcadas por azules, que se abren a la desembocadura del río Mira junto a la pequeña fortaleza de São Clemente. Enfrente, la playa de Furnas es la elegida por los locales para pasar las tardes más calurosas.

Al volante por Vila Nova de Milfontes, Alentejo, Portugal© Gonzalo Azumendi, NO REUTILIZAR
Al volante por Vila Nova de Milfontes.

DE ZAMBUJEIRA DO MAR A ODECEIXE, LA ANTESALA DEL ALGARVE

Siguiendo nuestro camino hacia el sur, aguarda Zambujeira do Mar. La imagen de este pueblecito encaramado sobre acantilados se aprecia especialmente desde la plaza de la iglesia de Nuestra Señora del Mar, antes de perdernos por sus callejuelas rumbo a la panadería en la que Elisa amasa dulces y panes tal como le enseñó su abuela cuando solo tenía cinco años. A 15 kilómetros, Odeceixe anuncia el inicio del Algarve. La lengua de arena donde la ribera de Seixe se une al mar ofrece estupendos baños fluviales y marinos.

Playa de Amado, en Carrapateira (municipio de Aljezur), Costa Vicentina, distrito de Faro, Algarve (Portugal).© Gonzalo Azumendi
Surf en la playa de Amado.

Entre estos pueblos, la costa recortada y abrupta despliega innumerables playas: algunas para fotografiar, otras para quedarse horas ensimismado con sus paisajes o intentar atrapar una ola. Las poco conocidas Morgavel y Samoqueira; Bordeira y Amado, en Carrapateira —de las favoritas entre los surfistas del Algarve—; o Almograve, escenario de uno de los mejores atardeceres de la costa, son solo algunas de ellas.

Bar da Praia do Almograve, Portugal, Alentejo© Gonzalo Azumendi, NO REUTILIZAR
Bar da Praia do Almograve.

EL CABO DE SAN VICENTE, DONDE EL SOL SE DESPIDE DE EUROPA

Aunque es en el cabo de San Vicente, al que debe su nombre esta costa, donde el día se despide definitivamente del continente. Los viajeros y peregrinos se agrupan en los gigantescos acantilados, sobre los que se levanta el faro construido en una vetusta fortaleza, para celebrar cómo el sol se zambulle en el Atlántico indómito.

Porto Covo Praia Hotel, Alentejo, Portugal
Porto Covo Praia Hotel.

DÓNDE DORMIR EN LA RUTA

  • Por su privilegiada ubicación frente al mar, Porto Covo Praia Hotel es ideal para iniciar la Ruta Vicentina.
  • Cerca de Zambujeira do Mar, Herdade do Touril (herdadedotouril.com) ofrece una experiencia rústica en una finca tradicional.
  • Para una estancia aún más íntima y tranquila, Cavaleiro Farmhouse.
  • Si se busca un confort sofisticado, Viceroy at Ombria (viceroyhotelsandresorts.com), en Algarve, será el lugar.
  • No es fácil encontrar resorts de lujo rodeados del parque natural, lo que hace aún más especial a Martinhal Sagres Beach Family Resort (martinhal.com); ubicado muy cerca del Cabo de San Vicente. 
La Tasca do Celso, en Vila Nova de Milfontes, se ubica en una casa tradicional alentejana, Portugal© Gonzalo Azumendi, NO REUTILIZAR
La Tasca do Celso, en Vila Nova de Milfontes, se ubica en una casa tradicional alentejana.

DÓNDE COMER

  • Frente a la playa de Morgavel, el restaurante Bom Petisco es una parada gastronómica de referencia, con marisco y pescado fresco aromatizados con ajo y cilantro. Junto a él, Arte e Sal (@arte_e_sal) eleva a la categoría gourmet platos humildes del recetario alentejano, como la açorda, elaborada a base de pan, huevo y ajo. No faltan pescados al peso ni sus famosos camarões Arte e Sal.
  • En Vila Nova de Milfontes, la Tasca do Celso (@tascadocelso) lleva más de 25 años deleitando a sus comensales con una cuidada carta que resume la cocina entre tierra y mar de esta región: carpaccio de bacalao, cataplana de pescado, trilogía de setas o el clásico cerdo a la alentejana con almejas.
  • El Bar Praia do Almograve (@bardapraiaalmograve) es ideal para terminar el día tomando un cóctel ante uno de los atardeceres más bellos de la costa.