¿CON CUÁL TE QUEDAS?

El gran derbi peninsular: las playas, pueblos y monumentos más espectaculares de España y Portugal


Playas de aguas turquesa, pueblos medievales, parques naturales y monumentos únicos protagonizan un derbi viajero en el que ganar es imposible


España y Portugal, el gran derbi peninsular,  de norte a sur, de la playa de Rodas a la praia da Marinha, en Algarve, estos son algunas de los destinos más bellos de ambos países© Shutterstock
6 de julio de 2026 a las 19:25 CEST

Si España y Portugal se enfrentan sobre el césped, nosotros llevamos el derbi futbolístico al mundo de los viajes. Aprovechando el partido por la Copa Mundial 2026 que se juega hoy a las 9 de la noche, trasladamos la rivalidad (siempre sana) para enfrentar algunas de sus joyas: playas paradisíacas, pueblos con encanto, monumentos históricos… ¿Con cuál te quedas? Nosotros no somos capaces de elegir.

PLAYAS: RODAS vs PRAIA DA MARINHA

Arena blanca frente a acantilados dorados

Playa de Rodas
Playa de Rodas, Galicia© Shutterstock

La gran joya de las islas Cíes aparece cada verano en las listas de las mejores playas gracias a una combinación difícil de igualar: un enorme arco de arena blanca, aguas transparentes de color turquesa y un entorno completamente protegido que conserva intacto su carácter salvaje. No hay hoteles, ni urbanizaciones, ni chiringuitos sobre la arena, solo naturaleza.

Forma parte del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia y el acceso está regulado, por lo que conviene reservar el transporte en barco con antelación durante el verano. Merece la pena dedicar la jornada completa para recorrer también alguno de los senderos de la isla y subir hasta el faro, desde donde las vistas justifican el esfuerzo.

Praia da Marinha 
Praia da Marinha, Algarve, Portugal© Shutterstock

Pocas imágenes representan mejor el Algarve que Praia da Marinha. Sus acantilados dorados, las aguas cristalinas y los arcos de roca esculpidos por el océano la convierten en una de las mejores playas de Portugal. Desde arriba, la panorámica es espectacular, pero es al bajar cuando se aprecia realmente el contraste entre la roca caliza y el intenso azul del Atlántico.

Forma parte de uno de los tramos más espectaculares del sendero de los Siete Valles Colgantes, considerada la ruta al borde del mar más bonita de Europa.

PALACIOS: LA ALHAMBRA vs PALACIO DA PENA

La delicadeza nazarí contra el romanticismo centroeuropeo

La Alhambra
La Alhambra de Granada© Shutterstock

Está considerado uno de los monumentos más fabulosos del mundo. Una ciudad palaciega, fortaleza y obra maestra del arte nazarí, que sorprende tanto por la delicadeza de sus patios y yeserías como por la forma en que integra jardines, fuentes y arquitectura con las vistas sobre Granada y Sierra Nevada.

Para visitarla, hay que reservar la entrada con semanas de antelación (especialmente si se hace en verano), sobre todo si se quiere acceder a los Palacios Nazaríes. Lo ideal es dedicarle al menos media jornada y completar la visita con un paseo por el Albaicín.

Palacio da Pena
Palacio da Pena, Sintra, Portugal.© Shutterstock

Coronando la sierra de Sintra, el Palacio Nacional da Pena parece sacado de un cuento. Su mezcla de colores, torres, cúpulas y estilos arquitectónicos rompe con la imagen del palacio clásico y explica por qué se ha convertido en uno de los monumentos más visitados de Portugal.

Si lo visitas, es recomendable llegar temprano (se forman largas colas) y recorrer también el inmenso parque que lo rodea, lleno de senderos, miradores y jardines donde la niebla y la vegetación crean una atmósfera casi mágica.

PUEBLOS: ALBARRACÍN vs MONSARAZ

Calles medievales rojizas frente a un balcón blanco sobre el Alentejo

Albarracín
Pueblo de Albarracín, Teruel© Shutterstock

Dicen que es uno de los pueblos más bonitos de España y basta perderse unos minutos por sus calles para entender el motivo. Albarracín conserva un entramado medieval de callejuelas estrechas, casas de fachadas rojizas y rincones que parecen detenidos en el tiempo.

Merece la pena recorrer parte de su muralla, visitar la catedral del Salvador y, sobre todo, pasear sin rumbo, porque es precisamente en las pequeñas plazas y callejones donde aparece su verdadero encanto. Luego puedes continuar la escapada por el mayor espectáculo natural de su sierra: las cascadas, como la espectacular del Molino Viejo.

Monsaraz
Panorámica de Monsaraz, Portugal© Shutterstock

En lo alto de una colina y rodeado por una muralla perfectamente conservada, el precioso pueblo de Monsaraz domina el paisaje del Alentejo con una tranquilidad difícil de encontrar en otros destinos. Sus calles empedradas, las casas encaladas y las vistas sobre el embalse de Alqueva invitan a recorrerlo sin prisas.

