Hay historias de amor que no se entienden sin el paisaje que las rodea. Como la de Axel y Leah en Todo lo que nunca fuimos, donde el mar es también protagonista. La adaptación cinematográfica de la primera novela de la bilogía Deja que ocurra, de Alice Kellen, dirigida por Jorge Alonso, ha encontrado en la costa de Gipuzkoa el escenario perfecto para una trama sobre el duelo, las segundas oportunidades y los sentimientos que resultan imposibles de esconder.
Leah (Margarida Corceiro) es una joven aspirante a pintora que intenta reconstruir su vida tras una pérdida devastadora y encuentra en Axel (Maxi Iglesias), el mejor amigo de su hermano (Sebastián Zurita), un inesperado refugio. Axel, apasionado del surf, "vive preocupado únicamente por el mar, por qué ola va a coger o qué música va a poner en su tocadiscos… hasta que alguien aparece y le cambia la forma de verlo todo”, explica el actor que interpreta al personaje.
La película, que ya se ha estrenado en los cines, es también una invitación a viajar por los escenarios en los que transcurre la historia. Acantilados volcados sobre el Cantábrico, playas donde el surf marca el ritmo del día, puertos con sabor marinero y pueblos rodeados de naturaleza forman parte de este itinerario, tanto para seguidores de Alice Kellen como para quienes buscan algunos de los paisajes más bellos del norte de España.
PLAYA DE ITZURUN, AIRE CINEMATOGRÁFICO
Uno de los lugares principales más reconocibles de Todo lo que nunca fuimos es la costa de Zumaia, con la icónica ermita de San Telmo asomada a la playa de Itzurun. Sus espectaculares acantilados de flysch, formados por capas de roca de millones de años, han dado lugar en este tramo del litoral guipuzcoano, que se extiende hasta Deva, a uno de los paisajes geológicos más impresionantes de Europa.
Este escenario salvaje, donde el mar Atlántico golpea con fuerza los acantilados y que forma parte del Geoparque de la Costa Vasca, sirvió de telón de fondo perfecto para la historia de Axel y Leah. Años atrás también acogió algunas de las escenas más recordadas de Ocho apellidos vascos, la película que contribuyó a multiplicar la popularidad del lugar.
Además, el arenal de Itzurun, de arena fina y dorada y rico en yodo, es un punto de referencia para los aficionados al surf, una pasión que define al personaje interpretado por Maxi Iglesias.
Desde la playa, un sendero bien señalizado asciende suavemente hasta la ermita de San Telmo, desde donde se obtienen algunas de las mejores panorámicas de la costa. La ruta geológica continúa unos 4 kilómetros hasta la punta de Algorri, bordeando la rasa mareal que el mar deja al descubierto durante la bajamar.
EL MALECÓN DE ZARAUTZ, LA ESENCIA DEL SURF VASCO
“Tú y yo somos como una tribu de indios y yo soy el jefe de la tribu, que dice que hay que hacer surf por las mañanas”, le comenta Axel a Leah en una escena de la película. Es en la playa de Zarautz donde lo practican, una de las más emblemáticas del Cantábrico y considerada la gran meca de este deporte en la costa vasca.
Cafeterías frente al mar, tablas de surf, paseantes y espectaculares atardeceres convierten el paseo marítimo, de 3 kilómetros de longitud, en uno de los espacios más reconocibles de Todo lo que nunca fuimos, especialmente en las secuencias ligadas al estilo de vida de Axel.
La mejor forma de descubrir este rincón es recorrer el malecón a pie o en bicicleta. Además, muy cerca se encuentran varias escuelas de surf para quienes quieran iniciarse en este deporte o, simplemente, contemplar cómo los surfistas desafían las olas del Cantábrico durante todo el año.
PASAI DONIBANE, UN PUERTO MUY CUCO
Desde San Sebastián, donde también se rodaron algunas escenas de Todo lo que nunca fuimos, se puede llegar en coche en apenas unos minutos. Aunque la mejor opción es hacerlo a pie por el sendero de gran recorrido que atraviesa el monte Ulía, un itinerario de algo más de 7 kilómetros que coincide con el Camino de Santiago y una de las georrutas de la costa.
Al llegar a Pasai San Pedro, solo queda cruzar la ría en la tradicional lancha para desembarcar en Pasai Donibane (Pasajes de San Juan), el pintoresco pueblo marinero que también aparece en la película.
En torno a la encantadora plaza de Santiago se suceden calles empedradas, pasadizos bajo las viviendas, txokos, casas-palacio, casas-puente y excelentes restaurantes donde degustar pescado fresco, como Casa Cámara (casacamara.com).
AIA, FERRERÍAS Y RUTAS POR LA NATURALEZA
Hay que alejarse de la costa guipuzcoana para adentrarse, a la altura de Zarautz, en el paisaje de colinas que caracteriza a los valles interiores de Guipúzcoa, también presente en Todo lo que nunca fuimos. En la ladera del monte Pagoeta se encuentra el municipio de Aia, rodeado de montañas y bosques de hayas, donde continúa la historia de Alex y Leah.
La mayoría de sus 11 barrios se asientan en las zonas más elevadas y conservan interesante patrimonio histórico, con la iglesia de San Esteban, el palacio de Laurgain, numerosas ferrerías y molinos, además de la cueva de Altxerri, famosa por sus pinturas rupestres de bisontes, declaradas Patrimonio Mundial de la Unesco.
AGINAGA, TRADICIÓN VASCA JUNTO AL RÍO
Para dar forma a esta historia de amor, mar y esperanza, el equipo de producción también grabó en el municipio de Usurbil, concretamente en Aginaga, una pequeña localidad situada a unos 10 minutos de San Sebastián, conocida por su entorno rural y por la producción de angulas y otros productos vinculados al río Oria. Un lugar alejado de los grandes focos donde los productores encontraron escenarios naturales capaces de transmitir serenidad y autenticidad.











