El verano tiene esa capacidad de cambiarlo todo con algo tan sencillo como salir a caminar junto al mar. De Galicia al País Vasco, en estos paseos marítimos del norte de España, el paisaje lo marca todo. Hay tramos abiertos a playas que parecen no terminar nunca, otros encajados entre montes verdes. Los hay que sorprenden con hórreos junto al agua, elegantes palacetes indianos o faros que recortan el horizonte. Y también rincones más recogidos, con puertos pequeños, barcas de colores y vida marinera. ¡Nos encantan!
PASEO MARÍTIMO DE LA CONCHA (SAN SEBASTIÁN)
Pasear junto a la famosa barandilla sombreada por tamarindos que escoltan la playa de La Concha es casi una obligación en San Sebastián, pues recorre una de las bahías más bellas del mundo. Enmarcado entre los montes Igeldo y Urgull, se extiende también a las otras dos magníficas playas urbanas de la ciudad: la de Zurriola, cuyas olas hacen las delicias de los surfistas, y la más tranquila de Ondarreta, escoltada en uno de sus lados por el Peine del Viento, un magistral conjunto escultórico de Eduardo Chillida en los acantilados rocosos.
© ShutterstockPASEO DE RIAZOR y ORZÁN (A CORUÑA)
A Coruña es una ciudad volcada al mar, con un extenso arenal urbano abrazado por un paseo marítimo de 13 kilómetros. La de Riazor es su playa más grande, la más frecuentada y la más célebre. Al otro lado del rompeolas se extiende la de Orzán. A pie, pedaleando por el carril bici o en tranvía, se recorre la bahía mientras en el camino van saliendo al paso farolas de inspiración modernista, la imponente mole del castillo de San Antón —sede del Museo Arqueológico— y la Torre de Hércules, el faro más antiguo del mundo, Patrimonio de la Humanidad.
© Leonid Andronov / Alamy Stock PhotoPASEO DE RIBADESELLA (ASTURIAS)
Ribadesella es una villa asturiana partida en dos por el ancho estuario que forma el río Sella en su desembocadura. Y eso ha conformado un doble paseo marítimo, el que bordea la playa de Santa María, a cuya orilla fue levantando un conjunto de chalés y elegantes palacetes indianos y el que, cruzando su famoso puente, meta del popular descenso internacional, se dirige hacia la ermita de la Virgen de Guía, en la Punta del Caballo, con una vista espectacular, adornado con murales, en su primer tramo, del genial humorista Antonio Mingote.
© ShutterstockPASEO DE COMBARRO (PONTEVEDRA)
El paseo de este pequeño pueblo recogido entre el mar y la tierra no es un paseo marítimo al uso. Se recorre bordeando la ría de Pontevedra, con vistas al agua a las bateas de mejillones que flotan frente a la costa. Lo que le hace realmente especial es el entorno, porque discurre por un conjunto de calles estrechas donde, a medida que se da un paso hacia el puerto, se van descubriendo sus hórreos alineados al borde del agua. Es corto, pero muy intenso visualmente, entre casas marineras, pequeñas escaleras que bajan a la ría y plazas diminutas abiertas al Atlántico.
© Joaquin Ossorio-Castillo / Alamy Stock PhotoPASEO MARÍTIMO DE GIJÓN
Para bañarse, hacer surf, tumbarse al sol o pasear, la vida de la ciudad discurre en torno a la playa de San Lorenzo y el paseo marítimo que la bordea. Es el gran escaparate de Gijón, un espacio urbano de casi 3 kilómetros animado a cualquier hora del día. Se extiende entre la iglesia de San Pedro y la desembocadura del río Piles, y continúa más allá por la senda costera de El Cervigón, en dirección a otras playas como las del Rinconín, Serín o la de Peñarrubia.
© ShutterstockPASEO MARÍTIMO DE GETXO (VIZCAYA)
En el Puente Bizkaia, catalogado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, comienza un recorrido continuo junto al Cantábrico que conecta zonas como Las Arenas, Ereaga y Arrigunaga. Es un paseo muy variado, donde se alternan magníficos arenales, acantilados, elegantes residencias de la burguesía bilbaína de siglos pasados y un animado Puerto Viejo. Lo mejor es hacerlo sin prisa, especialmente al atardecer, cuando la luz cae sobre los acantilados y el paseo se llena de ambiente local.
© ShutterstockPASEO MARÍTIMO DE SANTANDER
No es una línea continua de principio a fin; el paseo marítimo de Santander es un conjunto de paseos conectados entre sí que recorren gran parte del frente litoral de la ciudad. El tramo principal enlaza el centro con las playas del Sardinero. Son entre 5 y 6 kilómetros divididos en tramos, entre los que se incluye la península de La Magdalena, la zona de esparcimiento preferida por los santanderinos, coronada por el palacio de la Magdalena, que fue residencia real. Tomando desde el paseo Pereda la calle Castelar, que enlaza con la avenida de la Reina Victoria, se ven señoriales palacetes y exclusivos hoteles y dorados arenales: las playas del Camello, la Concha y la Primera y Segunda del Sardinero, estas separadas por los jardines de Piquío. Un verdadero paraíso para el paseo y para el más exquisito descanso estival. Caminando por el paseo, continúa con vistas a las playas de Los Molinucos, Mataleñas, Rosamunda o la Virgen del Mar.
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