El mejor momento para visitarlo es al atardecer, cuando la luz tiñe de tonos dorados las murallas y el paisaje. Además, forma parte de uno de los destinos Starlight más reconocidos de Europa, por lo que también merece la pena pasar la noche y disfrutar de su cielo estrellado.

ISLAS: LA GRACIOSA vs LAS BERLENGAS

Naturaleza salvaje atlántica frente a una reserva marina casi desconocida.

La Graciosa
Isla de La Graciosa, Lanzarote© Shutterstock

Separada de Lanzarote por apenas un estrecho de mar, La Graciosa sigue siendo uno de esos lugares donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo y donde el lujo reside en recorrerla sin prisas. No hay carreteras asfaltadas, el paisaje está dominado por volcanes y playas casi vírgenes, y recorrer la isla en bicicleta es una experiencia diferente.

Aunque muchos viajeros llegan solo para pasar el día, merece la pena quedarse alguna noche para disfrutar del silencio cuando se marchan los últimos barcos. Desde Caleta de Sebo parten las rutas hacia playas como Las Conchas, la del Salado o La Francesa, grandes tesoros de esta pequeña isla del archipiélago Chinijo.

Las Berlengas
Islas Berlengas, Portugal© Shutterstock

A menos de una hora en barco de Peniche, el desconocido archipiélago de las Berlengas sorprende por el intenso color turquesa de sus aguas. Declarado reserva de la biosfera, es uno de los mejores lugares de Portugal para observar aves marinas y practicar snorkel o kayak entre cuevas y formaciones rocosas.

El acceso está limitado para proteger el ecosistema, por lo que conviene reservar con antelación, especialmente en verano. Una vez allí, casi todo gira en torno al sendero que conduce al Fuerte de São João Baptista, unido a la isla por un estrecho puente de piedra y convertido en una de las imágenes más reconocibles del archipiélago.

PARQUES NACIONALES: ORDESA vs PENEDA-GERÊS

Pirineos de alta montaña frente a bosques, cascadas y fauna salvaje

Parque Nacional de Ordesa
Parque Nacional de Ordesa, Huesca© Shutterstock

Valles glaciares, cascadas, hayedos y algunas de las montañas más emblemáticas del Pirineo forman un escenario que cambia completamente con cada estación dentro del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

La Pradera de Ordesa es el punto de partida de muchas de las rutas que recorren sus cuatro valles –Ordesa, Añisclo, Escuaín y Pineta–, desde paseos sencillos hasta excursiones exigentes como la que conduce a la cascada de Cola de Caballo, una de las más conocidas. En temporada alta conviene consultar las restricciones de acceso en vehículo privado y utilizar los autobuses lanzadera habilitados para acceder al valle.

Parque nacional de Peneda-Gerês
Parque Nacional de Peneda-Geres, Portugal© Shutterstock

El único parque nacional de Portugal es también uno de sus grandes desconocidos. Peneda-Gerês reúne montañas, bosques centenarios, cascadas, aldeas de piedra y una sorprendente riqueza natural donde todavía habitan ciervos, caballos salvajes y lobos.

Lo mejor es recorrerlo en coche, haciendo pequeñas paradas para descubrir miradores, pozas naturales y antiguos caminos romanos. Si el viaje es en verano, muchas de sus cascadas y piscinas naturales ofrecen un respiro perfecto frente al calor.

CASTILLOS: LOARRE vs ÓBIDOS

Una fortaleza románica encaramada a la roca frente a una villa medieval amurallada

Castillo de Loarre
Castillo de Loarre, Huesca© Shutterstock

Levantado sobre un promontorio rocoso y rodeado por las llanuras oscenses, la fortaleza medieval de Loarre parece seguir vigilando el territorio casi mil años después de su construcción. Su excelente estado de conservación permite recorrer murallas, torres y dependencias con la sensación de viajar a la Edad Media.

La visita se completa en unas dos horas y merece la pena detenerse en los miradores del entorno para contemplar la silueta del castillo dominando el paisaje. No es casualidad que haya servido de escenario para varias producciones cinematográficas.

Castillo de Óbidos
Castillo de Óbidos, Portugal© Shutterstock

La de Óbidos forma parte de una de las villas medievales mejor conservadas de Portugal, además de estar considerada como villa literaria. Sus murallas abrazan un entramado de calles empedradas, casas blancas decoradas con buganvillas y pequeñas tiendas donde resulta casi imposible no detenerse.

Hay que recorrer el adarve de la muralla y el castillo medieval perfectamente conservado. Después, nada mejor que terminar el paseo probando una ginjinha (un licor dulce de maceración de guindas) servida en vaso de chocolate, una de las tradiciones más conocidas de la localidad.

CIUDADES UNIVERSITARIAS: SALAMANCA vs COÍMBRA

La ciudad dorada del saber frente a la llamada Salamanca lusitana

Salamanca
Ciudad universitaria de Salamanca© Shutterstock

Salamanca es la ciudad universitaria por excelencia: su casco histórico, construido con la característica piedra de Villamayor que adquiere un tono dorado al atardecer, reúne edificios como el de la Universidad, la gran protagonista en la ciudad desde hace más de ocho siglos.

