El destino invernal más glamuroso de Europa al que se han escapado los duques de Huéscar


Nieve impecable, hoteles legendarios y una larga lista de aristócratas y celebridades que cada invierno se dan cita aquí. Este exclusivo rincón de los Alpes, sinónimo de glamour y lujo, es el destino que han elegido los duques de Huéscar para su última escapada.


Exclusiva estación de Saint Moritz en los Alpes Suizos © Shutterstock
13 de marzo de 2026 a las 6:30 CET

En los Alpes suizos, en el conocido como valle de Engadin, se encuentra la exclusiva estación de Saint Moritz –la más antigua del mundo– que lleva más de medio siglo siendo uno de los destinos de nieve más elitistas del planeta.

Siempre fue el lugar preferido por la realeza europea, millonarios de todos los continentes y celebridades internacionales que no solo buscan esquiar, sino también eventos y espacios exclusivos y, por qué no, dejarse ver. Por ella han pasado Pablo y Marie Chantal de Grecia, Carolina de Mónaco y sus hijos, las multimillonarias familias Agnelli y Niarchos, George Clooney, Claudia Schiffer... y ahora, los duques de Huéscar.

Sofía Palazuelo y su marido, Fernando Fitz-James Stuart, duques de Huéscar, en la estación suiza de St. Mortiz© @sofia.palazuelo
Sofía Palazuelo y su marido, Fernando Fitz-James Stuart, duques de Huéscar, en la estación suiza de St. Mortiz

Fernando Fitz-James Stuart y Sofía Palazuelo han viajado solos hasta St. Moritz, sin la compañía de sus tres hijos, a esta estación invernal, donde han dedicado largas jornadas a esquiar. No han estado solos, su tío, Fernando Martínez de Irujo también se encontraba allí, un gran asiduo a esta estación —al igual que lo era su madre, Cayetana Fitz-James Stuart, la duquesa de Alba—.

CÓMO LLEGAR A ST. MORITZ

Muchas de las celebridades que llegan a esta estación invernal lo hacen en avión privado. Los menos privilegiados, viajan al aeropuerto más cercano, el de Milan Bergamo, que está a 93 kilómetros de distancia, para luego continuar en tren. Primero hasta Tirano y luego en el panorámico Bernina Express, que conecta el norte y el sur de Europa en una de las travesías alpinas más espectaculares del continente. Atravesando túneles, salvando puentes y ascendiendo colinas, avanza el ferrocarril rético por unos paisajes Patrimonio de la Humanidad. Un trayecto que, por sí mismo, ya justifica el viaje. Pero luego queda lo mejor.

Media Image© Shutterstock

ASÍ ES ST. MORITZ: LA ESTACIÓN CON EL CLIMA CHAMPÁN

Es el clima uno de los principales reclamos, al que llaman clima champán porque es dorado, fresco y seco, como la bebida espumosa, pues su orientación le permite disfrutar de 322 días de sol y eso, en un país como Suiza, es un auténtico lujo.

A St. Moritz se va hoy a esquiar en la estación de esquí más famosa y con más tradición del mundo. Su dominio esquiable, llamado Alta Engandina, se sitúa a 1.856 metros de altura, cubre 350 kilómetros de pistas y 60 modernos remontes en varias zonas que la han convertido en lugar de peregrinaje para esquiadores internacionales. Ha sido sede de dos ediciones de los Juegos Olímpicos de Invierno, de Mundiales de Esquí Alpino y también de un Campeonato Mundial de Polo.

Exclusiva estación de Saint Moritz en los Alpes Suizos © Shutterstock

Los que buscan emociones más fuertes se salen de las rutas establecidas y apuestan por trepidantes descensos entre bosques y glaciares. Si en la montaña Corviglia se encuentra la pendiente de salida más inclinada de Suiza, en el Cresta Run se lanzan en trineo al canal de hielo a 85 kilómetros por hora.

CARRERAS DE CABALLOS Y MÁS

Más relajadas y sin necesidad de utilizar los esquís son otras alternativas, como asistir a las carreras de caballos sobre el lago helado –las famosas White Turf, que celebran desde 1907–, a competiciones de polo y críquet, pasear en trineo o hacer senderismo por alguna de las numerosas rutas que permiten, a lo largo de 150 kilómetros, apreciar el magnífico paisaje y el privilegiado entorno de este elitista lugar de vacaciones.

Polo sobre a nieve en la exclusiva estación de Saint Moritz en los Alpes Suizos © Shutterstock

Otros disfrutan en St. Moritz subiendo al mirador situado en la cima de la montaña del Piz Nair, a 3.056 metros de altura–, a la que se asciende cómodamente en teleférico, tomando un chocolate con dulces suizos en la pastelería Hanselmann's, de estilo belle époque, o admirando su Torre Inclinada del siglo XII, que tiene 33 metros de altura y no tiene nada que envidiar a la de Pisa.

MÁS ALLÁ DE LAS PISTAS

Pero a St. Moritz no solo se va por el deporte, también a ver y a dejarse ver tras una larga jornada en la montaña, ya sea en las boutiques de la Via Serlas, una de las calles más caras del mundo, en el Museo Segantino, en sus galerías de arte, entre las más prestigiosas del continente, en sus restaurantes más populares: La Baracca o la pizzería Chesa Veglia; o en los más exquisitos Talvo by Dalsass, Ecco St. Mortiz y Da Vittorio, tocados por la estrella Michelin.

Talvo by Dalsass en St. Moritz
Talvo by Dalsass en St. Moritz
Talvo by Dalsass en St. Moritz

Las noches acaban para las celebs en el King’s Social House del Badrutt’s Palace (badruttspalace.com) o en el Dracula's Ghost Riders Club (dracs.ch)son dos de los sitios más elitistas para las copas y el baile. 

Exclusiva estación de Saint Moritz en Suiza© Shutterstock

Una despedida del día antes de retirarse a alojamientos de lujo tan exquisitos como el Carlton Hotel –en lo alto del lago-, Badrutt's Palace –famoso por su après ski y sus restaurantes–, Kronenhof o Kulm, el que fundara el visionario Johannes Badrutt. Porque no todos cuentan con casa propia, como Norman y Elena Foster –Chesa Futura, un edificio construido por el propio arquitecto británico– o el malogrado Maurizio Gucci, que poseía cuatro chalets en St. Moritz. La película sobre su vida, House of Gucci, tuvo como escenario natural estas mismas montañas nevadas, no podía ser de otro modo.