Desamor y tristeza

"Me han roto el corazón": La frase que todos hemos sentido y que la ciencia explica


La conexión cerebro-corazón es más fuerte de lo que imaginas, y hay emociones que pueden afectar a ambos órganos provocando malestares emocionales graves


Mujer rubia con flequillo mirando por el balcón © Getty Images
Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
9 de agosto de 2026 a las 13:01 CEST

Una ruptura sentimental, la pérdida de un ser querido o una noticia especialmente dolorosa pueden provocar una opresión en el pecho, dificultad para respirar e, incluso, la sensación de que algo grave está a punto de ocurrir. No es extraño escuchar aquello de "me han roto el corazón", una frase que solemos utilizar como una metáfora del desamor, pero que la neurociencia ha demostrado que tiene mucho más de realidad de lo que imaginábamos. Y es que, aunque solemos decir que "nadie muere de amor", la ciencia lleva años estudiando hasta qué punto las emociones intensas son capaces de modificar el funcionamiento de nuestro organismo.

Una de las voces que más ha contribuido a acercar este conocimiento al gran público es la doctora Nazareth Castellanos. La doctora explica que la conexión entre el corazón y el cerebro es mucho más estrecha de lo que pensamos, hasta el punto de que aquello que ocurre en uno influye directamente en el otro. Una relación que ayuda a comprender por qué un desengaño amoroso o una situación de miedo pueden sentirse también físicamente.

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Por qué un desamor también se siente en el pecho

Durante su conversación con Mercedes Milá en el programa Me Meto en un Jardín de RTVE, Nazareth Castellanos puso un ejemplo muy sencillo para explicar qué ocurre cuando el miedo o el sufrimiento toman el control del organismo: "Si yo estoy mal, tengo miedo, mi corazón late de forma muy rítmica. Aquello que es muy rítmico es más fácil ser seguido. El cerebro hace ¡boom! Hacer ejercicio, moverse, hace que el corazón salga de ese patrón tan rítmico. Entonces te sales un poquito de ti. Entonces el cerebro toma un poco más".

¿Qué significa exactamente? Según explicó la experta, cuando atravesamos una situación de miedo, ansiedad o un profundo malestar emocional, el corazón puede adoptar un ritmo muy regular. Ese patrón resulta especialmente fácil de seguir para el cerebro, que permanece muy centrado en esa señal fisiológica y, en consecuencia, también en la emoción que estamos experimentando.

Sin embargo, el movimiento cambia ese escenario. Al caminar, correr, bailar o realizar cualquier actividad física, el corazón abandona esa regularidad tan marcada porque necesita adaptarse al esfuerzo. Esa variación en el ritmo cardíaco hace que el cerebro deje de permanecer tan "enganchado" a esa señal interna y pueda ampliar su atención hacia lo que ocurre a su alrededor. En otras palabras, el ejercicio rompe ese círculo fisiológico que mantiene al organismo atrapado en el miedo y facilita recuperar una mayor flexibilidad mental.

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El corazón y el cerebro mantienen una conversación constante

Esta explicación no es un hecho aislado dentro de las investigaciones de Nazareth Castellanos. Ya en El cerebro escucha al corazón, una entrevista concedida a El Mundo, la experta profundizaba precisamente en esa comunicación entre ambos órganos: "El corazón es el órgano que más influye en el funcionamiento cerebral, es al que más escucha. Lo que dice la neurociencia es que el corazón y el cerebro se comunican como asiento fisiológico de la percepción. Es decir, para que yo pueda estar percibiendo lo que está sucediendo en este momento, mi corazón y mi cerebro tienen que estar en comunicación para que yo procese toda esta información que me está llegando. Pero no solo es para esa percepción de la información, sino que el corazón y el cerebro trabajan juntos en la percepción subjetiva".

Esta relación ayuda a comprender por qué una emoción intensa no se queda únicamente en el plano psicológico. Nuestro organismo interpreta constantemente las señales que llegan desde el corazón y las integra con aquello que estamos viviendo, de modo que tristeza, miedo, angustia o alegría también pueden tener una manifestación física muy evidente.

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Cuando el "corazón roto" deja de ser una metáfora

La ciencia también ha demostrado que, en determinadas circunstancias, ese impacto emocional puede ir un paso más allá. Así lo explica el doctor Alfonso Valle Muñoz, jefe de Servicio del Hospital Marina Salud de Dénia (Alicante), en un artículo publicado por la Fundación Española del Corazón sobre el denominado síndrome de Tako-Tsubo, conocido popularmente como síndrome del corazón roto.

El especialista señala que "el 85% de los casos reportados son mujeres post-menopáusicas, con estrés emocional o físico repentino e inesperado causando una liberación excesiva de adrenalina, que puede dañar temporalmente el corazón de algunas personas". Entre los desencadenantes más habituales, añade el experto, se encuentran "noticias sobre la muerte inesperada de un ser querido, diagnóstico médico aterrador, perder o incluso ganar mucho dinero, actuar en público, divorcio, desastres naturales, etc.". Entonces, sí, se confirma que la frase de "me han roto el corazón" tiene mucho más sentido de lo que pensábamos.

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Un cuadro que puede confundirse con un infarto

Lo llamativo es que sus síntomas pueden ser prácticamente idénticos a los de un infarto. Tal y como explica el doctor Valle Muñoz, "se caracteriza por tener una presentación similar a un infarto de miocardio (dolor de pecho, falta de aire). Además, existe un daño miocárdico transitorio por el cual, parte del corazón afectado (generalmente el ventrículo izquierdo) adquiere una forma similar a una trampa para pulpos".

La diferencia fundamental reside en el origen del problema. "En un infarto de miocardio los síntomas se deben a un bloqueo total o casi total de una arteria coronaria, generalmente se debe a un coágulo de sangre que se forma debido a la acumulación de grasa en la pared de la arteria. En el caso del síndrome de Tako-Tsubo, las arterias coronarias no están obstruidas".

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Precisamente porque ambos cuadros pueden parecer iguales, el diagnóstico siempre debe realizarse en un centro sanitario. El especialista explica que "debido a que la presentación inicial suele ser similar a un infarto de miocardio, lo primero es descartarlo, con lo cual es conveniente realizar un electrocardiograma, analítica con marcadores cardíacos, ecocardiografía y generalmente un cateterismo o TAC coronario". Asimismo, añade que "estaremos probablemente ante un síndrome de Tako-Tsubo si hubo antecedente de un fuerte y repentino evento estresante, que  pero se puede ver a todas las edades".

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La importancia de escuchar también al cuerpo

Aunque el síndrome del corazón roto es poco frecuente y la inmensa mayoría de los desengaños sentimentales no desembocan en este cuadro clínico, todas estas investigaciones ponen de manifiesto una idea que durante mucho tiempo pasó desapercibida: las emociones dejan huella en el organismo. Cuando decimos que sentimos un nudo en el pecho tras una ruptura o una pérdida importante, no se trata únicamente de una forma de hablar. El corazón y el cerebro mantienen un diálogo constante, y comprender esa conversación también ayuda a entender por qué gestos tan sencillos como caminar, moverse o hacer ejercicio pueden convertirse en un primer paso para salir, poco a poco, del bloqueo emocional.