Más allá de buscar la famosa rana en la fachada plateresca, merece la pena recorrer con calma la Plaza Mayor, subir a las torres de la Clerecía y visitar las catedrales. Y sobre todo, no perderse ese animado ambiente nocturno que tan famosa ha hecho a esta ciudad gracias a los jóvenes que viven en ella.

Coímbra
Ciudad universitaria de Coimbra, Portugal© Shutterstock

Durante siglos, Coímbra fue la capital de Portugal y hoy sigue siendo sinónimo de conocimiento gracias a una de las universidades más antiguas de Europa. Escalonada sobre una colina que desciende hasta el río Mondego, recorrerla es pasear por sus calles empedradas y descubrir edificios históricos donde la vida estudiantil continúa marcando el ritmo.

La visita gira inevitablemente en torno a la Universidad de Coímbra, declarada Patrimonio Mundial, donde destaca la Biblioteca Joanina, considerada una de las más bellas del mundo. Después merece la pena perderse por la Alta y la Baixa, los dos barrios históricos de la ciudad, cruzar el río al atardecer y, si hay ocasión, asistir a un concierto de fado.

CATEDRALES: BURGOS vs MONASTERIO DE LOS JERÓNIMOS

El esplendor del gótico castellano frente al manuelino portugués

Catedral de Burgos
Claustro gótico de la catedral de Burgos© Shutterstock

La catedral de Burgos no solo impresiona por sus agujas góticas, visibles desde buena parte de la ciudad, sino también por la riqueza artística que esconde en su interior. Declarada Patrimonio de la Humanidad, en cada visita puedes detenerte en un nuevo detalle: una capilla, un claustro, un sepulcro o la célebre escalera dorada no dejan de sorprender.

Después de la visita toca pasear por el centro histórico, el Paseo del Espolón, el Museo de la Evolución Humana y tapear, porque Burgos es famosa no solo por su patrimonio, también por su excelente tapeo.

Monasterio de los Jerónimos
Claustro del Monasterio de los Jerónimos, Lisboa, Portugal© Shutterstock

Frente al estuario del Tajo, el monasterio de los Jerónimos resume como pocos monumentos el esplendor de la era de los descubrimientos portugueses. Su claustro, considerado una de las grandes obras del estilo manuelino, llama la atención por la delicadeza de la piedra labrada y la sensación de armonía del conjunto.

Visita también otros lugares emblemáticos del barrio de Belém, como la Torre de Belém o el Monumento a los Descubrimientos, y, por supuesto, hay que hacer una parada para probar los famosos pasteles de nata que nacieron a pocos metros de allí.

FAROS: CABO FORMENTOR vs CABO DA ROCA

El amanecer del Mediterráneo frente al atardecer en el extremo occidental de Europa continental

Cabo Formentor
Farto del cabo Formentor, Mallorca© Shutterstock

La carretera que conduce hasta el faro de Formentor forma un conjunto de curvas imposibles y miradores sobre acantilados frente a un Mediterráneo siempre presente en este extremo septentrional de Mallorca. Aquí aparece, como suspendido entre el cielo y el mar, su famoso fato. El amanecer y las últimas horas de la tarde son los mejores momentos para disfrutar de la zona, uno de los paisajes más emblemáticos de la isla.

Cabo da Roca
Faro del Cabo Da Roca, Portugal© Shutterstock

"No lugar onde a terra se acaba e o mar começa". La frase de Luís de Camões recibe al visitante en cabo da Roca, el punto más occidental de la Europa continental. El faro, encaramado sobre un acantilado de más de un centenar de metros, contempla un Atlántico inmenso que aquí muestra toda su fuerza. La mejor hora para la visita es el atardecer, cuando el sol se despide sobre el océano. Conviene llevar algo de abrigo (incluso en verano), porque el viento suele soplar con intensidad.

ACANTILADOS: LOS GIGANTES vs PONTA DA PIEDADE

Paredes volcánicas gigantescas frente a un laberinto de grutas y arcos esculpidos por el mar

Los Gigantes
Acantilado de los Gigantes, Tenerife© Shutterstock

Las paredes volcánicas de estos majestuosos acantilados alcanzan hasta seiscientos metros de altura y caen casi a plomo sobre el Atlántico, ofreciendo una de las imágenes más sobrecogedoras de la isla de Tenerife. Para hacerse una buena idea de su magnitud, conviene contemplarlos desde el mar. Las excursiones en barco, además de acercarse a la base de los acantilados, suelen incluir el avistamiento de delfines y calderones, muy habituales en estas aguas.

Ponta da Piedade
Playa de Ponta da Piedade, Algarve, Portugal.© Shutterstock

El litoral del Algarve alcanza una de sus mejores versiones en Ponta da Piedade. Arcos naturales, agujas de roca, cuevas y pequeñas calas forman un paisaje moldeado durante siglos por el Atlántico. Las vistas desde los senderos superiores son magníficas, pero merece la pena bajar para realizar una excursión en barca o kayak. Es la mejor forma de adentrarse en las grutas y contemplar desde el océano uno de los rincones más bellos de Portugal.