Situada entre las rías de Muros y Noia, a los pies de la sierra del Barbanza y muy cerca de Porto do Son, esta playa guarda uno de los grandes tesoros arqueológicos de Galicia. Hace más de dos mil años, la tribu celta de los presamarcos eligió este promontorio rocoso para levantar un poblado fortificado prácticamente inexpugnable. Hoy, el mismo camino que recorrieron aquellos habitantes conduce primero hasta el castro y después desciende hacia un arenal abierto al océano donde el tiempo parece transcurrir mucho más despacio.
La visita comienza junto al aparcamiento, desde donde parte un sendero que atraviesa un pequeño pinar entre helechos. A los pocos minutos, el camino se divide en dos: hacia la derecha aparece el castro; hacia la izquierda, la playa. Mi recomendación es empezar por el yacimiento. Solo así se comprende el privilegio del lugar y la razón por la que fue elegido como asentamiento hace más de 20 siglos.
El castro de Baroña, uno de los grandes paisajes arqueológicos de Galicia
El poblado ocupa una pequeña península rocosa unida a tierra por un estrecho istmo que actuaba como defensa natural. Antes de entrar, todavía se distinguen los restos de las antiguas murallas que protegían el acceso al recinto.
En el interior pueden reconocerse más de una treintena de viviendas circulares y ovaladas donde vivieron pescadores, ganaderos y artesanos entre la Edad del Hierro y la llegada de Roma. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz restos de mariscos, espinas de pescado, piezas de cerámica y utensilios metálicos que ayudan a reconstruir cómo era la vida cotidiana en este privilegiado enclave atlántico.
Pero incluso para quien no sienta una especial pasión por la arqueología, el lugar impresiona. Los acantilados caen verticales sobre el océano y el viento golpea con fuerza exactamente igual que hace dos mil años. Desde este balcón natural se obtiene una de las panorámicas más espectaculares de toda la costa de Barbanza.
Una playa salvaje donde conviven surfistas, naturistas y amantes de la tranquilidad
Después de visitar el castro, solo queda descender hasta Area Longa, la playa de Baroña. Su arena fina y dorada, protegida por colinas cubiertas de pinos, mantiene un carácter mucho más natural que otros arenales de las Rías Baixas.
El viento y el oleaje la convierten en un buen destino para practicar surf y bodyboard, mientras que su amplitud y su entorno apartado hacen que también sea habitual encontrar zonas frecuentadas por naturistas. Aun así, fuera de los días punta del verano, conserva una agradable sensación de tranquilidad, especialmente a primera hora de la mañana y al final de la tarde.
Cómo llegar a la playa de Baroña
La playa se encuentra a unos 4 kilómetros de Porto do Son, en la costa de A Coruña. Se accede por carretera hasta el restaurante O'Castro, donde existe una zona de aparcamiento. Desde allí parte un camino peatonal de apenas unos minutos que conduce tanto al castro como al arenal.
Conviene llevar calzado cómodo, especialmente si se quiere recorrer con tranquilidad el yacimiento arqueológico y los senderos que bordean los acantilados.
QUÉ VER CERCA DE LA PLAYA DE BAROÑA: SEIS PARADAS QUE COMPLETAN LA ESCAPADA
Centro de Interpretación del Castro de Baroña: la mejor forma de entender la vida de los antiguos celtas
Antes o después de recorrer el yacimiento, merece la pena acercarse a este espacio expositivo situado en Porto do Son. Paneles, recreaciones y material arqueológico ayudan a comprender cómo vivían los habitantes de este poblado fortificado de la Edad del Hierro, uno de los castros marítimos mejor conservados de Galicia. La visita permite interpretar mucho mejor las viviendas, murallas y sistemas defensivos que después se descubren frente al Atlántico.
Playa de As Furnas: surf, piscinas naturales y uno de los grandes escenarios del cine gallego
Apenas unos kilómetros separan Baroña de este espectacular arenal de fuerte oleaje, muy conocido entre los aficionados al surf. Una larga pasarela de madera permite recorrer la playa hasta las lagunas litorales de Xuño y Muro, un valioso espacio protegido separado del mar por un cordón dunar.
As Furnas también posee un importante valor cinematográfico. Aquí se rodaron escenas de Mar adentro, de Alejandro Amenábar, y de la serie Fariña. Una escultura recuerda además a Ramón Sampedro, que sufrió en este lugar el accidente que cambió para siempre su vida.
Porto do Son: puerto marinero, lonja y uno de los mejores miradores sobre el Atlántico
Este animado pueblo pesquero conserva toda la esencia marinera de las Rías Baixas. Su puerto y su lonja siguen marcando el ritmo diario de la localidad, mientras el paseo marítimo invita a detenerse en alguna terraza para probar pescados y mariscos recién llegados del mar.
Antes de marcharse, conviene subir hasta el mirador de A Atalaia, desde donde se obtiene una magnífica panorámica de toda la costa y del litoral de Barbanza.
Portosín: el gran puerto deportivo de la ría de Muros y Noia
A solo unos minutos aparece Portosín, uno de los puertos deportivos más importantes del litoral gallego. Sus excelentes condiciones de navegación lo convierten en escala habitual de embarcaciones deportivas y también forma parte de la Travesía Náutica Xacobea, una de las rutas marítimas del Camino de Santiago. Es un buen lugar para pasear por el puerto, contemplar la actividad náutica o detenerse a comer frente al mar.
Noia: la 'pequeña Compostela' con uno de los cascos históricos más bellos de Galicia
Conocida como la 'pequeña Compostela' por la riqueza de su patrimonio medieval, Noia conserva calles porticadas, plazas llenas de vida y numerosos edificios góticos.
La visita debe incluir la iglesia de Santa María A Nova, famosa por su extraordinaria colección de lápidas gremiales medievales —única en Europa—, además de la iglesia de San Martiño y la plaza do Tapal, uno de los rincones con más ambiente de la villa.











