La protagonista indiscutible de la ciudad más estilosa del sur de Inglaterra nos saluda ya en la distancia: aún no hemos alcanzado el centro de Canterbury y la torre de su icónica catedral, base fundamental de la historia de este escenario, sobresale, impotente, entre los tejados.
Acabamos de llegar a la capital del condado de Kent, situada a menos de dos horas en coche de Londres, una ciudad de más de 55 mil habitantes fundada en época romana que no tardó en convertirse en uno de los territorios clave a nivel comercial y estratégico del sur de Inglaterra. Fue, sin embargo, en la Edad Media cuando terminó por consolidarse, pues se convirtió en uno de los grandes centros espirituales de Europa.
La catedral, el inicio de todo
Para entender esto —y mucho más—, lo ideal es comenzar a explorar nuestro destino en un paseo que arranque desde, precisamente, su catedral, lo que nos traslada en un curioso viaje en el tiempo hasta el siglo XI. Corazón de la iglesia anglicana, y declarada Patrimonio Mundial por la Unesco —junto a la antigua Abadía de San Agustín, hoy en ruinas, y la iglesia de San Martín—, resulta llamativa la enorme cantidad de visitantes que merodea por sus espacios a diario. El fascinante edificio deleita a propios y extraños con su imponente fachada y su delicada arquitectura, con sus espectaculares vidrieras y con rincones como su increíble claustro o la cripta románica que, por fortuna, aún conserva algunos restos de pintura mural medieval.
Sin embargo, el escenario más buscado por todos es, curiosamente, el lugar donde el arzobispo Thomas Becket fue asesinado en 1170 por cuatro caballeros defensores del rey Enrique II, con quien mantenía disputas sobre hasta dónde llegaban los poderes de la Corona y la Iglesia. Desde entonces, Canterbury se transformó en un importante destino de peregrinación, quedando inmortalizada siglos después en los relatos Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer. Hoy, una piedra y una escultura de espadas marcan el punto exacto de aquel suceso.
Un paseo por la ciudad medieval
Una vez empapados de espiritualidad, es el momento de caminar, aunque no demasiado lejos. Los alrededores de la catedral concentran numerosas callejuelas empedradas y edificios de fachadas trabadas que son santo y seña de esta elegantísima ciudad. Muchas de ellas se hallan sobre el antiguo trazado romano, aunque gran parte del casco histórico fue tristemente afectado por los bombardeos durante la II Guerra Mundial. Para los amantes de la historia que quieran ahondar un poco más en los orígenes, no hay mejor plan que visitar el Canterbury Roman Museum.
No tardaremos en toparnos frente a frente con el bullicio propio de High Street, King´s Mile y el Cathedral Quartier, considerado este último el núcleo en el que se concentran los comercios independientes. Plagado de pequeñas tiendecitas colmadas de encanto, aquí no faltan coquetas boutiques, librerías de segunda mano —echa un vistazo a la Sir John Boys House, una preciosidad— ni, por supuesto, pubs: The Peny Theatre, un teatro del siglo XVIII transformado en uno de ellos, es un rincón perfecto para tomarle el pulso a la ciudad a base de pintas de cerveza y pubs.
Sin embargo, si hay que hablar de rica gastronomía, no se nos ocurre un lugar más acertado que The Goods Shed. Alejado un poco del corazón de Canterbury, un corto paseo nos llevará hasta este atractivo y singular mercado que funciona como lugar de encuentro entre productores locales y clientes. Tras contemplar cómo agricultores, carniceros y pescadores ofrecen aquí su género, potenciando el trato directo, sin intermediarios, llegará el momento de catar el género: una planta más alta, abierta al meollo del lugar, se despliega el precioso restaurante en el que se sirven platos inspirados en el recetario tradicional británico, pero con un puntito de vanguardia, perfectos para conocer los sabores del condado.
Un paseo en punt por los canales
Saciado el apetito, no habrá mejor plan que regresar a las calles medievales del casco histórico. No son pocos los visitantes que se agolpan junto a los puentes, donde las diferentes empresas locales ofertan a viva voz una de las excursiones más populares en la ciudad: ¿hace un paseo en punt por los canales del río Stour?
No lo dudamos un segundo y, cuando venimos a darnos cuenta, nos encontramos surcando las aguas subidos a una de esas singulares barcazas que navegan canal arriba, canal abajo. Rodeados de la más frondosa vegetación, y movidos por dos enormes remos que nuestro guía particular se encarga de manejar, descubrimos una estampa diferente de la ciudad, pero igualmente seductora, mientras nos son narradas historias sobre el Canterbury del pasado.
El contraste con el presente llega al volver a tierra firme y pasear junto a la orilla del río: de repente, un inmenso edificio de corte contemporáneo nos advierte que no solo del medievo vive esta ciudad. Se trata del Marlowe Theatre, uno de los teatros más importantes del sur de Inglaterra, levantado en homenaje a Christopher Marlowe, dramaturgo isabelino contemporáneo de Shakespeare. En los alrededores se despliegan zonas ajardinadas donde tampoco falta el arte urbano: quedamos prendados de Bulkhead —Máscara, en español—, una peculiar escultura del artista Rick Kirby que decora la ribera.
Aprovechamos que a un breve salto se encuentra la torre de Westgate, la puerta medieval más grande de toda Inglaterra, y la incluimos en la ruta. Construida en torno a 1380, formaba parte del sistema defensivo de la ciudad, levantado para protegerla en un periodo de inestabilidad tras la Peste Negra y en plena tensión con Francia durante la Guerra de los Cien Años. Nos impone su estructura de piedra, con torres gemelas y un arco central que marcaban el acceso principal desde Londres. En su interior atesora un interesante museo y el acceso a su mirador, desde donde abrazar las vistas privilegiadas que se disfrutan del río Stour, las antiguas murallas romanas —que sí, aún se conservan retazos de ellas en algunos puntos— y los tejados de la ciudad.
Antes de que la vida social se apague y los comercios cierren, nos acercamos a celebrar que es la hora del té en Tiny´s Tim Tea Room. ¿Qué mejor plan para acabar esta experiencia que deleitarnos con la tradición británica más exquisita? No se nos ocurre una idea mejor.












