Hablar de Puerto Rico es hablar de música latina y reguetón. De ritmos que cruzaron el Caribe desde África, evolucionaron entre barrios populares y terminaron conquistando el mundo. De aquí salieron nombres como Ricky Martin, Daddy Yankee, Jennifer López o Luis Fonsi. Pero si hay un artista que hoy encarna la identidad cultural de la isla a escala global, ese es Bad Bunny.
Benito Antonio Martínez Ocasio –su nombre real– ha llevado el reguetón a lugares donde hace apenas unos años parecía imposible imaginarlo. Desde encabezar festivales internacionales hasta actuar en la Super Bowl, el puertorriqueño se ha convertido en una figura cultural global. Y ahora, con su gira Debí Tirar Más Fotos World Tour, vuelve a situar a Puerto Rico en el centro de la conversación mundial. Ya se encuentra en Barcelona, donde actuará el 22 y 23 de mayo, y hemos podido verle en uno de los templos de la cocina de vanguardia de la Ciudad Condal; y después Madrid, una de las paradas más esperadas, con diez conciertos entre el 30 de mayo y el 15 de junio y entradas agotadas en cuestión de minutos.
No es habitual que un álbum tan íntimo y político como DTMF sea un éxito comercial. Se trata de un álbum atravesado por la nostalgia y la memoria: una reivindicación para que Puerto Rico mantenga su esencia. Entre ritmos urbanos y homenajes a la música tradicional boricua, con colaboraciones con otros artistas locales, Bad Bunny habla de orgullo cultural, pero también de gentrificación y desplazamiento. Canta sobre el país que ama profundamente y que teme ver transformado por un turismo masivo y una creciente presión inmobiliaria.
El Puerto Rico al que siempre vuelve Bad Bunny
Escuchar el álbum provoca ganas de descubrir qué tiene Puerto Rico para que Bad Bunny no deje de volver a él en cada canción. Más allá del Viejo San Juan y las postales caribeñas, existe otro Puerto Rico: el de los “chinchorros”, las conversaciones eternas en una barra y los barrios donde la música y el baile forman parte de la vida cotidiana. Para entenderlo, he tenido la oportunidad de hablar con Miguel Reyes “Russi”, mixólogo del Hotel Caribe Hilton y originario de San Juan, que nos descubre esa isla menos evidente que los turistas rara vez llegan a conocer.
Cuando le preguntamos si la creciente fama internacional de artistas como Bad Bunny ha cambiado la isla, Miguel responde sin dudar: “Ha cambiado mucho. Cada vez hay más gente que quiere descubrir Puerto Rico y vienen de visita o incluso a vivir. A nosotros nos gusta que la gente disfrute de nuestra isla. Mucha gente repite y eso significa que se sienten felices aquí”. Pero enseguida matiza: “También es importante proteger las zonas naturales y evitar que el turismo dañe el ecosistema o desplace a quienes viven aquí. Como dice Bad Bunny en sus canciones, no queremos que se adueñen de nuestra tierra y de nuestros recursos. Tiene que existir una forma de turismo sostenible que beneficie a la gente local sin destruir la esencia de la isla”.
Para quienes visitan Puerto Rico por primera vez, Miguel recomienda alejarse un poco de los circuitos más conocidos: “La verdadera esencia está en los pueblos pequeños y en las zonas menos conocidas”. Recomienda ir a pueblos del interior como Guavate o Cayey, con carreteras que te quitarán el aliento, rodeadas de selva y vegetación frondosa que parece sacada de otra era. Allí puedes hacer la Ruta del Lechón, un recorrido gastronómico donde se concentran famosas “lechoneras”, restaurantes que sirven cerdo asado al estilo puertorriqueño mientras escuchas música en vivo.
¿Lo mejor de todos estos lugares? Conectar con los boricuas: “Los puertorriqueños somos muy abiertos. En cualquier barra puedes conversar durante horas con alguien que acabas de conocer. Ahí es donde está la verdadera esencia de Puerto Rico”, asegura Miguel.
San Juan, el Nueva York del Caribe
Cuando conoces San Juan de Puerto Rico sientes inmediatamente que es una ciudad llena de vida. "Tienes todo lo bueno de una gran ciudad: restaurantes, bares, conciertos, cultura… Pero al mismo tiempo la playa está siempre a menos de quince minutos. Por eso decimos que San Juan es como un Nueva York tropical”, afirma Miguel.
Y si hay un lugar donde entender el ritmo social de la ciudad, ese es la calle Serra, epicentro de la vida nocturna local. Allí la gente va a hangear. Es sinónimo de salir, compartir y pasarlo bien. Entre sus imprescindibles menciona La Botánica, La Chillería y El Watusi, este último un clásico chinchorro puertorriqueño donde locales y visitantes se mezclan entre frituras, ron y música caribeña.
Para seguir la ruta por el barrio de Santurce, Bonanza es el lugar indicado. Los lunes hay música en vivo para bailar los ritmos esenciales del Caribe —bomba, plena, salsa y rumba— y disfrutar de las calurosas noches puertorriqueñas.
Aquí nacen los mejores cócteles con sabor tropical
Para los amantes de la coctelería, hay una parada obligatoria: la barra del hotel Caribe Hilton. Según cuenta la historia popular, allí nació la piña colada en 1954, cuando el bartender Ramón “Monchito” Marrero mezcló ron, crema de coco y piña buscando capturar el sabor del Caribe en un solo vaso. Décadas después, sigue siendo un ritual pedir el emblemático cóctel preparado al momento frente al mar. En el hotel también puedes encontrar una pequeña exposición dedicada a su historia. Otra de las bebidas estrella del hotel es el Don Coco Old Fashion, elaborado con agua de coco, sirope de almendra y ron añejo.
Y para descubrir el lado más auténtico de la cocina puertorriqueña, Miguel recomienda tres imprescindibles en San Juan: Casita Miramar, donde te reciben con los clásicos bacalaitos fritos; Casita Blanca, ideal para probar platos típicos como el mofongo o los tostones; y La Placita de Santurce, uno de los mejores sitios para probar alcapurrias, una fritura típica de la isla elaborada a base de yuca y plátano.
Ganas de sentir la música de Bad Bunny
Tal vez el verdadero éxito de Bad Bunny no sea haber llevado el reguetón a lo más alto, sino haber conseguido que millones de personas miren hacia Puerto Rico con curiosidad y ganas de entender la isla que lo inspira.
Mientras otros artistas usan el éxito para alejarse de sus raíces, él parece utilizarlo para regresar a ellas. Incluso convertido en una de las mayores estrellas del planeta, Bad Bunny sigue hablando de los lugares “de siempre”, barras locales, música tradicional y recuerdos compartidos. Eso es precisamente Puerto Rico: una isla que no se entiende solo por sus playas, sino por cómo te hace sentir y por el orgullo feroz de quienes la viven.
Escuchar DTMF antes de visitar Puerto Rico ayuda. Pero recorrer la isla escuchando a Bad Bunny mientras cae el sol sobre el Caribe quizá sea la forma más acertada de entender por qué Benito no deja de cantar sobre su tierra.










