La península ibérica guarda paisajes sorprendentes donde se percibe la actividad volcánica, pero las huellas más recientes las encontramos en el Campo de Calatrava manchego, el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar de Almería y la comarca gerundense de La Garrotxa. Nos quedamos en Cataluña, porque a estos rincones fascinantes suma un tesoro inesperado: una ermita construida dentro de un volcán, un lugar que combina historia, misterio y la belleza salvaje de la naturaleza. Para visitarlo, solo hacen falta ganas de aventura y curiosidad por descubrir uno de los rincones más singulares del país.
La comarca de la Garrotxa cuenta con más de 40 volcanes que, a pesar de llevar miles de años apagados, han marcado su paisaje, su cultura y hasta su gastronomía. El bonito pueblo amurallado de Santa Pau, con su castillo en el alto, su iglesia gótica, su irregular plaza Mayor con soportales y las callejuelas de piedra que parte de ella, se ubica muy próximo a dos de los más emblemáticos del Parque Natural de la Garrotxa: Croscat y Santa Margarita. Desde la distancia, los miradores se asoman a las verdes montañas por las que hace ya mucho tiempo corría la lava volcánica.
El senderismo es la actividad por excelencia en el entorno de Santa Pau. Numerosas rutas llevan a pozas, cascadas, bosques de hayas maravillosos y esos volcanes inactivos. Si mágico es recorrer a pie (o en carruaje o a caballo) La Fageda dèn Jordà —tan deseado, especialmente en otoño y primavera—, ascender al cráter del volcán Santa Margarita, envuelto por el bosque y coronado por un santuario, es algo único. Y eso que es una de las excursiones más sencillas de la Garrotxa.
LA RUTA A LA ERMITA
Del área de aparcamiento de Can Caselles, en la carretera entre Santa Pau y Olot, parte la ruta circular que lleva al volcán de Santa Margarida y la ermita. Es circular, son poco más de 3,5 kilómetros de distancia y un desnivel moderado, para hacer sin prisas, incluso con niños, en menos de una hora.
Desde el inicio, un sendero bien señalizado se adentra en un bosque de hayas y robles, con paneles que explican el origen volcánico del paisaje. El camino asciende suavemente hasta el borde del cráter, desde donde se tienen buenas vistas del cono volcánico y del entorno verde. Luego se desciende al interior del cráter, una gran pradera circular donde sorprende encontrar la fotogénica ermita románica de Santa Margarida de Sacot.
El edificio que hoy se observa no es exactamente igual al que se levantó en el siglo XI tras la aparición de la imagen de la Virgen en el cráter del volcán, como cuenta la tradición local. Tras dos terremotos, la ermita quedó destruida y se reconstruyó en estilo sencillo, con una sola nave, conservando el ábside y el porche originales. En ella se puede ver una reproducción de la imagen de la Virgen del siglo XIV, pues la original se guarda en el Museo Diocesano de Girona por razones de preservación.
EL CROSCAT Y LOS OTROS VOLCANES
En el Parque Natural de la Garrotxa hay volcanes muy accesibles y complementarios al de Santa Margarida, y Olot es el mejor punto base para entenderlos y visitarlos con contexto. El del Croscat es el cono volcánico más grande de la península ibérica y para llegar a él hay un recorrido señalizado que parte del área de Can Passavent. Permite ver de cerca el famoso corte del volcán —una ‘herida’ abierta por antiguas extracciones— que deja a la vista las capas de materiales volcánicos y explica de forma muy visual cómo se formó. Es una visita corta, muy didáctica y perfecta para combinar ambos el mismo día.
Muy cerca también está el volcán del Puig Jordà, menos conocido y más tranquilo, ideal si se quiere caminar con poca gente. No tiene un gran cráter visible, pero ayuda a entender cómo los volcanes se integran en el paisaje agrícola y forestal.
Lo más singular de Olot es que está literalmente construida sobre volcanes. El más famoso es el volcán Montsacopa, que se puede subir andando desde el centro en unos 30 minutos. En la cima hay dos torres de vigilancia y una capilla, y desde allí se tienen vistas magníficas de la ciudad, del conjunto de volcanes y, en días claros, del Pirineo. Es el mejor lugar para entender de un vistazo la dimensión volcánica de la comarca.
Muy cerca también están los volcanes de la Garrinada y Montolivet, ambos accesibles por senderos urbanos. Y, aunque son menos espectaculares, muestran cómo los conos volcánicos han quedado integrados en barrios, caminos y zonas verdes.
EL MUSEO DE LOS VOLCANES
Para entender todo el paisaje de la Garrotxa está el Casal dels Volcans, en el edificio Torre Castanys de Olot, el principal centro de interpretación de la zona. Es muy recomendable pasar por él, incluso, antes de empezar a caminar, porque tiene maquetas, audiovisuales y explicaciones claras sobre el origen de los volcanes, los terremotos históricos y la formación de este entorno. Es breve, ameno y da muchas claves para ‘leer’ el paisaje cuando luego sales al campo.
Como complemento, la oficina de turismo de Olot (turismeolot.com) ofrece mapas específicos de rutas volcánicas urbanas y del parque natural, ideales para organizar recorridos a pie o en bici. Y para una visión más cultural y artística ligada al territorio, el Museu de la Garrotxa (museus.olot.cat) ayuda a entender cómo el paisaje volcánico ha influido en la identidad y el arte local.
UN HOTEL DE CRISTAL EN LA GARROTXA
En el entorno de la ermita de Santa Margarida hay masías deliciosas como Can Buch (canbuch.com), en Sant Aniol de Finestres, y hoteles rurales con tanto encanto como Cal Sastre (calsastre.com), en Santa Pau, donde, además se come muy bien, pero ¿te imaginas dormir en un cubículo completamente acristalado que permita que la naturaleza se adueñe de la habitación? Está en Olot, se llama Les Cols Pavellons (lescolspavellons.com) y cuenta con cinco pabellones, cada uno con un onsen climatizado. En los mismos terrenos, la masía familiar de la chef Fina Puigdevall alberga su restaurante Les Cols (lescols.com), galardonado con dos estrellas Michelin.












